28 jul. 2010

Nota a Alejandro Dolina en el Diario Los Andes de Mendoza


Alejandro Dolina: “Un público no exigente es un peligro”


Hoy el conductor llega para ofrecer, en el Independencia, “La venganza será terrible” en vivo para todo el país


“Crónicas del Ángel Gris”.
“Refutación del regreso”. En algunos fragmentos, caprichosamente extraídos para activar el clima de una charla deliciosa, el narrador dice: “No hay sueño más grande en la vida que el Sueño del Regreso. El mejor camino es el camino de vuelta, que es también el camino imposible. Los Hombres Sensibles de Flores, en sus nocturnas recorridas por las calles del barrio, planeaban volver (...). Volver fue para ellos la aventura prohibida. (...)”.

Hoy y mañana el territorio no será el Barrio de Flores, sino el Teatro Independencia, Mendoza: lejos de la pieza de Manuel Mandeb -exquisito personaje de su libro- o de la calle Gavilán -citada en “Refutación del regreso”-. Pero para Alejandro Dolina será un “como si...” porque “al fin de cuentas, todos los destinos se parecen”, refiere.

Y como Hombre Sensible de Flores estuvo planeando volver, para disfrutar del “modesto regreso” a Mendoza. “Hace un par de años que no voy”, masculla mientras saca cuentas. Los mendocinos lo sabemos; porque, cuando viene, es acontecimiento y, cuando no está, vuelve a esperárselo.

Ahora lo trae, como en otras ocasiones, la idea de derramar éter desde nuestro teatro hacia el país y un poco más allá. Lo hace cada día, desde hace más de 20 años (de lunes a jueves, a la 0, por Radio Nacional).

Y esta forma inusual de conexión que requiere público en carne y hueso, y audiencias esparcidas, ha adoptado forma de programa radial; aunque es también muchas otras cosas: un atado de pensamientos que palpitan en la mesa de café, historias posibles o imposibles, música para entibiar palabras, ocurrencias variadas. ¡En fin! es “La venganza será terrible”, que se emitirá en vivo desde nuestra sala mayor.

Pero a Alejandro Dolina le gusta jugar con palabras, crear con ellas tangos, canciones, relatos, novelas, charlas amables, tesis a ser refutadas. De ahí es que su presencia abonará la descripción de “La literatura del Bicentenario” (charla gratuita, mañana).

“Hace mucho que no volvías”,
reafirmamos. Y allí, soltamos nuestra primer pregunta:

-¿Habrá algo especial en esta nueva llegada?

-Lo especial es Mendoza, nosotros vamos con lo mismo de siempre, que se transforma cuando va a otros lugares; porque es venturoso hacer esta clase de visitas: el programa cambia, hay cierta luminosidad.

-¿Ves algo especial en Mendoza?

-Sí. En principio diría que la belleza del ámbito influye; pero, además, Mendoza tiene una demografía tan favorecida (sonríe), que parece diseñada para que nosotros seamos felices haciendo el programa.

Y el público que es calificado, y consciente de su calificación; que no aplaude a tontas y a locas. Uno prefiere estos públicos, que son más exigentes.

-¿Por qué?

-Porque permiten que uno sepa que no es la cortesía lo que debe hacerlos aplaudir fervorosamente. Un público no exigente es un peligro para un artista.

-¿En qué sentido?

-Te hace creer que hay un aval cuando solamente te están saludando.

-A ver, ¿cómo es eso?

-Es una costumbre. Hay públicos que juegan a ser fervorosos. En cierta ocasión me tocó acompañar a un cantante español. Él hizo su show, bastante bien, y la gente empezó a pedir bises de manera desmedida e interminable.

Y el tipo se creyó que ese espectáculo había sido estupendo, porque ese aplauso era una circunstancia extraordinaria. Pero ningún público, en su sano juicio, hace eso. Ahí, en ese teatro, el público tenía esa costumbre.

Dudamos... Acaso Alejandro acaba de soltarnos una anécdota real, o una que es fruto de su afición a improvisar historias con tonos poéticos. Para constatar, volvemos a las preguntas.

-¿Has tenido alguna vez un público extremadamente fervoroso?

-Me ha pasado, pero no me lo creo. Por suerte es un programa (“La venganza...”) que tiene ciertas urgencias, y no hay tanto tiempo para aplausos kilométricos; porque el programa termina.

El público nuestro comprende el código que requiere un fervor intenso, pero no duradero. A los públicos que vienen con “premio-fervor”, se les nota: cuando empiezan a reírse aunque uno no diga nada.

Reímos, claro. Parece una broma... quizás lo sea; quizás no.

-Y uno puede justificar el hecho de que ese fervor se deba a la alegría del encuentro, pero que se festeje algo que uno preferiría no haber dicho es tedioso.

-¿Alguna vez te han dicho que bien podrías ser el “Woody Allen de las pampas argentinas”?

-Ojalá así fuera. Woody Allen es un modelo a seguir, lo disfruto como espectador: esa idea de examinar la condición humana con herramientas tan particulares... Interrumpimos.

