24 ene. 2007

Dolina y Serrat en la Radio

Serrat entrevistado por Alejandro Dolina

El martes 21 de noviembre el Olimpo de los Dioses dejó ver una de sus sucursales en la Tierra. En un café de la ciudad de Buenos Aires, Alejandro Dolina y Joan Manuel Serrat mantuvieron una charla íntima, privada, pero a la vez, con público, en la que se trataron todos los temas que no pueden faltar entre dos caballeros de esta raza. La de dos hombres sabios, talentosos y nobles.


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Una charla entre dos amigos

Este diálogo fue mantenido en el programa que conduce Alejandro Dolina, junto a Guillermo Stronatti y Gabriel Rolón, “La venganza será terrible” que se emite por Radio Continental de Argentina de lunes a viernes de 0 a 2 de la madrugada con la particularidad de que se realiza en el Café Tortoni, uno de los cafés más antiguos y tradicionales del país con un público promedio de 300 personas por día. Sorpresivamente, la charla ocurrió por iniciativa de Serrat, quien horas antes de la visita, llamó a la producción de Dolina para "invitarse" al programa.


— Estamos con Juan Serrat, y si vos lo permitís vamos a charlar un rato contigo, ¿está bien?
— Pues hombre, a eso hemos venido.

— Es una tentación espantosa que siento en este acto, la de comenzar con una pregunta que tiene significado para muchos de nosotros. Cada vez que aquí fingimos o que alguien te nombra por alguna razón, o porque alguien hace un comentario, nosotros fingimos un reportaje, y entonces te preguntamos: ¿Cómo has encontrado la Argentina?
— Ya me lo temía... (risas)

— Yo vine a enterarme el otro día de lo siguiente: el hombre ha estado en una conferencia de prensa, ¿y entonces qué sucedió?
— Me preguntaron cómo había encontrado la Argentina, y yo dije que ya había contestado varias veces esa pregunta pero que no me importaba volverla a contestar. Pero al cabo de dos minutos, otro periodista me volvió a preguntar de nuevo que cómo había encontrado la Argentina. Y yo le dije: ya lo acabo de contestar a esta señorita, como vi la cara de desaprobación de aquel hombre, pensé que era mucho más corto volver a contestar. . .y volví a contestar exactamente lo mismo (más risas...) y no se lo creerán ustedes pero en la misma conferencia de prensa, sentados alrededor de una mesa no más de veinte personas, me volvieron a preguntar cómo había encontrado la Argentina. O sea que te agradezco mucho, Negro, que me hayas hecho esta pregunta para iniciar las hostilidades (siguen las risas).

— A lo mejor volvemos sobre ésto, a lo mejor vos tenés ganás de decir algunos pensamientos que aquella repetición te ha producido, en una de ésas ha sido la desesperación, el ansia de oír una revelación. La gente suele creer, a mi juicio erróneamente, que el que viene de afuera trae consigo unas verdades que aquí no poseemos, por ahí esperaban que vos le dijeras lo que tenían que hacer ustedes es ésto, o peor todavía, “los he encontrado bien”.
— Ambas cosas serían terribles. Yo sería un embustero tremendo en el segundo caso. Y en el primero sería un fantasma espantoso. Que sucede un poco que en momentos en que a uno no le gusta lo que tiene alrededor y no le gusta lo que ve en el espejo, le pregunta a los demás que cómo lo encuentra a uno, y entonces esperan de alguna forma algo que les ayude a superar el desagrado que sienten al mirarse al espejo. Eso cuando no pretenden alguna pócima mágica, y uno la verdad: es que en esta vida no está en otras condiciones de dar el punto de vista al cual tiene derecho con mayores o menores errores, pero yo no pretendo otra cosa cuando contesto, a mí me preguntan y yo les contesto tratando cada vez de insistir que aquello solamente es mi punto de vista, es lo que yo creo, lo único que sé es que es el mío y pido el mismo respeto para este punto de vista que doy a otros puntos de vista, que otros que dicen que son muchos más dudosos aún que las respuestas que yo doy, dentro de lo dudosas que son mis respuestas.

— Pero al menos me parece a mí que no pertenecés a esta serie de contestadores oficiales de reportajes que ya tiene respuesta estructurada y prevista en cada conferencia de prensa. A mí me gustaría entrar en un tema que con algunos podría ser espinoso. Esto no es una interviú.
— Es una charla entre amigos, muchos.

— Sí. Hay toda la idea en la Argentina y en el mundo diría yo, de que existe una actitud política correcta. En los últimos años esta actitud política que podríamos calificar como admitida en todos los foros, con mayor o menor resistencia, ha ido -me parece a mí, Juan-, girando hacia la izquierda. Y si cada vez son más los elementos que antes producían irritación, que ahora han integrado una actitud aparentemente aceptada por todo el mundo. Esto podría tomarse como un triunfo de la izquierda, a mí me da un poco de miedo eso. Tengo toda la sensación de que las ideas progresistas han sido acotadas cada vez más en unos pensamientos que más se relacionan con la cultura, con el mundo del espectáculo, con la actitud que uno puede tener hacia ciertos tipos de represiones menores, que no, por ejemplo a cosas que pensaba Marx, que imagino que no eran exactamente éstas. Dentro de esta idea aparecen como elementos importantísmos para convertir estas ideas en banderas. Estas ideas que más tienen que ver con actitud hacia el arte, que son culturales más que económicas, los artistas. Yo quiero saber cómo te llevás con lo que evidentemente en algunos foros se espera de vos. Es cierto que vos tenés opiniones absolutamente propias y hasta paradójicas, supongo yo en algún caso, y es cierto también, no sé qué te sucederá en España, pero que aquí en la Argentina hay algunos sectores no solamente una respuesta, sino una actitud militante. Me gustaría empezar una charla con eso, para ver si el artista se siente presionado con eso, en lo político y en lo artístico.
— Yo creo que esta tolerancia de la que tú hablas que socialmente existe o que la clase política en general coincida o no con estas ideas, evidentemente hablamos más de los que no coinciden porque los que coinciden ya participan de ella. Esta tolerancia que puedan tener es una tolerancia formal, porque en cuanto cualquier planteamiento profundo que tenga que ver con estas ideas, éstas pueden ponerse en práctica, es decir llega al Parlamento, llega a la Cámara, o llega sencillamente a una Junta municipal, automáticamente todo ésto desaparece y aparece otro tipo de intereses, mucho más ligados a oligarquías, a grupos de poder, a grupos mediáticos, y todo ésto queda un poco en agua de borraja. No pienso que vivamos un momento excesivamente interesante en este sentido, más bien soy bastante pesimista.

— Si no el mundo no sería cómo es. Nunca el sistema capitalista ha estado más protegido que ahora.
— Nunca la idea del monopolio ideológico ha sido tan grande como es en estos momentos, y aparte que la derecha, por decirlo de alguna forma concreta, presume en estos momentos del reproche, y de la falta de ideología, cuando debería preocuparse por la falta de adversario ideológico, porque pensar que no existe ideologías es algo tan absurdo como creer que el hombre dejó de pensar. Al fin y al cabo las ideologías no son más que el resultado del pensamiento de los individuos.

— Sin embargo vos has dicho de paso algo que es que no encontró todavía el fenómeno global una fuerza opositora como sí encontró la Revolución Industrial que se chocó contra fuertes movimientos socialistas, siempre ante una fuerza, supongamos: la Revolución Industrial, el Imperio Romano, el sistema global, aparece otra que se le opone.
— Sí, pero no ocurre de manera automática.

— Y a veces no ocurre.
— Los plazos hay que dejárselos al pensamiento del hombre y que éste tome conciencia de dónde se encuentre, qué ocurre, sea capaz de organizarse, ocurren muchas cosas, y de cualquier forma yo creo que donde el talento humano no llega y la capacidad del hombre no llega siempre está la naturaleza. La naturaleza resuelve las cosas por caminos absolutamente insospechados.

— Esta actitud política que ahora aparece como más tolerada e incluso compartida siempre que no toque la posesión de los bienes. Mientras trate de cantar canciones somos todos muy amigos, ahora cuando hay que tocar la propiedad y la posesión de los medios de producción, hay vienen ciertos inconvenientes. Pero esta actitud tuya de hace bastante tiempo no entraña un peligro para el artista?, no digo para ti, me refiero en general, no suele ocurrirle al artista demasiado comprometido, a veces por una idea legítima, suele hacer depender su arte de esa idea y a veces lo que debe ser una relación natural, uno no deja de ser quién es, supongo yo mientras está componiendo un valsesito sigue pensando lo mismo, pero hay quienes lo hacen de un modo profesional, siguiendo una receta que saben que va a tener su mercado.
— Puede ser. Existen profesionales de todo y en todos los mercados, pero yo creo que un artista se defiende por su trabajo, y si uno no tiene un background artístico que soporte el pensamiento, difícilmente el pensamiento que tú tienes lo escucharía nadie. Yo creo que de alguna manera me da una relación con la gente es fundamentalmente mi trabajo, y luego evidentemente la gente siente y sabe que no vivo mi trabajo de una manera exclusiva, como lo único que nutre mi vida, sino que siento que mi trabajo forma parte de una historia compartida y que si un hombre es capaz de escribir es porque es capaz de escuchar y de mirar y de oler y de tocar, por tanto de conocer, compartir y de querer. No me preocupa demasiado otra cosa que no sea encontrarme incómodo por lo que me está ocurriendo, de la misma manera puedo caer en la misma trampa a la que me está llevando mi propia actividad me freno enseguida y trato de plantearme donde estoy.

— En una época, en la década del ’60 más precisamente uno era un pequeñín que se asomaba a algunas ideas que andaban por ahí, entonces cada vez que uno hablaba de estas cosas aparecían unos que le decían: “No!!!, esa es la Torre de Marfil, esa es la evasión”. Yo creo que no es así, y durante mucho tiempo, no sé si te ha pasado, uno sentía ese complejo, cada vez que se metía en las cuestiones llamémosle filosóficas, metafísicas, pongamos por caso la angustia de la muerte, había un tipo en la esquina que nos decía: “Guarda que ese es un prejuicio burgués”. Y uno se preguntaba: “será que en Moscú no se mueren”.
— Yo creo que el cagazo (miedo) es un derecho humano, no sólo frente a la muerte, también frente a la vida.

— Yo formo parte de una pequeña sociedad que te invito a integrar, es la Sociedad de Miedosos de la Avenida de Mayo (calle en donde se encuentra el café en que Dolina transmite su programa todas las noches) y estamos buscando todos los días cosas para tener miedo. Tenemos miedo a la muerte, a la enfermedad, al paso del tiempo, a la detención del paso del tiempo, que es peor todavía, si el paso del tiempo es angustiante, la detención del paso del tiempo sería mortal. También le tenemos miedo a las mujeres, a los hombres, al amor, al desamor, cada día encontramos en nuestras reuniones, que hacemos cada vez menos porque nos dan miedo, (risas) motivos para temer, pero a mí me parece que el arte es hijo del temor, de la ausencia, y de la carencia. ¿Si uno tuviera todo, será así ésto?
— Apúntame en ese club y yo añadiría también miedo de la observación y del trabajo.

— Aquí, en este programa simpatizamos mucho con esa idea del trabajo y del rigor, hay algunos, así como hay Nihilistas en la esquina, hay también algunos en la mitad de la cuadra que dicen: “Pero es mejor expresarse, lo espontáneo, déjate ser, no importa si tocás mal la guitarra”. La improvisación, no es el resultado de Serrat todo el músico, no, no se le ocurrió en ese rato, se le ocurrió en ese rato más en cuarenta años, donde el tipo ya sabía la secuencia de acordes, adquiere una lógica, una digitación, y entonces viene e improvisa. Hay un músico que decía que “el arte tiene dos enemigos: la rutina y la improvisación”.
— Y eso que no contaba con los críticos... (risas)

— ¿Cómo te llevás con la crítica? Especialmente con algunas revistas.
— Hace poco salió una campaña publicitaria en España que aparecía un actor inglés muy famoso que yo no sé cómo se llama. El tipo salía anunciando un whisky y ponían al lado: “Estoy empezando a preocuparme porque la crítica habla bien de mí”. Son estos anuncios modernos que uno acaba no entendiendo nada. No entiendes ni la frase aquélla, ni la cara de aquel hombre ni el whisky que está anunciando. Cuando uno habla de la crítica o cuando uno dice que el crítico no es ni más ni menos que un individuo que da su punto de vista respecto a las cosas y lo único que lo diferencia de los demás individuos que hayan podido escuchar, ver aquello, si es que ellos han escuchado o visto aquello, la única diferencia que hay es que cada uno da su punto de vista, y la gente cree que esto lo dices porque te han hecho una mala crítica, y no hombre, yo hablo de las buenas, las que halagan. Y las que halagan son tan destructoras, tan miserables y tan dudosas, como los que te dan un palo.

— No será que la función del crítico no es tanto aprobar o desaprobar. Borges decía algo interesante, él decía que el elogio y el denuesto pertenecían más bien al área de los sentimientos. Un crítico en todo caso debía tratar de explicar la obra, a ver cuáles eran los procedimientos, a ver cuáles eran el género que ofrecía.
— Pero Borges tenía muy mala leche, fíjate tú que a la mala leche que trae que un hombre diga que un crítico debe saber analizar, razonar explicar por qué suceden, explicar las analogías y las diferencias, me parece que está confundiendo el término, esto no sería un crítico, sería un maestro, y no todos los maestros suelen escribir en los periódicos.

— En los periódicos suele predominar un procedimiento que consiste en darle al artista tres estrellas, dos campanas, tres tomates, o cinco pomelos, con lo cual se pierden los matices, sólo hay cinco maneras de ver a un artista, con una, dos, tres o cuatro mandarinas. A mí no me parece que esa debiera ser la crítica tampoco, porque no esclarece. Te gustó tal obra: y le di cuatro bergamotas. Yo que he oído mucho los reportajes que se te hacen, por ejemplo: aquí tenemos el convencimiento de que vos cuando componés vos escribís primero la letra, aunque no siempre.
— A mí me parece más natural escribir, no digo todo, pero sí el contexto del texto, y luego empezar el desarrollo musical.

— Vos tenés la ventaja que como manejás las dos formas lo podés hacer al mismo tiempo.
— Sí, hago juego con ésto. Las veces que he trabajado con otros autores se me ha hecho más difícil trabajar, digamos por ejemplo: con la poesía de Hernández más que con la de Benedetti: con Benedetti podía hablar por teléfono.

— De todos modos vos creo que has manejado un metro muy difícil como es el soneto y sin embargo hay melodías que salen como el "Soneto a mamá", con mucha fluidez, y es raro eso.
— Hay uno que me gusta mucho a mí. Es un soneto de Miguel Hernández al que le puse música que realmente me dejó muy satisfecho. Creo que el soneto es muy difícil, pero es muy agradecido cuando está bien.

— ¿Cuál es el soneto de Hernández?
— “Umbrío por la pena” (aquí Serrat interpreta algunos versos del mismo).

— Cómo te llevas tú con la España, no la España de Franco, yo diría que es la España de Unamuno, ¿cómo te llevás con esa España artística, y en la música?
— Yo me llevo como con todo lo que forma parte de uno, me llevo con contradicciones. Me llevo con la natural contradicción con la que se lleva uno, pero que no le gusta en parte, en lo que ha nacido, pero que no entiende muy bien, en lo que tiene bronca pero que ama irremediablemente, porque forma parte del decorado de su vida, forma los perfumes de su vida, y forman las líneas más entrañables de su vida, me llevo con amores y desamores enfrentados constantemente, con certezas y con dudas, más de lo segundo que de lo primero.

— ¿Y la Argentina es un campo de estas contradicciones?
— La Argentina es una prolongación de estas contradicciones. Evidentemente que aquí no puedo obviar, no tengo dos vidas, tengo una que tiene un camino y un único sentido, y por tanto, están unidos absolutamente.

— El amigo es -me parece a mí- mucho más que un conocedor que conoce la vida argentina, conoce la vida de este país como propia, y le es propia. Hay desde luego ciertas cortesías mundanas que le impiden al visitante, ejercitar aquello que de más amoroso tiene en su relación, por ejemplo con la Argentina. Hay cosas que no podrías decir, que te producen encono, porque también hay una proximidad espiritual, sin embargo en una entrevista vos no podrías decir: “Qué quiere con ésto, vine mil veces, nunca lo he encontrado bien”.
— Es así. Uno procura también que esta cortesía mundana limitara lo menos posible porque yo creo que la gente se merece algo más que la cortesía mundana.

— Hay una forma artística cortés y mundana que es también por lo general la forma artística de la industria. Es decir, la industria trata de producir unos fenómenos artísticos, ¿por cortesía? No, para no dejar a nadie afuera, para que nadie deje de ser de entrada un posible comprador, tenemos que ser sencillos, no sea cosa que la complejidad deje a algún tipo afuera, a ver si para entender un determinado fenómeno artístico, un libro, una canción, hay que hacer un esfuerzo, hay cinco o seis que han quedado afuera. Vos sos un artista exitoso, para la industria me imagino que serás un tipo que vende bien.
— Debe ser porque han reeditado mi obra, y cuando reeditan la obra de uno, quiere decir que la venden.

— Sin embargo, tu arte es un arte complejo, es popular. No sale todos los días un tipo que grabó un disco con poemas de Antonio Machado.
— Me gustaría separar entre la sencillez y la estupidez. A veces hay una cierta tendencia a confundir esto. Yo creo que las obras más hermosas que se han producido son sumamente elaboradas, con un trabajo brutal por parte del autor, pero donde el autor ha buscado siempre que el resultado final tuviera una aparente sencillez que le permitiera introducirse en las vísperas de la gente con normalidad, porque si no es muy difícil llegar a la emoción si tienes que estar rompiéndote la cabeza como un loco tratando de analizar preposiciones, sustantivos y conjugaciones, y no te llega la emoción.

— Son los tipos que aparecen como oscuros porque tienen una prosa imposible de leer. Los autores más complejos son, paradójicamente, en estos tiempos. Borges es un hombre de una prosa absolutamente clara, muy sencilla, bueno, después maneja unas ideas que son complejas, pero las presenta del modo más claro, matemático y ordenado posible. Al margen de eses verdades, es cierto que si apareciera un hombre sin tu trayectoria con los apetitos de excelencia, con el manejo de cierta colección de ideas, con la conexión con antiguos, mucha bolilla no le darían. ¿En qué momento a vos te presionó la industria, si es que te presionó en alguno?
— Yo tuve suerte de empezar formando parte de un movimiento de canciones. El cantar en catalán no era solamente un hecho de expresión natural, dado que vivíamos en una España monocultural, donde lo catalán, lo gallego, lo vasco, estaban escondidos debajo de las piedras y solamente se salvaba porque se hablaban en las calles. No existían como idiomas oficiales y mucho menos reconocidos. Y el hecho de cantar en catalán era ya un hecho, de alguna manera enfrentamiento a la dictadura, y esto, daba unos márgenes de libertad de trabajo que no se los podía dar a otros que en otras circunstancias hubiera podido volcarse, porque quizá uno de los defectos más discutidos con gente de la industria, con gente inteligente, sensible, que la hay, es que cuando aparece un muchacho con un trabajo nuevo, brillante, un trabajo que le costado varios años de elaboración y tiene la fortuna de tener un éxito con este trabajo, automáticamente le están pidiendo otro trabajo, y además con urgencia, con lo cual lo exprimen a unas velocidades, que probablemente no va a poder responder, a no ser que sea un tipo de una solidez insólita a edades tempranas industria es muy responsable de casos de elementos muy valiosos que se pierden, aparte de las tentaciones que conlleva todo eso. No es cuestión de que te pongan una pistola en la cabeza y mañana te digan: “Mañana vas a hacer un disco”. Te ponen una posibilidad de giras, una cantidad de cosas a una distancia inmediata que no está realmente bien. Pues, entonces hay una pérdida de gente muy valiosa. No siempre se encuentra en las compañías con gente sensible en este sentido para ser capaz de conducir un proceso de este tipo, que necesita una cierta conducción.

— De todos modos el resistirse a esas tentaciones no solamente es un procedimiento ético, sino también, a la larga, es un buen negocio. Uno dice: “Bueno, caramba, a cuánto renuncié...!”, a lo mejor no he hecho una apuesta inmediata, sino a más largo plazo.
— Bueno, Negro, ha sido un gusto estar en esta casa con tan buena gente.

— Ha sido una de las grandes alegrías que hemos tenido en este foro: el tenerte a ti.
— Yo no quería irme sin pasar por el Tortoni.

— ¿Cuándo te vas?
— El domingo ya viajo a Chile, pero el sábado tengo el concierto de Atlanta.

— Una última pregunta: ¿es un concierto complicado para un tipo cantar en una cancha de fútbol? A mí no me gusta cantar en las canchas de fútbol, sale mal, uno canta y a los diez segundos está uno mismo que se contesta allá en el último parlante. La gente está poniendo cara de emoción por una emoción que uno ya no siente.
— Ustedes aplaudan (dirigiéndose al público) que van a fomentar la incultura de este 'Negro' porque él desconoce que existen unos aparatos que se llaman deelites.

— No me los alquilan, a mí me encajan cualquier cosa...
— No, yo también estoy de acuerdo, las canchas de fútbol son para jugar al fútbol, y no todas sirven para eso, pero realmente la posibilidad que tiene en una cancha de fútbol, no la tienes en un teatro en cuanto a la gente.

— La posibilidad que entre alguno que no le alcanza para el teatro.
— El gesto en una cancha de fútbol desaparece, el gesto que es algo, -tú que te dedicas al teatro sabes perfectamente la importancia que tiene-, desaparece el matiz, pero bueno, aparece otro tipo de relación, más vibrante, se produce una comunión mucho mayor.

— ¿Vos no cantás distinto?
— Sí, pero aunque no quieras, si estás oyendo un sonido que es distinto, tú cantas distinto. Un profesional tiene que aprender a ajustar estas cosas realmente para hacerlas lo más normales posibles y sobre todo, tratar de que la gente no se entere estas cosas que estamos hablando ahora. Ha sido un gusto estar aquí con ustedes, chau !!!.
«La venganza será terrible» 21 de Noviembre de 2000




Fuente: www.jmserrat.com
Desgrabada por: Darío Biselli. Rosario, Argentina.-



ENTREVISTA XII

“Es preferible resistir la tentación de sospecharse genial”
Por Fernando Neira

Por momentos indescifrable. Capaz de combinar elegancia con gustos populares, y, por sobre todas las cosas, un hombre que no improvisa el pensamiento. Bienvenidos al mundo de este verdadero cazador de fábulas.