-¿Acaso vos no hacés eso?

- Soy consciente de que busco algo parecido.

En letras de molde

En el ‘88 el “Negro” Dolina publicó su primer libro (que aquí citamos): “Crónicas del Ángel Gris”; para luego aumentar esa edición con más relatos en 1996.

Tres años más tarde llegó “El libro del fantasma”; en 2002, “Radiocine” (recopilación de historias musicales para la radio); y en 2005, el “Bar del infierno”. Esta última edición llegó junto a Planeta, para quien ahora está escribiendo su próxima idea.

-¿Y cómo vas?

- Por la mitad. (se ríe) En realidad engaño a mis editores porque estoy más atrasado de lo que ellos creen.

-¿Por dónde viene el libro?

- Es una novela, es la primera vez que encaro el género.

-¿Y cómo es?

-No sólo es larga sino también gruesa. Se ataca al lector con varias historias que vienen desde el pasado, y que van encontrándose en el Barrio de Flores (“una vez más”, acota casi con la resignación de los Hombres Sensibles).

Allí ha aparecido una misteriosa niebla densa, permanente, que impide que uno se perciba tal cuál es. Esta niebla es la inherente a nuestra condición humana, claro. Y es también el centro de convergencia de múltiples historias y numerosos errores. Está la idea de que hablamos con uno y es como si habláramos con otro.

Quiebra el hilo de la charla, y reflexiona: “todos los destinos se parecen, en esa sensación de final”. Sigamos.

-Hay una aparición de viejos personajes del barrio del Ángel Gris, que están como invitados especiales. Pero los personajes principales son el dueño de un pequeño cabaret: se llama Ferenski y ha sido alquimista en otra vida; una mujer que aparentemente es la más bella del mundo y, por supuesto, encontrarse con ella implica la muerte; hay unos conspiradores contra el libro que tratan de falsificar capítulos, tachan, incorporan comentarios desdeñosos en los márgenes, hacen rectificaciones.

-¿Está allí concentrado todo tu universo poético?

-Sí. Pero es un estilo más complejo, más áspero, no tan gracioso. Está escrita con cinismo. Todos esos personajes van avanzando hacia un día del fin del mundo, anunciado por un ciego que anda por el barrio, y resuelven pasar esa noche por una orgía ritual; esperando el fin.
Él: Hombre Sensible

-¿Qué fue primero: la música, la escritura o la radio?

-El escribir empezó primero. Después la música y, la radio, es una consecuencia de esa mezcla. Así empezó la articulación de esas modestísimas destrezas: el narrador, el músico; y un poco de actor que lo hace al modo de aquel juglar que narra.

-¿Y tu relación con la música cómo es?

-He escrito mucho, y tocado también; pero no he tenido tanta continuidad. Diría que porque tengo tanto trabajo que no podría hacerle frente a una carrera de músico consecuente. Por eso compongo, que es lo que se puede hacer con intervalos.

-En “La venganza...” está tu hijo...

Con entusiasmo se lanza a contarnos que Ale Dolina -su hijo- vino a Mendoza con su sexteto vocal. “Suena muy bien: hacen un show muy lindo, muy simpático. A un sexteto vocal si no se le incorpora gracia teatral... Pero ellos le han encontrado la vuelta géneros y desarrollos”
Volvemos a quiénes lo acompañan en “La venganza...” este fin de semana.

-Sí. Ale está cantando con nosotros. También Manuel Moreira y mi otro hijo Martín; que además me está ayudando muchísimo en la tarea de escribir guiones.

-Hablando de guiones... ¿se viene por Canal Encuentro una serie escrita por vos y dirigida por Campanella?

-Sí. Terminamos los guiones, ya está en preproducción. Empezamos a fines de agosto, o principios de setiembre, a rodarla. Se estrena este año y son 13 capítulos.

-¿Cómo ha sido la experiencia con Campanella?

-Lo digo sin soberbia: me he encontrado con algunos directores en el teatro, como Pompeyo Audivert, con los que he sido feliz trabajando. Y lo digo con respeto: no he tenido la mejor experiencia, en cambio, en televisión.

A lo mejor es por el sistema que ordena el trabajo: esa medida en horas y minutos que los lleva a que no estén muy interesados en la perfección. Pero me encontré con Juan (Campanella): al que uno le lleva un texto mediocre y lo convierte en extraordinario. Y, además, es una gran persona, encantadora.

-¿Quién buscó a quién?

-Hace algunos años nos habíamos encontrado. Hablamos varias veces, hasta que surgió esto de Encuentro. Es un falso documental sobre programa de tele que no existió nunca.

Se ríe. Y la charla podría continuar años, por su calidez y disposición a la retórica. Pero no es prudente intentarlo. Más sano será dejar flotando palabras para retomarlas esta noche allá: en el Independencia.


Nota de  losandes.com.ar
por Por Patricia Slukich
Viernes 23 de julio de 2010

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