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Entró a la confitería del hotel pasadas las nueve de la noche, con las manos dentro de los bolsillos de su sobretodo negro, y con un visible gesto de malestar por el frío y la lluvia reinante de la noche porteña. A pesar de este inconveniente climático respondió distendido y amable a todas las inquietudes con su simpleza característica.
Desde hace unos pocos meses Alejandro Dolina decidió cambiar el lugar de emisión de su programa de radio “La venganza será terrible”, que sale al aire de lunes a viernes por Continental (AM 590) a la medianoche.
Abandonó la bodega del mítico café Tortoni para mudarse al amplio auditorio del recuperado hotel Bauen. “Con esta simple variante edilicia estoy colaborando con los trabajadores que mantienen esta inmensa y ampulosa estructura, y que para muchos de ellos es su única fuente de ingreso”. El hotel está ubicado en Callao 360 y consta de 20 pisos con 270 habitaciones y desde hace más de un año una treintena de ex empleados conformaron la cooperativa Buenos Aires Una Empresa Nacional (BAUEN) para afrontar la quiebra y mantener su fuente de trabajo.
Actualmente Dolina está atravesando uno de sus mejores momentos profesionales. Su último libro “Bar del Infierno” fue el más vendido en la Feria del libro, incluso superando al muy publicitado e infelizmente popular “Código Da Vinci” de Dan Brown. Es sabido que el autor de “Crónicas del ángel gris” es un personaje que por su naturaleza convoca multitudes de varias generaciones, será por eso que el día de la presentación oficial en el predio Rural de Palermo más de 4 mil personas se hicieron presentes para escucharlo.
Jorge Luis Borges decía que el infierno y el paraíso le parecían desproporcionados, y que los actos de los hombres no merecían tanto. ¿Qué es lo tan terrible que sucede en tu Bar del infierno? le pregunto. “Es un lugar incesante, un gran laberinto y nuestro destino es extraviarnos en sus encrucijadas. Pero lo peor de todo es, sin dudas, que no se puede salir de él, porque afuera no existe.”
A pesar de que su documento de identidad dice otra cosa, nació el 20 de mayo de 1949 en Morse, un pueblito de la provincia de Buenos Aires. Desde pequeño la muerte le produjo una enorme angustia y aún mantiene ese sentimiento que no ha mermado. “Siento que la muerte es una ofensa cósmica, si yo hubiera hecho el mundo nadie se moriría”, arriesga mientras bebe un sorbo de Coca Cola Ligths.
Cuando Dolina se ríe lo hace fuerte y sin mesura, su rostro devela por si solo las reiteradas operaciones estéticas que se hizo en los últimos tiempos, hasta pareciera que la comisura de los labios fuera a romperse por momentos. Cuentan, incluso, que en el baño de su casa hay tantos cosméticos como en el camarín de una top model.
Mientras aguardaba la llegada del entrevistado en la confitería del hotel un grupo de señoras muy coquetas charlaban en la mesa contigua. Al advertir que iban a escuchar el programa de radio, les pregunté qué era lo que más les atraía de Dolina. Con una revista “Caras” en la mano una de las mujeres de unos 50 años me contestó “su intelecto, su personalidad”. Entonces le repregunté si las operaciones que se hizo fueron innecesarias, “por supuesto, si con la labia que tiene en lo que menos nos fijamos las chicas es en su aspecto físico”, contestó algo efusiva.
Dolina es un confeso peronista de vieja ultranza y cree que dicha característica es la culpable del desprecio que muestran ciertos círculos intelectuales que no toleran su lealtad con la figura del general Juan Perón. “Ojo, yo soy peronista y no justicialista. No estoy pendiente de quién entra o quién sale de las filas del pejotismo. Lo máximo que hice por el partido fue cebar algún que otro mate en una Unidad Básica”, aclara.
A pesar de esta salvedad considera al presidente Néstor Kirchner como “una buena noticia dentro del infierno en el que se vive en el país”. Repentinamente se detiene en el relato y desde la mesa en que estábamos charlando, un tanto alejada del resto, observa con cierta incomodidad, o vergüenza quizás, como el mozo echa por la fuerza a una nena que mendigaba por las mesas de la confitería del hotel recuperado por los trabajadores, mientras que un joven pianista interpretaba una pieza de Chopin.
Se lo pudo ver presente en el acto de lanzamiento de la campaña a senadora de Cristina Fernández de Kirchner, aunque explica que fue “sólo para visitar a algunos viejos amigos que le habían pedido su asistencia”. Califica de valiosa la participación de la primera dama y de Hilda “Chiche” Duhalde en la política actual, aunque no le parece “correcta” la forma tan personalizada que tienen de actuar.
Dolina no se considera un precursor en la forma de hacer radio. “No me parece que haya hecho escuela con mi estilo. Sí es así habría que hacer algo al respecto, para impedirlo claro (risas). Yo no creo, no lo percibo, ni creo que sea bueno tampoco, cada uno debe buscar su camino. Aunque sé que hay algunos elementos que antes no existían en el medio y yo los he puesto de moda, o los he popularizado”. Y concluye, reflexionando: “siempre es preferible resistir la tentación de sospecharse genial”.
Se siente ajeno a la conformación actual del medio radial porque siente que “se editorializa todo el tiempo” y se diferencia del resto explicando que en su programa “intentan ir por un camino relacionado con lo narrativo y lo humildemente artístico o teatral”.
Dolina supo atravesar también momentos malos que amenazaron con eclipsar su carrera. A comienzos de la década pasada sufrió un fuerte desengaño amoroso que se pudo ver reflejado en su exitosísima creación “Lo que me costó el amor de Laura”. “En esa obra me gasté toda la guita que tenía, que no era tanta, tampoco”, cuenta. “Algunos de sus amigos dicen que lo que le costó el amor de Laura fue: dos casas, un auto, una quinta...”, le comento (Risas). “Y está muy bien gastado, ahí es donde lo gastan no sólo los hombres sensibles, sino los hombres tontos como yo, que son una desgracia para sus familias”.
Faltan 20 minutos para que comience el programa y le propongo dar una vuelta a la manzana, para observar como es su conexión con la ciudad y la gente. Sorprendido por la propuesta y, un poco molesto quizás, aceptó la oferta. El panorama de ese día inestable era angustioso, algún que otro cartonero haciendo su trabajo y no mucho más en la típica esquina porteña de las avenidas Callao y Corrientes.
“La ciudad está perdiendo carácter y misterio. Los criterios edilicios de estos tiempos no toman en cuenta en absoluto ni la belleza, ni la historia, ni una cantidad de cosas que deberían considerarse. Uno tiene derecho a la belleza, pero la ciudad se queda sin árboles, sin jardines, sin misterio”, reflexiona con un gesto de resignación frente al paisaje desolador del lluvioso jueves por la noche.
Ya de regreso al auditorio y apremiados por el tiempo, saludó y firmó ejemplares a cuanta persona se le acercó. Derrochando tranquilidad gracias a su experiencia, subió al escenario sin rituales previos para comenzar, al igual que desde hace 20 años, “La venganza será terrible”.
http://babiloniaperiodistica.blogspot.com/2006/01/entrevista-alejandro-dolina-es.html

ENTREVISTA DOLINA XI

"EL AMOR Y LA MUERTE SON DOS MUSAS MUY IMPORTANTES"

Desde aquellas páginas de la revista Humor Registrado en las que un joven cronista daba cuenta de los avatares de la identidad porteña de los años ’70, hasta este Bar del Infierno en el que un renombrado escritor relata historias maravillosas entre la filosofía taoísta y el conocimiento sensible y callejero, Alejandro Dolina ha cosechado laureles y seguidores como para reclamar un lugar entre las personalidades más importantes de la cultura nacional.

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Razones numéricas no le faltan: sus libros han sido todos verdaderos best sellers: la edición de Colihue de Crónicas del Ángel Gris, por ejemplo, lleva vendidos más de 100 mil ejemplares.

La popularidad de su programa de radio, La venganza será terrible, puede medirse, por caso, en la cantidad de modalidades del habla que ha impuesto en el lenguaje cotidiano de los argentinos: si se dice en cualquier reunión social “cosechamos el beso que crece en la penumbra” se estará compartiendo un código inconfundible.

¿Le faltan razones estrictamente literarias? Algunos piensan que sí, que el autor de Crónicas del Ángel Gris es un escritor marginal cuya presencia en las listas de los más vendidos es sólo un correlato inevitable de su popularidad. Daniel Divinsky, dueño de Ediciones de la Flor, sorprendió, en la última Feria del Libro porteña, anotándose en este grupo al incluir a Dolina entre los “escritores mediáticos” que están determinando la agenda de los grandes sellos.

En conversación telefónica con La Voz del Interior, Dolina salió al cruce de estas declaraciones y dijo que “por lo general hay muchos que hablan sin haberlo leído, como es el caso de nuestro amigo Divinsky, que se encargó de decir que yo era un escritor mediático y después en una especie de disculpas dijo que jamás había leído nada que yo hubiera escrito. Argentina está llena de personas cuya mezquindad intelectual los conduce a despreciar lo que no conocen”.

Entonces, ¿centro o periferia?: “Yo no tengo nada que decir sobre lo que escribo –dice el autor–. No me ubico en ningún lugar, dejo que mis libros me ubiquen, y el que lea el libro sabrá, si tiene inteligencia, dónde tiene que ubicarme”.

La condena

–¿Cómo surgió “Bar del Infierno”?

–Y... ¡vaya uno a saber cómo surgen estas cosas! En realidad, los libros no reconocen un momento fundador, son más bien producto de vivencias, de lecturas anteriores, de proyectos fallados. En este caso importó mucho el programa de televisión que se llamaba Bar del Infierno, que se emitía por Canal 7, duraba apenas siete minutos, y contenía la anécdota central del libro, es decir, la de un narrador condenado a contar cada medianoche un cuento en un bar del cual es imposible salir.

–¿Tiene este libro alguna relación con “La venganza será terrible”?

–No. El programa de radio no se relaciona casi en absoluto con las cosas que yo escribo, o que compongo. Yo diría que más bien los procedimientos y hasta mi propia actitud mental son muy diferentes en la radio y en el ejercicio de la narrativa o de la música. La radio es más liviana, más automática, prácticamente me dejo llevar por impulsos. Además, es colectiva, puesto que estamos allí tres personas y nos vamos influyendo los unos a los otros. Y está el público, que influye de algún modo, que condiciona... En cambio, cuando uno escribe está absolutamente solo.

–Sin embargo, hay una analogía entre tu rol en el programa y el personaje narrador de “Bar del Infierno”, condenado a contar una historia todas las medianoches...

–Sí, no se me había ocurrido pero es verdad. Coincide la medianoche y el tipo que está obligado acaso por relaciones contractuales a contar alguna historia.

–¿Es tu libro más triste?

–Creo que sí. Es el más triste de todos. Es un libro aparentemente pesimista, lo que no quiere decir que sea un libro negro. Me parece que hay muchos rencores que son hasta divertidos, en la medida en que una cosa triste puede ser graciosa o cínica. Creo, sí, que es el menos optimista de todos. Casi me atrevería a decir, si no pareciera una petulancia, que este libro ejerce cierto revisionismo sobre los anteriores. Este libro parece no creer en los anteriores.

Filosofía y barrio

–Un punto en común entre tus libros es el movimiento entre lo sublime y lo cotidiano…

–Es verdad. Están muchachos de Villa Urquiza codeándose con asuntos del antiguo taoísmo. Es un punto en común con los libros anteriores, que sirve en algún punto para pedir disculpas por las demasiadas solemnidades. Me parece que es como un gesto de exorcismo: cuando uno se está poniendo demasiado académico, demasiado pretencioso, ahí sale el asunto cotidiano, las cosas de la casa, las preocupaciones mínimas de la vida diaria, para que el filósofo en pantuflas descienda un poco del tejado.

–Y esta vez el filósofo en pantuflas se ha casi obsesionado con la mitología china. ¿Por qué?

–El libro tiene un propósito: el de efectuar una ponencia conforme a la cual no vale mucho la pena hacer nada y todos los destinos son más o menos parecidos. Se parece a las enseñanzas de los maestros de la escuela de Loyang, que aparecen en uno de los cuentos del libro. Allí se dice que por mucho que uno haga, desde arriba, desde muy arriba, desde el mundo de los dioses, los destinos humanos se ven todos iguales. Así, lo que juzgamos como nuestros enormes dramas no son en el concierto del teatro de las estrellas y del cosmos, sino pequeñas casualidades. Para decir eso, para mejor vehiculizar esas ideas, tan amargas, después de todo, porque son casi la liquidación de la personalidad, empecé a leer algunas cosas del Tao y algunas cosas de la historia china. Sumadas a entusiasmos anteriores y que siempre existieron en mí, estas cosas dieron como resultado casi una invasión china en el libro. Hay tantos chinos como porteños.

El método y todo lo demás

–¿Tenés alguna técnica para escribir?

–Sí, hay muchos procedimientos que uno va perfilando a través de los años, que más que nada tienen que ver con la búsqueda de un libro. Cuando uno comienza a escribir no sabe si va a encontrar un libro. Es muy raro que se tengan las cosas tan claras como para comenzar sabiendo exactamente el libro que se propone, salvo que uno escriba un panfleto. Todos hemos desarrollado algunas técnicas para ir buscando el libro que queremos, que yo creo que no sabemos cuál es realmente.

–¿Cómo es esa búsqueda?

–Podría resumirse así: debe uno empezar a trabajar, incluso con elementos mediocres, para ver hacia dónde nos lleva la propia fantasía. Si nosotros esperamos una idea genial que nos venga a golpear la puerta en medio de la noche podríamos pasar años esperando. Podemos trabajar con temas en los que no creemos mucho, ir desarrollando una prosa, una inventiva, casi dejando que la fantasía supere al profesionalismo y en una de esas vamos a encontrar algo. Todo ese desarrollo, meditar, fantasear y también leer, lleva una buena parte del libro, y es nada menos que el período anterior a la certeza de que el libro es viable. Porque antes de que aparezca verdaderamente un motorcito, un empujón, algo que tire de nuestros esfuerzos, ni siquiera sabemos si el libro va a ser posible.

–Como dijo Pablo Picasso, “las musas existen, pero deben encontrarte trabajando”…

–Exactamente. Y yo creo que sí, que las musas existen. Existe desde luego el trabajo propio, pero algunas cosas las recibe el artista desde afuera. Desde luego, recibe lo que copia, lo que lee, recibe la influencia de otros escritores y de otros pensadores, pero también recibe impulsos extraños que no vienen de adentro, voces extrañas que le soplan en el oído cosas que tienen que ver incluso con el amor y con la muerte. El amor y la muerte son dos musas muy potentes. Si no estuviéramos obsesionados por el amor, y si no fuéramos mortales, difícilmente escribiríamos.

Fuente: La voz del interior, 14 de agosto de 2005

ENTREVISTA DOLINA X

"Hay una pulsión destructora en la ciudad"

El multifacético artista habla de un estado de indignación entre los porteños; también del humor, del taoísmo, de Borges y de la tortuosa profesión del escritor. Está a punto de viajar a Madrid para presentar su último libro que, dice, se le ha llenado de chinos


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En la biblioteca de Alejandro Dolina no faltan clásicos de Sartre, de Nietzsche, de Unamuno. Tampoco cuentos sobre duendes, ensayos de alquimia, libros de tangos o coplas de payador. Acaso permitan atisbar algo de este personaje tan complejo de definir, pero que su biografía acusa de músico, escritor, conductor de radio, actor, dramaturgo, experto jugador de bolita ("No era bueno", desmiente) y "flaco atorrante".

Es un hombre alto, Dolina. Que habla de la tragedia de la vida y de su obsesión por la muerte y el amor en ese español florido y refinado, de dicción perfecta y palabra exacta, que ya es prácticamente una marca registrada en la medianoche de la radio.

Pero él prefiere aclarar que no, que ése de la radio no es él, que en todo caso se identifica con aquel escritor atormentado que transpira cada sílaba de cada frase. "Tardo años en escribir cualquier pavada. El proceso de escribir es muy doloroso, bastante conflictivo, lleno de arrepentimientos y de regresos al punto cero", cuenta en su casa antigua de Núñez el autor de Bar del Infierno, el último de sus libros y, precisamente, el que él mismo presentará la semana próxima en Madrid.

"Cada página de un libro tiene inevitablemente una gota de sangre que se pone en juego. Como actividad, claro que es mejor hacer radio. El proceso de escritura es doloroso y el de la radio, no. Yo cuando voy a la radio me encuentro con mis amigos, me divierto, la gente aplaude, me saludan... Cuando escribo, escribo solo y estoy lleno de frío. No me saludan los oyentes por teléfono diciendo ?qué lindos párrafos que le han salido´. La radio es algo liviano, lo otro te hace sufrir", explica Dolina con ese fatalismo cargado de humor que también ha convertido en sello propio.

Aunque el humor, dice, es algo que le es cada vez más esquivo. Porque cada vez lo hace reír menos gente. Les Luthiers, algunas películas de Ben Stiller o Woody Allen y paremos de contar. "Aunque no sé si las películas de Woody Allen me hacen reír -se retracta-. Más bien me hacen sentir esa felicidad del halago que le hacen a la propia inteligencia".

Y a continuación confiesa que está haciendo terapia, que habrá hecho cuatro veces en su vida, muy a pesar de sus reparos. "Yo no estoy seguro de que un señor se componga después de hablar durante 20 años sobre el abandono de que era objeto cuando chico". Y agrega: "Yo creo que debe de haber alguna superstición argentina vinculada con el psicoanálisis".

-Si escribir te hace sufrir, ¿por qué escribís?

-Porque es inevitable. El que escribe, escribe porque desea decirse, como decía Roland Barthes. Desea también que lo quieran. No lo hace porque le guste, o por pasatiempo, sino porque si no lo hiciera moriría.

-En tu último libro hay una fuerte presencia del taoísmo y de la China. ¿A qué se debe?

-Yo había tenido lecturas muy próximas al taoísmo y comencé a escribir algunos relatos con temas taoístas y al principio los había ambientado en Villa Urquiza. Pero de pronto me di cuenta de que esos relatos funcionaban notablemente mejor y evitaban explicaciones larguísimas si transcurrían en la China. Por ejemplo, hay un cuento en el que un señor vuelve de la guerra a su casa después de 30 años. El apenas si recordaba dónde quedaba su casa. Al final viene a saberse que volvió a un lugar equivocado, que ésa no era su casa, pero también se descubre que da lo mismo, que su vida hubiera sido igual en la casa verdadera. Esto quiere decir, en principio, que no hay ningún destino preferible a otro, que no tenemos tiempo de ser nadie. Pero para que eso funcionara bien la China era preferible. Y entonces se me llenó el libro de chinos.

-¿Conocés China?

-No. La China es tan lejana que me da un poco de miedo. Muchas veces pienso: "Y si voy, y en vez de encontrarme con ciudades deliciosas me encuentro con un Pekín lleno de oficinas de gobierno, burocrático y chato", digo, es muy lejos para equivocarse. No sólo es muy lejos sino que no hay nada más cerca. Ponele que no te guste Italia. Bueee, te vas a Suiza, yo qué sé. Yo lo consulto al chino de acá abajo, que tiene un supermercado, y él se niega a darme cualquier clase de información. Le digo cualquier cosa, por ejemplo, "wu", y le pregunto si quiere decir "no". El tipo me mira y no me dice ni sí ni no, no me da ninguna clase de explicación. Probablemente han recibido instrucciones en ese sentido para que nadie sepa el idioma sino ellos. A lo mejor este hombre ni siquiera es chino y finge, finge una chinez que le conviene a efectos comerciales.

-Hablando de orientales, y dado que tanto tu programa como tus libros han alcanzado una extraordinaria difusión en Uruguay, ¿qué diferencias ves con el país vecino más allá de las que salieron a relucir ahora con el conflicto de las papeleras?

-Yo creo que no es tan serio como parece y que se va a resolver. Con respecto a las diferencias, creo que en Montevideo la vida es más personal que en Buenos Aires. Buenos Aires ha crecido tanto que nos hemos despersonalizado un poco. En Montevideo las casas todavía tiene el nombre de su habitante: ?Pasé por lo de Fernández, y después me crucé a lo del Goyo´. Aquí yo no sé cómo se llama el tipo de enfrente. Y cuando digo el tipo de enfrente ni siquiera estoy hablando de un tipo, nótese que hay una casa de departamentos. Hay evidentemente unas relaciones interpersonales en Buenos Aires mucho más afantasmadas que las más fuertes y concretas que hay en Montevideo. Hay además un delicado provincianismo, un deseable provincianismo que nosotros hemos abandonado.

-¿Tiene eso algo que ver con el cierre de los llamados bares históricos en Buenos Aires?

-Sí, claro. En Montevideo ocurren mucho menos esas cosas. El porteño, en cambio, no siente ninguna relación con la historia de la ciudad en que vive, porque es un inquilino de la ciudad y no le importa cómo se llama el que duerme pasando esa pared. No sólo no le importa. Se entera de que hay un lugar que se llama el Británico cuando lo están por demoler. En Buenos Aires ocurre esto porque hay un divorcio entre el hombre y el lugar. ¿En qué barrio estamos ahora? ¿En Núñez? ¿Qué sentido tiene decirlo? ¿Hay alguna actividad común que hacemos en tanto que habitantes de Núñez? La respuesta es no. Entonces se va produciendo una degradación del sentimiento de pertenencia. Y por otra parte, la ciudad se torna un ente abstracto, no hay nada que se vea y se toque, todo es sustituible, como en el taoísmo.

Tampoco quiero caer en la superstición de creer que toda demolición es una afrenta. No. A veces hay que dejar que las cosas se vayan. Pero volviendo a Buenos Aires noto que, en otras ciudades grandes como Córdoba o Rosario, vos las recorrés y hay una menor densidad de locos por kilómetro cuadrado, por ejemplo. Aquí, yo calculo un loco por cuadra, más o menos. Y cuando digo loco, no digo un tipo simpático y decidor. Digo un tipo que por ahí te mata.

-¿Sentís que vivimos en una ciudad violenta?

-Sí, pero, además, está instalada en Buenos Aires una pulsión negativa, una pulsión destructora, una pulsión de muerte y de indignación -a veces justificada, casi siempre no- que nos lleva a un estado de irreflexión total. Un estado en que nos consideramos impolutos de toda culpa y estamos tercerizando cualquier responsabilidad acerca de todo lo que nos pase. Cualquier desgracia debe ser atribuida inmediatamente a un funcionario, a una empresa, a alguna persona. Yo no digo que no haya gente que desde luego deba estar indignada, que fue estafada, despojada de sus ahorros, pero ya casi ejercemos una indignación automática ante cada cosa que nos cuentan.

-¿El auge de la violencia entre jóvenes forma parte de esa pulsión destructora?

-Sí. Entre tantas desdichas que esa pulsión mortal moviliza, está ese deseo de pelearse, de castigar al que aparece porque sí. Creo que es parte de esa misma sombra que nos lleva a destruir, qué sé yo, los sillones del Congreso, los vagones del ferrocarril, los vidrios de los bancos... Eso de que los chicos se agarren a piñas pasó siempre, con la diferencia de que antes no se morían. Hay ahora unos componentes patológicos que antes no existían. Y un fenómeno que ha venido a teñir todo de un mayor dramatismo y de una mayor sinrazón, que es la droga. Entonces, así como hay una destrucción que no tiene sentido, que no está explicada por ningún juego de presión, hay también crímenes que no están explicados por ningún juego de delito. No es que te asalté y vos no me quisiste dar la guita. Te asalté y, qué sé yo, me había tomado medio litro de sangajol, y entonces se me ocurrió que no venía mal pegarte un tiro. Y ese componente de sinrazón es imposible de calcular y es un elemento dramático relativamente nuevo.

-Pasemos a un tema más alegre. Contanos qué recordás de Borges, ya que se sabe que lo conociste...

-Que lo conocí a Borges supone una jactancia. Pude verlo, pude conversar con él en el 79, en Radio Rivadavia, cuando le concedió una serie de entrevistas a Antonio Carrizo y yo tenía permiso para entrar al estudio sólo porque era amigo de Antonio. Lo que pude observar es una mente extraordinariamente activa y rápida, contrariamente a las imitaciones que de él suelen hacer aquellos que no hubieran sostenido una carrera ni de 10 metros con Borges. Pero además pude conocer un Borges, yo diría cuidadosamente zafado, que recitaba versos zafados. Y después confesaba que era de San Lorenzo. "Yo soy de San Lorenzo, ¿sabe ? -decía-. Me han dicho que siempre pierde". Borges es el autor que más he leído, el que más me gusta y al que considero, más allá de mi gusto personal, el mejor de todos. Desgraciadamente, algunos se han complacido en hacer notar su odio por el peronismo, por el fútbol o por Gardel. Y yo creo que un poeta tiene derecho a ser juzgado por sus mejores versos.

-Y vos, ¿cómo te inspirás para tus mejores obras?

-La inspiración es compleja. De todos modos yo creo que hay por momentos algo exterior. En muchísimas ocasiones, el poeta, el escritor, recibe unas voces que no tiene dentro sino que están afuera. Las recibe de distintos modos. Me gusta lo que decía Robert Graves: él decía que la musa era la mujer amada. El amor es un fuerte motor y yo creo que facilita el paso a un estado de conciencia superior. Y después otra musa es la muerte. Después de todo escribimos porque nos vamos a morir. Si no nos fuéramos a morir, ¿qué sentido tendría inventar vidas? La muerte es el precio del amor. Y yo no estoy seguro de que preferiría una vida perpetua y sin amor.

Por Teresa Bausili

El perfil

Estudios

Nació en Baigorrita, provincia de Buenos Aires, y se crió en Caseros. Estudió Derecho, Letras, Historia y música.

De todo un poco

Ha publicado cuentos y notas en diferentes revistas, es autor de varias comedias musicales y desde 1985 ha sido conductor en radio y televisión. "La venganza será terrible", su programa de radio, figura primero en audiencia desde hace 15 años (desde hace uno transmite en vivo desde el Hotel Bauen). En 1988 publicó su primer libro, "Crónicas del Angel Gris".
Link corto: http://www.lanacion.com.ar/799632
Domingo 23 de Abril de 2006

ENTREVISTA DOLINA IX

Nació en Caseros, en el Gran Buenos Aires, el 20 de Mayo de 1949, Desde hace varios años conduce un clásico programa de Radio ("La venganza será terrible"), que tiene gran éxito, sobre todo entre el público joven.
El Programa se inició en Radio el Mundo con el título "Demasiado tarde para lágrimas", con el mismo título años mas tarde se traslado a Radio Rivadavia, para finalmente estar hasta hoy en Continental con este exitosísimo programa (quizás el más exitoso de la radiodifusión argentina), que se emite diariamente entre las 0:00 y las 2:00 de la madrugada.

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En 1987 escribio "Crónicas del Ángel Gris". En 1996 decide renovarlo, cambiando de editorial, agregando nuevos capítulos, suprimiendo otros y reformando algunos. Las ilustraciones de la vieja edición estaban a cargo de Carlos Nine, y el de la nueva versión, por el dibujante uruguayo Hermenegildo Sábat.
Un importante anhelo del "Negro Dolina" era grabar un disco hasta que en 1995 empezó a Grabar "Lo que me costo el amor de Laura", algo que el caratuló como "opereta criolla".
"Durante mucho tiempo me ha gustado creer que todo buen verso estaba al final de un camino lleno de espantos y pena. El sendero poético que me atreví a imaginar conducía a un lugar más glorioso cuanto mayores eran los sufrimientos del camino. Los malvados elegían un camino fácil, que no llevaba a ninguna parte.
Más tarde, Robert Graves me reveló una verdad: existe la musa y es la mujer que uno ama.
Desventuras de última hora me hicieron ver que tal vez ambas intuiciones son ciertas. El camino difícil es el camino del enamorado y del poeta. Ese camino es el que conduce a la diosa, que es la mujer amada y la única que conoce -o nos hace conocer- la música buscada."
"Cuando la gente aplaude, hay que tener cuidado"
Dolina entró en el Café Tortoni de Buenos Aires, lugar desde dónde hace tiempo conduce su programa, pasadas las once. Mientras recorría con su mirada el histórico bar, era evidente que buscaba algo o alguien. Desde aquellas mesas que supieron escuchar a Borges, Macedonio, Marechal, nosotros aguardábamos el instante de la nota. Detenido en el medio del café y buscando a un productor que nunca llegó, Dolina esperaba que le dijeran: - Disculpe Alejandro, nosotros teníamos una entrevista para hoy...
- Sí, sí, a ustedes estaba buscando. Se sienta sin dilaciones en nuestra mesa y saluda: "Que tal, che".
El que está frente a nosotros es el Dolina de "Demasiado tarde para lágrimas", programa que conducía con Mario Mactas y el de "La venganza será terrible", la cita inevitable de todas las noches en Radio Continental, junto a Guillermo Stronatti y Gabriel Rolón. Su último libro "El Fantasma" cierra la tríada de obras literarias del "Negro", que se completa con "Crónicas del Angel Gris" (1987) y la opereta criolla "Lo que me costó el amor de Laura" (1998), quizá su mejor producción, según declara. Multifacético, Dolina se mueve en todas las ramas del arte. Es escritor, músico, ha protagonizado películas (que siempre desea olvidar), ha conducido programas de TV y radio y, como si esto fuera poco, en septiembre sube al escenario para la representación teatral de su opereta. Hay temas que lo obsesionan y se encuentran transversalmente a lo largo de todos sus trabajos. La Muerte, El Artista, El Amor, La Mujer, el fatalismo del destino y el sentido trágico de la vida, son algunas de las musas que inspiran sus historias. Sus fuentes se pueden encontrar en textos de Homero, Virgilio, Dante, Petrarca, Borges, Marechal, Unamuno, entre otros. Ahora, en su morada de todas las noches, Alejandro Dolina responde distendido y amable, con la simpleza de los grandes.

"Soy existencialista porque tuve una camisa a cuadros, y eso es ser existencialista, o al menos, así me dijeron".
- Dolina, ¿está en el acto creador la posibilidad de alterar el determinismo del destino?

- Habría que hacer una salvedad. Yo creo que en el amor hay una porción de libre albedrío. Octavio Paz dice que, ciertamente, el amor sucede, el amor es algo que nadie puede prever, que uno no puede evitar, incluso. Pero en algún punto se puede decidir, después que te sucedió podés decidir. Podés renunciar, por ejemplo, si el objeto amado no responde; mejor dicho, podés renunciar a las acciones emergentes de tu amor. Hay un campo en el que se puede decidir, en el que se puede elegir la dignidad a la satisfacción. En el resto de los sucesos de la vida también parece haber una grieta, diría Borges, en el fatalismo, en el determinismo. Es posible que la regla general sea el determinismo, pero es posible que haya detalles en los cuales uno pueda decidir. Las grandes rutas, parece ser, están decididas, pero uno puede decidir por su propia voluntad en algunos detalles y es posible que el arte sea justamente el foro donde los detalles tienen más importancia. Yo creo verdaderamente, junto con los griegos en este caso, que el artista es, en cierto modo, un instrumento de la musa. Lo que se puede discutir es quién es finalmente la musa. La musa puede ser, según Graves, la Mujer Amada. También puede ser la memoria, como que la memoria era la madre de las musas. Las musa puede ser, si uno es un poco más prosaico, estas serie de contingencias que hacen a lo social y a lo político, es decir, las circunstancias de la época en que el artista vive. La musa puede ser la Muerte, como he tenido el tupé de sostener en una charla no hace mucho. Es decir, si usted suma todas estas cosas queda muy poco para que el artista diga, si el artista es hijo de su época, es hijo de las circunstancias socioeconómicas en las que le toca vivir, si es hijo finalmente de los escritores que ha leído, de los pintores que ha visto, de las vivencias... bueno, qué va a decidir el artista si ya todo está decidido de antemano, incluso cuando un poeta nace en un lugar está decidido el idioma en que habrá de escribir. Algunos van más allá, como esa historia que me gusta contar siempre acerca de quienes dicen que una agricultura de monocultivo genera un libro como el Martín Fierro, genera la poesía gauchesca, a lo que Borges decía que por ejemplo en Oregón y en Montana que tenían las mismas economías que en la pampa, se habían abstenido entusiásticamente de redactar el libro del gaucho Martín Fierro. Pero bueno, ciertamente hay un montón de fuerzas que parecen escribir todo y al artista le queda poco pero a mí me parece que ese poco que le queda es lo que hace valiosa la obra artística, es lo que la hace singular y lo que pone el detalle personal. ¿Qué diferencia a un gran novelista de uno mediocre?, probablemente ése detalle personal. Aquel artista que alcance a escribir algo más, digo escribir porque estamos hablando de escritores, aunque no se si estamos hablando de escritores después de todo, digo, aquel artista que agregue algo más a lo que ya está determinado por todas esas musas que acabamos de citar, será un artista singular y el que se limite a seguir los dictados de la Diosa pues, será uno del montón.
- ¿Las leyes del mercado, condicionan al artista?
- Yo creo que el verdadero artista no debe pensar en la industria al momento de escribir, no es que uno se oponga de un modo cerril a la industria ni por el gusto de oponerse. Se ha escrito mucho al respecto, Adorno y todos esos tipos han escrito mucho acerca de la industria. Pero algunos han visto alguna virtud en la industria. Por empezar, ha acercado la industria al gran público obras que hasta nuestro siglo permanecieron solamente en los salones de la gente muy pudiente. Ha hecho masiva algunas obras que antes estaban reservadas, insisto, a un parnaso exquisito; esa puede ser una virtud. La otra es que ha promovido una especie de destreza profesional que si bien se mira no está mal como para empezar. En general puede decirse que la industria acepta el talento, incluso lo promueve, lo prohíja. Lo que rechaza la industra más bien es el genio y la heterodoxia. Eso rechaza la idustria. Podríamos decir que en estos tiempos que nos toca vivir en nuestro país, este rechazo de la industria por la heterodoxia es, podríamos decir, hasta grosero porque la industria se limita a seguir una recetas repetidas hasta el hartazgo como una fórmula de éxito. De manera que, creo yo, el verdadero artista sigue o más bien se desliza por unos caminos que también le son fatales, en tanto que artista. Él no puede desoír ciertas voces interiores, si es que es un artista verdadero, aún cuando estas voces le indicaren caminos que le van a garantizar el fracaso económico o en lo que se llama el mundo del espectáculo, de modo que creo que conviene no seguir las recetas del éxito y mucho menos aquellos lugares comunes que a veces son aplaudidos por sectores supuestamente entendidos. Hay no solamente un éxito comercial o una tentación de orden económico que hace que los artistas sigan unas anchas avenidas, sino también cierta ortodoxia que la industria se encarga de producir por sí misma. Los medios de comunicación hoy en día, no es que siguen una ortodoxia preexistente, sino que la producen. Naturalmente esa ortodoxia consiste por lo general en evitar cualquier complejidad. Cada una de las dificultades que uno propone al consumidor contribuye a restar el número de ellos, cuanto más alta es la competencia que se le pide al que consume arte, menos serán los consumidores.
- Teniendo en cuenta que para hacer arte es conveniente el conocimiento de la técnica, la transgresión de la norma establecida ¿es necesariamente una forma de arte?

- No es necesariamente arte. En algunos casos la transgresión es comprendida después de un tiempo. El artista heterodoxo atraviesa unos alambrados, empieza a recorrer unos terrenitos por los cuales no había andado nadie y naturalmente los amigos de lo que está establecido, quiero decir, el espíritu filisteo que necesita que las cosas estén en su estante, que necesita unos escalafones ya consagrados, generalmente rechaza la heterodoxia. Después de un tiempo suele ocurrir que, si realmente hay verdaderos valores, el transgresor es comprendido y aceptado por todos y su obra, que en un tiempo era heterodoxa, pasa a formar parte de la ortodoxia. Lo que no hay que decir nunca es que toda transgresión es gran arte. Algunos transgresores, efectivamente cruzan el alambrado pero van para el lado de los tomates. Hay un punto, sin embargo, en que la discusión y el reconocimiento de lo que es arte y lo que no lo es se hace complejo. En el medioevo se había creado una máquina, en realidad no era una máquina, sino un método combinatorio entre algunas palabras, y se decía que utilizándola las discusiones filosóficas iban a ser como las discusiones entre dos contadores, es decir, podríamos estar en desacuerdo pero bastaba con sacar la cuenta para saber quién estaba en lo cierto. En verdad en la filosofía no sucede eso y en el arte tampoco, no es tan sencillo establecer quién está en lo cierto y quién equivocado. Lo que no quiere decir, de ningún modo, que sea imposible, que es lo que dicen algunos, "sobre gustos no hay nada escrito", por ejemplo, me parece un gigantesco error. Pero hay cuestiones arduas. Alguien se aparta de las reglas y hay que apartarse uno también de las reglas, empezar a transitar terrenos inexplorados para saber si estamos ante la presencia de un gran artista o ante la presencia de un loco o de un farsante.

- El artista, como el filósofo, muere y renace diariamente porque no tiene verdades absolutas. La filosofía y el arte ¿recorren el mismo camino?
- No, no todos los artistas son problemáticos. Yo digo que hay personas que son problemáticas. Algunos artistas lo son, los más grandes generalmente. Los filósofos sí, podría decir que son todos problemáticos porque su misión es hallar problemas.

- ¿Es correcto hacer una analogía entre los "Hombres Sensibles" y los artistas, en oposición a los "Refutadores de Leyendas"?
- No hay "Refutadores de Leyendas" químicamente puros, todos somos una mezcla de lo que en este torpe libro (N de A: se refiere a su libro "Crónicas del Angel Gris". Ed. Colihue.) se llaman "Hombres Sensibles" que serían los de temperamento dionisíaco, romántico, lunar y los que se llaman "Refutadores de Leyendas" que serían más bien los cientistas, aquellas personas que como el personaje de Flaubert, que era un farmacéutico que vivía refutando leyendas. A mi me parece que no siempre el artista es un "Hombre Sensible", hay artistas que son perfectamente clásicos, que siguen patrones ya establecidos y no necesariamente son malos artistas, a veces son artistas considerables. Lo que pasa es que uno prefiere los artistas románticos, esos que, más que en la razón, creen en lo que Pascal llamaba "las razones del corazón", pero el arte también es una mezcla, una sabia mezcla de Hombre Sensible y Refutador de Leyenda. Hay ciertamente mucho de dionisíaco que es deseable pero en algún punto la razón tiene que acudir aunque sea para saber cuán locos estamos.
-De acuerdo con su obra, la mujer es quien conjuga en un único ser lo infernal con lo celestial, ¿Cómo es posible que lo mismo que condena sea simultáneamente el portal de la salvación?
- Siempre fue así desde el punto de vista poético. Los Pelasgos, que vivieron antes que los griegos en el sur de Europa, tenían una sociedad matriarcal. Ellos adoraban a una diosa. Esta diosa, La Luna, tenía tres aspectos: uno el de doncella, el de virgen; el otro, el de madre y el otro el de hechicera. Una misma diosa era las tres cosas, la que prometía, la que te engendraba y la que, por ahí, te hechizaba. Y esto, de distintas formas, con distintas alegorías, ha aparecido muchísimo y sigue apareciendo en la poesía, esta polivalencia de la figura femenina como guía en Dante, como guía que ayuda a uno a atravesar los infiernos y también como causante del propio infierno, como Francesca en Dante. Paolo y Francesca encuentran el amor que los conduce al infierno. De manera que yo no hago más que seguir en este caso una ortodoxia, pero una ortodoxia poética que no tiene estantes y que, por ser metafórica, también permite ciertos desvíos de la ruta. No es una ancha avenida por cierto.
- Dolina, ¿Existe una relación entre la moral burguesa y la decadencia del relato mitológico o poético?
- No sé si la hay, porque no estoy seguro de que las relaciones entre los sucesos socioeconómicos y las expresiones artísticas, que ciertamente las hay, sean tan claras. A veces incluso se dan relaciones en beligerancia. Una época materialista y filistea puede estar acompañada por artistas que, en resistencia, practican un arte romántico justamente contrario a lo antedicho. Así que no sé si realmente hay una relación entre la moral burguesa y la decadencia de la épica. Pero la decadencia de la épica tiene ya varios siglos y sin embargo, en la historia de las letras, es probablemente la que más tiempo prevaleció. Yo diría que hasta el siglo XII o XIII, que es cuando aparece la poesía provenzal, cuando nace esta idea del amor que profesamos hoy, cuando nace la idea de la dama como objeto de homenaje, etc. Pero hasta ese momento nunca dejó de haber épica. Siempre el género principal de toda la literatura fue la épica, al menos lo en occidente, después ya no. Después de esa última expresión, de ese corte, comienza sí la decadencia de la épica y parece tener razón usted porque justamente coincide con el crecimiento de la clase burguesa, su dominio de la sociedad, no solamente en lo económico sino también, como decíamos antes, en la producción de ortodoxia, en lo que Gramsci podría llamar "la creación de una visión del mundo que es la dominante". Y al predominar la visión burguesa del mundo, ciertamente la épica decae. Pero puede ser que sea de casualidad, ¡yo que sé!, ¡¿cómo quiere que se lo diga?!
- Marshall McLuhan afirma que los medios de comunicación son iguales a los poetas porque ambos explican la realidad desde sus propios supuestos ¿Ud. qué cree al respecto?

- En ese sentido son verdaderamente iguales. Si Ud. empieza a compara a partir de estructuras, hallará algunas similitudes. Similitudes que han de desaparecer en cuanto Ud. sitúe el problema viéndolo desde otras colinas. La principal diferencia entre el artista y el publicitario me parece que debe buscarse en lo que se propone cada uno de ellos. Hay en el artista una cierta fatalidad. Yo no creo que el artista escriba para complacer a sus sobrinos o para ganar algún dinero, aunque hay artistas que lo hacen, naturalmente. Sino que yo creo que el artista hace lo que hace porque no puede evitarlo. No puede evitarlo, le juro que no puede evitarlo, ¡no puede evitarlo!. El escritor de ningún modo halla placer escribiendo. Es posible que un músico que toque o que componga encuentre algún placer en su actividad. Un escritor le garantizo que no y muchos artistas tampoco. Un escultor, imagíneselo Ud. a Miguel Angel pintando la Sixtina, Ud. me dirá "pero Miguel Angel no tuvo más remedio que hacerlo porque lo habían contratado..." No podía evitarlo, no podía evitarlo. Naturalmente, el publicitario no tiene ninguna de esas fatalidades en su espíritu. El artista está describiendo su alma porque no puede menos que describirla. No importa aquello que escribiere o pintare. Dice Sabato "cuando vemos estos girasoles amarillos que pintaba Van Gogh, no estamos obteniendo mucha noticia sobre la agricultura en el centro de Francia, pero si estamos obteniendo noticia del alma de Van Gogh". El artista esta vinculado con su obra, ella se le parece, especialmente si se trata de un artista romántico. El publicitario es un trabajador que trabaja con opiniones ajenas. Muchas veces el publicitario no opina exactamente como diseña o como escribe. Es muy fácil imaginar a un publicitario que no use los productos que promociona. Pero eso no importa porque sería una pobre descripción. Lo que sucede es que hay un propósito enteramente técnico. Se trata de comunicar del modo más rápido y masivo la calidad de ciertos productos y servicios. Eso es la publicidad. Si Ud. enfoca desde el punto de vista de la estructura, hallara formas en que ambos parezcan sostenerse en los mismos andamios. Pero basta que Ud. se corra dos grados para que empiecen a aparecer las diferencias.
- Si el artista es víctima de sí mismo porque su necesidad expresiva lo rebasa, ¿Cuál es su recompensa?
- No la hay. Salvo que la recompensa esté en su satisfacción, aunque me parece esta una pobre palabra, una palabra filistea. La recompensa esta en haber hecho la obra. Pero no sé, eso a menudo no es una recompensa. La mayoría de los artistas después de haber hecho algo más que una sensación de dicha sienten arrepentimiento o insatisfacción. La sensación de que hubieran podido hacer algo mejor o, peor todavía, la sensación de que no hubieran podido hacer algo mejor. De manera que yo creo que no hay recompensa. Y no creo que uno sea artista buscando una recompensa, una especie de estado de felicidad que viene por añadidura, mas allá de aquellas que revisten formas mundanas como el premio "no sé cuanto"...
- El conocimiento, ¿también es un fin en sí mismo que no necesita de recompensas?

- Claro. El conocimiento, me parece, es una de las pocas buenas noticias del universo. Aprender es lindo siempre. Mientras que la obra artística es dolorosa, el aprendizaje es gozoso. Y es que uno adiestra el cuerpo y el alma para disfrutar de ese goce. Eso que dicen algunos acerca de que conviene evitar el conocimiento, yo creo que no es verdad. Es posible que las primeras nociones duelan un poco, pero finalmente es un placer aprender. Y en este caso sí, ¿cuál es la recompensa por comer algo rico?, estar comiéndose algo rico, ¿cuál es la recompensa por oír una sonata?, pues eso es, oír. Pero en el caso de ciertos sufrimientos o ciertos actos de grandeza la cosa es distinta porque el tipo por ahí elige un camino que sabe que no lo va a conducir a la felicidad. Sin embargo lo elige igual. Y no porque esa grandeza le vaya a producir algún goce o porque se la vayan a gatillar en alguna otra vida, no. Hay algo de fatal en los espíritus grandes: sienten que tienen algo que hacer y lo hacen. ¡Eligen la grandeza!. Algunos utilizan la siguiente chicana leguleya para refutar esto: "el mártir fulano, o el Cristo o el General San Martín (gente que ha elegido un camino que de antemano sabían los iba a conducir a la desdicha, al dolor, al sufrimiento) eligen ese camino porque, después de todo, ellos encuentran ahí la felicidad, son distintos a todos y en vez de encontrar la felicidad en tener una casa con parque y una lancha, la encuentran en dar la vida por el genero humano". Eso es una chicana, no es verdad. Eso equivale a decir que los héroes son simples locos que tienen cambiada la idea de felicidad, "mientras a mi me gusta ir a milonguear a La Enrramada, a ellos les gusta libertar el Perú". Eso es una falacia, no es que les guste, no les gusta, lo hacen sufriendo, y aunque no les guste, ¡lo hacen igual!. Eso se llama valor. Eso se llama heroísmo, y no es nada que se parezca a tener cambiadas las cosas que lo hacen feliz a uno. Los burgueses dicen "ah bueno, ¡que vivo que era Jesucristo!, si a mi me gustara ser crucificado también lo hubiera hecho". Pero él lo eligió, ¡no es que le gustaba!. No se trata de comprender estas actitudes, se trata de admirarlas en lo que tienen de absurdo y finalmente de extraordinario.
- En la elección del camino difícil por parte del héroe y del artista, ¿hay implícita una búsqueda de superación de la mediocridad?
- Mire, si ese fuere el desafío, yo igual lo hubiese perdido. Superar a la mediocridad es para mi tan difícil como superar a la muerte. Creo que no es para vencer a la muerte que los artistas eligen el camino difícil, al menos no siempre. Hay algo de compadrada en eso. El manierismo y el barroco solían crear dificultades para luego vencerlas, eso les parecía noble. Y en verdad hay cierta nobleza en elegir un camino difícil. Pero también hay cierto alarde. Aunque en otro orden de cosas, elegir un camino difícil no es solo escribir una página sin usar la letra A o dibujar en espiral como hacían los manieristas... Elegir un camino difícil a veces es simplemente renunciar a las tentaciones de la industria, de lo que es fácil, de la misma pereza. No contentarse uno con triunfos pequeños es también una forma de elegir el camino difícil. Y eso ya más que un alarde o una compadrada, es un mérito de orden ético y no sólo estético. Sabiendo que ciertas avenidas en declive le garantizan cierta facilidad de creación y además cierto éxito, el tipo desdeña esas avenidas en bajada y agarra por una camino lateral muy estrecho y lleno de abrojos. Ahí ni si quiera cabe el alarde porque a veces sucede que las dificultades de ese camino no son ni registradas por el resto de las personas. Y hay también una actitud de heroísmo y ciertamente un mérito ético.
- La elección de ese camino noble, ¿implica convivir con la conciencia del destino trágico de la vida del hombre?
- Sí, pero convivir con eso no quiere decir estar pensando todo el tiempo en eso. Ni quiere decir que los que tiene el sentimiento trágico de la vida sean personas que estén todo el tiempo moqueando o lamentando una mina que se le fue en 1939. Eso no me parece aceptable. Se puede tener verdaderamente un espíritu unamunesco, se puede tener un apetito de eternidad, se puede tener la certeza de que este apetito no será saciado y al mismo tiempo salir de joda con los amigos y disfrutar de los placeres más prosaicos de la vida. No le estoy hablando del deleite que nos producen los poemas de Sor Juana, sino el deleite que puede producirnos las cosas más banales como un chiste contado por un amigo o una gorda que nos levantamos en la paternal... para no hablar de los grandes amores porque esos si forman parte de placeres exquisitos. Nos están corriendo porque acabamos de rajar sin pagar de la pizzeria "Ottonelli"; mientras nos reímos y pegamos saltos para evitar que nos alcancen los mozos, es decir, en el momento menos metafísico, pensamos: "si, está muy bien, pero somos mortales".
-Teniendo en cuenta que quien elige el sendero más difícil generalmente no es reconocido, ¿hay una exigencia mayor del común de la gente para ese tipo de artista?. Esto lo relacionamos con su programa y la gran exigencia de sus oyentes para con Ud. al cuestionarle que ha pronunciado una palabra mal sabiendo que el cuidado del lenguaje en su programa es fundamental.
- Primero, no me coloque a mí entre quienes han elegido el camino difícil porque yo no estoy seguro de nada. Yo trato de hacer lo que modestamente hago de la mejor manera. Pero yo no estoy tan cierto de ser un buen ejemplo para su pregunta. Pero sacando eso, si Ud. me pregunta qué me parece a mí, si después de hacer los esfuerzos que uno hace encuentra que otros cuestionan asuntos menores... es duro. Pero no me consta que sea siempre así y finalmente no me importa que sea así porque yo creo que el camino que uno elige no debe estar relacionado con lo mucho o lo poco que lo aplaudieren. Uno elige un camino artístico, y si tiene la mala suerte de no ser reconocido por nadie, ¡sonaste!. Quizá tenemos suerte y nos aplauden algunos y entonces nos vamos a festejar al boliche de la esquina, pero a veces sucede que no y entonces, ¿Qué es lo que hacemos? ¿Cambiamos nosotros? ¿Vendemos nuestras más intimas convicciones al precio de un aplauso?, pues no. O no hacemos mas nada, o seguimos haciendo lo mismo tratando de hacerlo mejor aún, muchas veces con la dramática certeza de que hay aplausos que no vendrán nunca. Cuando aplaude la gente, hay que tener mucho cuidado. Como cuando el general victorioso que entra en Roma y todo el mundo lo ovaciona, el esclavo le susurra: "Acuérdate que eres mortal". Y eso es mucho decir. A veces un aplauso es peligroso. El aplauso no es una certificación de nada. Hay gente que es muy aplaudida y muy poco talentosa; hay gente muy aplaudida y muy talentosa; hay gente poco aplaudida y muy talentosa y finalmente hay gente poco aplaudida y poco talentosa. Frente al aplauso hay que ser cauteloso porque puede ser un aplauso inmerecido como hay tantos. Como el caso de estos premios que han dado ahora, los "Martín Fierro"...Bueno, yo he tenido la suerte de sacármelo y utilizo intencionalmente la expresión "sacármelo" como quien dice "me saque un perro en una kermesse". Yo veo después la lista de premiados y me pregunto ¿será este un aplauso merecido como en el caso de algunos o inmerecido como en el caso de tantos otros?, no lo sé. Entonces, ¿qué conclusión saco yo de haber obtenido el Martín Fierro?, absolutamente ninguna. ¿Qué conclusión saco yo de que me aplauda un tipo, o dos, o quince?, ninguna. Ojalá sea merecido el aplauso, ojalá sea merecido el premio. Pero eso tendremos que indagarlo en otros foros.
Fuente: www.megafon.dialogica.com.ar

ENTREVISTA DOLINA VIII

Alejandro Dolina

Un filósofo errante que aseguró que su vida está encaminada hacia la mujer y hacia el amor. Las mujeres que amé y que he tenido la suerte de que me amaran, o de creer que me amaran, ha sido lo más importante que me ocurrió en la vida. Confesiones de un experimentado seductor que sitúa su pasión por el arte y el conocimiento en un lejano segundo lugar luego de la belleza psicofísica que revelan ciertas muchachas.

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¿Las mujeres guardan secretos o simplemente se hacen las misteriosas?

Yo no creo que exista una homogeneidad en el género femenino. Me imagino a la mujer actuando de manera unívoca. Según Oscar Wilde la mayoría de las mujeres eran esfinges sin secretos. Es decir que adoptaban una actitud misteriosa, pero en realidad todo se reducía a una apariencia. Yo me limito a citar a Wilde, pero en cualquier caso urgido a contestar, diría que he visto otras cualidades con mas frecuencia en la mujer. De hecho, en el amor, este ejercicio de la reserva, se ve rara vez. En general, las personas todas y las mujeres entre ellas tienden a despejar rápidamente cualquier incógnita. El mundo actual no tiene paciencia para la reserva y para el misterio, exige rápidamente respuestas.

¿Estos misterios eran utilizados para seducir?

Podría serlo en otra época, pero hoy, hay una tendencia universal a la publicación de los sentimientos más íntimos. Lo que antes era un secreto y no se confiaba ni siquiera a su diario íntimo, ahora es pasto de los medios de comunicación. La gente no tiene vergüenza de ir a un programa de televisión a confesar sucesos de naturaleza tan íntima. Aquel carácter inexpugnable que tenía el alma de la mujer ha desaparecido. Yo recuerdo que en mis primeras experiencias con la mujer me produjeron una enorme intriga. Eran otros tiempos. Yo tenía mucha curiosidad acerca de lo que pensaba de mí esta o aquella chica, con quién soñaría en su cuarto, a quién nombraría secretamente en las noches. Ahora eso ya no es secreto. Yo no digo que esto sea mejor o peor, digo que ya no está entre nuestras costumbres el ocultar demasiado ciertas cuestiones de naturaleza íntima.

¿En este momento cuáles serían las armas de seducción de las mujeres?

Son armas ostensibles. Ya no son armas de guerra fría sino de batalla frontal. En general, son la belleza y la audacia. Con los años, ciertas armas empiezan a mellarse. La espada de la belleza hace menos daño y se empiezan a buscar nuevas armas que, sin duda, son menos eficaces. Yo creo que en esta época, las batallas de amor son muy frontales, cruentas y terribles. Te dejan herido sin el menor escrúpulo. No queda ni siquiera ese código de honor de la caballería, los muertos ruedan por el suelo, y las huestes bisoñas van desalojando el campo de batalla aquellos veteranos gloriosos.




¿Se muere de amor?

Yo no sé si se muere de amor pero sí se experimentan sensaciones que son parecidas a ella. Lo contrario de la muerte no es la vida sino el amor. No hay momento que uno se sienta más lejos de la muerte que en el momento cúlmine del acto amoroso. Allí uno es inmortal, por ese ratito uno es inmortal.

¿Por qué las mujeres a veces mienten en ese momento?

Porque el fracaso del hombre es más evidente y, además, es contagioso.

¿Qué pasa con la infidelidad femenina?

Ahora es más frecuente la infidelidad femenina simplemente porque... simplemente no, complejamente porque hay una serie de factores concurrentes. El primero es un relativismo moral según el cual nada está del todo bien ni del todo mal. En la década del '30, la esposa infiel era un asunto de muerte. Hoy en día no, son cosas que suceden. Pero también todos nos hemos hecho cargo de que el amor termina, a pesar de que algunas instituciones estén construidas como si el amor fuera eterno. Sucede muy frecuentemente que el amor termina, que es el objeto de nuestro amor y deseo varía, sin embargo, se vive en una sociedad que todavía está estructurada pensando en amores eternos, entonces, veremos mujeres casadas con hombres a los que ya no aman. Considero que está mal la mentira y el daño gratuito, pero no el incumplimiento de promesas porque uno no puede prometer a nadie que lo va a amar al día siguiente. En la naturaleza misma del amor está el no poder ser garantizado.

¿Cómo entendían las mujeres el amor?

Creían que el amor era elegir un hombre para toda la vida. No nos olvidemos que estaba teñida la idea del amor con la idea de bienestar, seguridad, hijos, familia. Hoy en día, la idea del amor es más amplia y la idea del matrimonio es más débil. Entonces, habiendo otras puertas amorosas que no conducen al matrimonio, es natural que el modo de pensar de la mujer al respecto haya variado muchísimo.

¿La mujer busca igualar al hombre?

No, no es así. Yo creo que la mujer tiene su propio mundo a desarrollar, en el que los halgos, gustos y placeres son esencialmente diferentes a los del varón. Para no hablar de las diferencias estrictamente físicas, ante un hijo, la mujer reacciona de una manera y el hombre de otra. Por ese motivo, el pensar que la mujer se va a realizar cuando consiga hacer aquello que hace el hombre me parece una pobre idea de la femineidad. Lo que sí creo es que ciertamente el hombre ha recibido algunos privilegios jurídicos, laborales y económicos que ya sería tiempo que desaparecieran. Quiero señalar que hubo épocas en las que hubiera sido inconcebible la mera descripción de nuestra sociedad patriarcal. La Europa anterior a las invasiones arias era una Europa matriarcal. Las mujeres dominaban, imponían la ley. El papel del hombre estaba reducido a los actos indispensables para la reproducción. Incluso la religión tenía imagen femenina, la adoración de la Luna y de la triple diosa madre-doncella-bruja.

¿Qué lugar ocupan los movimientos feministas?

Son una reacción de rebeldía exagerada porque sólo dicen que la mujer es capaz de ser tan inteligente como el hombre sino que llegan a decir que la mujer es más inteligente que el hombre. Por tanto, ejercen lo mismo que combaten.

¿Se llegará a un momento de equilibrio de poder?

No lo creo. Los maniqueos decían que lo que le daba movimiento a la historia era la lucha, y para que exista la lucha, tiene que haber alguien que permanezca sobre el otro. Así, el equilibrio podría llegar a señalar el fin de los tiempos. La vida es desequilibrio.
Textos: Alejandra Davidziuk.

ENTREVISTA DOLINA VII

"Las mejores mujeres me rechazan olímpicamente"

¿Qué cosas modifica el éxito?

A mi me ha cambiado muchísimo la vida. Hay circunstancias artísticas que pierden eficacia si uno no las sostiene con una conducta fuera del micrófono. A veces, lo ético y lo estético marchan parejos. Algunos artistas pueden hacer lo que quieren cuando terminan con su trabajo. Otros no. Lamentablemente, yo estoy encuadrado en el segundo caso. Si fuera un vendedor de autos, lo que digo frente al micrófono perdería eficacia. No es que yo salga a la calle y sea como Maradona, pero por ahí algún tipo me saluda. La reacción con la gente modifica la vida de uno.


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Y vos, ¿disfrutás del reconocimiento?

El reconocimiento se disfruta mientras no aparezca ninguna morbosidad

¿Y qué sería una morbosidad?

Que te venga a tocar el timbre alguna señorita.

¿Te pasó?

Alguna vez. Si la señorita es fea, es una morbosidad (risas). Si es linda, es una gran noticia. La belleza de la protagonista modifica el carácter de la historia.

Un artista que es reconocido, ¿tiene la obligación de ser cariñoso con la gente que se le acerca?

No sé si cariñoso, pero sí amable. Yo he visto muchas personas que tienen una hermosa sonrisa hasta que la cámara deja de enfocarlas y después rechazan al público. Me parece que es obligatorio saludar a la gente porque uno vive de eso, ¡dejáme de embromar!

Pero algunos personajes populares se quejan cuando tienen que trabajar de figuras públicas.

Yo desconfío de los que buscan privacidad y que, cuando se levantan una mina, se la llevan a la fiesta de una revista. Si uno busca privacidad, hay maneras de hallarla, hay circuitos donde el periodismo no circula.

¿Y qué hace cuando viene una señorita y le toca el timbre?

No es fácil. Me han pasado cosas muy raras. En un hotel de Mar del Plata, se me instaló una señorita. Dijo que era mi mujer y los tipos del hotel la dejaron entrar. Afortunadamente, la descubrió primero el productor. Cuando yo llegué ya la habían desalojado. En este caso no se trataba de una hermosa señorita. Las señoritas hermosas no tienen necesidad (risas).



¿Ninguna necesidad?

No sé. Además proseguir con esta conversación me situaría en la condición de "postulante a tipo que tiene arrastre con las mujeres". Y no hay cosa que le guste menos a las mujeres que el tipo que alardea. No conviene. Me jugaría en contra. Además, para qué ponerme en vivo si de estúpido estoy fenómeno. Yo lo único que puedo decirte es que siempre me han rechazado las mujeres más hermosas del país.

¿Jugar de perdedor da más réditos?

No sé. En cualquier caso es preferible perder con las mejores mujeres que anotarse pequeños triunfos. Eso de conformarse con los triunfos pequeños es para hacerse una extensa carrera de picaflor a las cuatro de la mañana en el bar llamado "Rueda de perdedores". Yo me anoto con las mejores, las cuales me rechazan olímpicamente.

¿Siempre?

Bueno, por algún rato las mejores mujeres del país me han querido. Cuando mirás para atrás, ¿con qué clase de mujer te encontrás? Descubro el gusto por cierto tipo de mujer. Descubro que me gustan las morochas pechugonas...

¿Y qué más?

Que nunca me tomo vacaciones. Yo me aburro durante las vacaciones.

¿Por qué?

Porque me gusta tanto hacer el programa y trabajar que su falta me produce más tristeza que la alegría que pueden depararme las playas de arena blanca y el clima. Siempre estoy inclinado hacia el futuro como un arquero que vuela en busca de penales que ya están en la red. Tal vez vaya de vacaciones cuando termine mi próximo libro, arregle mi vida o no tenga que ir solo.

Pero en los últimos años no estuviste solo.

Es cierto. Pero no han sido amores tan mansos como para pensar en las vacaciones o en tener hijos, por ejemplo.

¿Tienen que ser mansos los amores para pensar en hijos?

Yo creo que sí. Pero no he conocido uno. Para mi, los amores son más profundos cuanto más tumultosos. El amor está siempre detenido sobre una inseguridad. Cuando el amor es seguro, previsible y garantizable, es quizá menos amor. Y a mí me gustan los hijos del amor, los que suceden. "Quedé embarazada, vamos a tener un hijo, celebremos". No me gusta planificar un hijo como si fuera un edificio.



Pero uno supone que la consecuencia de un amor fuerte y movilizante es un hijo.

Puede ser que yo haya sido demasiado grande. Y la otra persona demasiado joven. Uno estaba en primavera, el otro en otoño, y a lo mejor los hijos florecen en verano... Pero la verdad de la milanesa es que, cuando un amor es demasiado apasionado, uno no está pensando en el hijo que vendrá. ¿Qué querés que te diga en el momento cúlmine del amor? ¿lo llamaremos Pirulo y seremos felices para siempre? No. Yo te digo otras cosas (risas). Entre el ápice del sufrimiento y el ápice del goce, no hay tiempo para pensar en que colegio lo vamos a anotar.

Para vos, ¿cuánto dura el amor?

Los grandes amores duran una semana o algunos años, pero nunca ocho meses. Ocho meses es la duración de un amor estúpido. Un amor que no tiene ni el encanto de la fugacidad: "Te conocí pasando por Niza, vivimos un romance de tres días y nunca te olvidé". Ni el encanto de la pertinacia. "Fueron tres maravillosos años o una vida". El amor de ocho meses es una porquería.

¿Y no será una gran pasión?

Si. Pero no tan grande porque a los ocho meses ya se te pasó. Es una calentura burguesa. Una calentura de tipos que no son capaces de encender grandes fuegos. Es un fueguito de pequeñas personas. Cuando me echan a los ocho meses yo digo: "Caramba, ¡debo ser una porquería!" Te lo digo hoy que cumplimos ocho meses (risas).

Pero las relaciones siempre tienen un tiempo de impasse, incluso las fuertes.

Un tiempo suplementario. Hay amores que no se deciden a terminar y no son otra cosa que un largo tiempo suplementario. Viven años de idas, venidas, dudas, acomodamientos, esperanzas, reconciliaciones... Pero, en todo caso, lo peor que puede suceder a un gran amor es que no termine al mismo tiempo para las dos personas. Sería fabuloso, pero no sucede así. Siempre hay alguien que sufre y otro que juega el papel de malo. Las dos cosas son espantosas. Pero peor todavía es vivir las dos situaciones al mismo tiempo. Imaginá este escenario: un hombre abandona a una dama que lo sigue amando porque se ha enamorado de otra dama que lo abandona. Este hombre está sometido a las dos peores tragedias del amor.

¿Por qué suceden estos amores?

No sé porque suceden. Hay incendios que se apagan demasiado pronto. A veces no hay que apurarse a terminar con un amor, porque uno corre el riesgo de prolongar el tiempo suplementario. Cuando uno termina con un amor antes de tiempo, después siente ganas de volver, y vuelve quinientas veces. Pero aquí no se agota el panorama. También hay gente que jamás siente que los que han pasado por su vida se han ido del todo. En mi vida ha habido mujeres tan extraordinarias que, aún desaparecido el amor, uno siente que no tiene derecho a perder un ser querido. Después de todo no puede ser que el miércoles te estés revolcando con una persona, jurando amor eterno, y que el viernes sea un extraño en tu vida.
Reportaje de Clarín - Martes 20 de Abril de 1999 - Suplemento Mujer

ENTREVISTA DOLINA VI

"Las mejores mujeres me rechazan olímpicamente"

¿Qué cosas modifica el éxito?

A mi me ha cambiado muchísimo la vida. Hay circunstancias artísticas que pierden eficacia si uno no las sostiene con una conducta fuera del micrófono. A veces, lo ético y lo estético marchan parejos. Algunos artistas pueden hacer lo que quieren cuando terminan con su trabajo. Otros no. Lamentablemente, yo estoy encuadrado en el segundo caso. Si fuera un vendedor de autos, lo que digo frente al micrófono perdería eficacia. No es que yo salga a la calle y sea como Maradona, pero por ahí algún tipo me saluda. La reacción con la gente modifica la vida de uno.


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Y vos, ¿disfrutás del reconocimiento?

El reconocimiento se disfruta mientras no aparezca ninguna morbosidad

¿Y qué sería una morbosidad?

Que te venga a tocar el timbre alguna señorita.

¿Te pasó?

Alguna vez. Si la señorita es fea, es una morbosidad (risas). Si es linda, es una gran noticia. La belleza de la protagonista modifica el carácter de la historia.

Un artista que es reconocido, ¿tiene la obligación de ser cariñoso con la gente que se le acerca?

No sé si cariñoso, pero sí amable. Yo he visto muchas personas que tienen una hermosa sonrisa hasta que la cámara deja de enfocarlas y después rechazan al público. Me parece que es obligatorio saludar a la gente porque uno vive de eso, ¡dejáme de embromar!

Pero algunos personajes populares se quejan cuando tienen que trabajar de figuras públicas.

Yo desconfío de los que buscan privacidad y que, cuando se levantan una mina, se la llevan a la fiesta de una revista. Si uno busca privacidad, hay maneras de hallarla, hay circuitos donde el periodismo no circula.

¿Y qué hace cuando viene una señorita y le toca el timbre?

No es fácil. Me han pasado cosas muy raras. En un hotel de Mar del Plata, se me instaló una señorita. Dijo que era mi mujer y los tipos del hotel la dejaron entrar. Afortunadamente, la descubrió primero el productor. Cuando yo llegué ya la habían desalojado. En este caso no se trataba de una hermosa señorita. Las señoritas hermosas no tienen necesidad (risas).



¿Ninguna necesidad?

No sé. Además proseguir con esta conversación me situaría en la condición de "postulante a tipo que tiene arrastre con las mujeres". Y no hay cosa que le guste menos a las mujeres que el tipo que alardea. No conviene. Me jugaría en contra. Además, para qué ponerme en vivo si de estúpido estoy fenómeno. Yo lo único que puedo decirte es que siempre me han rechazado las mujeres más hermosas del país.

¿Jugar de perdedor da más réditos?

No sé. En cualquier caso es preferible perder con las mejores mujeres que anotarse pequeños triunfos. Eso de conformarse con los triunfos pequeños es para hacerse una extensa carrera de picaflor a las cuatro de la mañana en el bar llamado "Rueda de perdedores". Yo me anoto con las mejores, las cuales me rechazan olímpicamente.

¿Siempre?

Bueno, por algún rato las mejores mujeres del país me han querido. Cuando mirás para atrás, ¿con qué clase de mujer te encontrás? Descubro el gusto por cierto tipo de mujer. Descubro que me gustan las morochas pechugonas...

¿Y qué más?

Que nunca me tomo vacaciones. Yo me aburro durante las vacaciones.

¿Por qué?

Porque me gusta tanto hacer el programa y trabajar que su falta me produce más tristeza que la alegría que pueden depararme las playas de arena blanca y el clima. Siempre estoy inclinado hacia el futuro como un arquero que vuela en busca de penales que ya están en la red. Tal vez vaya de vacaciones cuando termine mi próximo libro, arregle mi vida o no tenga que ir solo.

Pero en los últimos años no estuviste solo.

Es cierto. Pero no han sido amores tan mansos como para pensar en las vacaciones o en tener hijos, por ejemplo.

¿Tienen que ser mansos los amores para pensar en hijos?

Yo creo que sí. Pero no he conocido uno. Para mi, los amores son más profundos cuanto más tumultosos. El amor está siempre detenido sobre una inseguridad. Cuando el amor es seguro, previsible y garantizable, es quizá menos amor. Y a mí me gustan los hijos del amor, los que suceden. "Quedé embarazada, vamos a tener un hijo, celebremos". No me gusta planificar un hijo como si fuera un edificio.



Pero uno supone que la consecuencia de un amor fuerte y movilizante es un hijo.

Puede ser que yo haya sido demasiado grande. Y la otra persona demasiado joven. Uno estaba en primavera, el otro en otoño, y a lo mejor los hijos florecen en verano... Pero la verdad de la milanesa es que, cuando un amor es demasiado apasionado, uno no está pensando en el hijo que vendrá. ¿Qué querés que te diga en el momento cúlmine del amor? ¿lo llamaremos Pirulo y seremos felices para siempre? No. Yo te digo otras cosas (risas). Entre el ápice del sufrimiento y el ápice del goce, no hay tiempo para pensar en que colegio lo vamos a anotar.

Para vos, ¿cuánto dura el amor?

Los grandes amores duran una semana o algunos años, pero nunca ocho meses. Ocho meses es la duración de un amor estúpido. Un amor que no tiene ni el encanto de la fugacidad: "Te conocí pasando por Niza, vivimos un romance de tres días y nunca te olvidé". Ni el encanto de la pertinacia. "Fueron tres maravillosos años o una vida". El amor de ocho meses es una porquería.

¿Y no será una gran pasión?

Si. Pero no tan grande porque a los ocho meses ya se te pasó. Es una calentura burguesa. Una calentura de tipos que no son capaces de encender grandes fuegos. Es un fueguito de pequeñas personas. Cuando me echan a los ocho meses yo digo: "Caramba, ¡debo ser una porquería!" Te lo digo hoy que cumplimos ocho meses (risas).

Pero las relaciones siempre tienen un tiempo de impasse, incluso las fuertes.

Un tiempo suplementario. Hay amores que no se deciden a terminar y no son otra cosa que un largo tiempo suplementario. Viven años de idas, venidas, dudas, acomodamientos, esperanzas, reconciliaciones... Pero, en todo caso, lo peor que puede suceder a un gran amor es que no termine al mismo tiempo para las dos personas. Sería fabuloso, pero no sucede así. Siempre hay alguien que sufre y otro que juega el papel de malo. Las dos cosas son espantosas. Pero peor todavía es vivir las dos situaciones al mismo tiempo. Imaginá este escenario: un hombre abandona a una dama que lo sigue amando porque se ha enamorado de otra dama que lo abandona. Este hombre está sometido a las dos peores tragedias del amor.

¿Por qué suceden estos amores?

No sé porque suceden. Hay incendios que se apagan demasiado pronto. A veces no hay que apurarse a terminar con un amor, porque uno corre el riesgo de prolongar el tiempo suplementario. Cuando uno termina con un amor antes de tiempo, después siente ganas de volver, y vuelve quinientas veces. Pero aquí no se agota el panorama. También hay gente que jamás siente que los que han pasado por su vida se han ido del todo. En mi vida ha habido mujeres tan extraordinarias que, aún desaparecido el amor, uno siente que no tiene derecho a perder un ser querido. Después de todo no puede ser que el miércoles te estés revolcando con una persona, jurando amor eterno, y que el viernes sea un extraño en tu vida.
Reportaje de Clarín - Martes 20 de Abril de 1999 - Suplemento Mujer

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