28 nov. 2007

Dolina: ángeles y demonios

Las 10 preguntas


Escritor, periodista, músico, actor y conductor de programas de radio y televisión, dueño de un estilo en el que conviven la mitología griega y el barrio porteño de Flores, melancolía y buen humor, aplaude a Borges, García Márquez, Mailer y Kundera. Cuenta por qué lee y relee a los estructuralistas y a Karl Popper. Y confiesa: “Yo escribo aterrorizado”.

Alejandro Dolina nació en Baigorrita, Buenos Aires, y se crió en Caseros. Estudió Derecho, Historia, Letras y Música. Su ciclo radial La venganza será terrible cumplió ya más de quince años. También creó comedias musicales: El barrio del Angel Gris, que obtuvo el premio Argentores, y Teatro de medianoche. Publicó Crónicas del Angel Gris, Lo que me costó el amor de Laura, El libro del fantasma y Bar del infierno. En el ’91 ganó el Konex al mejor conductor y en 2001 fue declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires.

—¿Cuál es el primer libro que recuerda haber leído?

—De inmediato recuerdo los cuentos de Oscar Wilde, El príncipe feliz o El ruiseñor y la rosa. Quizá ni siquiera los leí yo la primera vez, me los leyó mi madre. Los recuerdo por antiguos, por lejanos y por recurrentes.

—¿Cuál es su autor favorito vivo?

—Es difícil porque los autores suelen morirse sin dar aviso. José Saramago y Norman Mailer, quien escribió esa novela estupenda que no tuvo mucha suerte: Noches de la antigüedad. Milan Kundera, García Máquez y uno más: Steven Millhauser, autor del formidable El lanzador de cuchillos y otros cuentos.

—¿Qué libro se llevaría a una isla desierta?

—Si valen las obras completas, sin dudas, las de Borges. Si no, ensayos. La ficción releída, sin sorpresa, puede perder gracia mientras que el ensayo puede hacernos aprender algunas destrezas. Serían ensayos de Octavio Paz. ¡Pero qué descabellado este argumento acerca de que releer ficción puede no resultar tan bueno! Es como pensar que en la literatura sólo se busca el asombro, cuando tantas veces uno lee para que ocurra algo esperado.


—¿Cuál es el último libro que leyó o que está leyendo en este momento?

—Es de un científico catalán, Jorge Wagensberg, y se llama Ideas para la imaginación impura. Pero recomendaría otro de ese autor: Ideas sobre la complejidad del mundo. Hace poco leí Borges, de Bioy Casares. Unas 1.600 páginas en tres noches. Conocía algunos secretos que aparecen en ese diario, y creo que por eso tenía también un interés parecido al chismoso de barrio.

—¿Qué libro reciente no pudo terminar de leer?

—Ninguno de Tolkien. Tal vez a causa de mis incompetencias como lector. A veces un libro no es para uno.

—¿Qué libro quisiera releer pronto?

—Releo, tal vez para rellenar amplias lagunas de conocimiento, los de Roland Barthes, Pierre Bourdieu y todos los del estructuralismo, sus padres y sus hijos.

—¿Cuándo escribe?

—Cuando no hay más remedio, cuando tomé obligaciones y agoté las excusas. Escribir me resulta doloroso, especialmente en los momentos iniciales, cuando todo es dudas y arrepentimientos. Dicto a mis colaboradoras, a mi hijo, a amanuenses calificados que me llaman la atención sobre errores inmediatos y que me ayudan a eludir la pereza y a sentir que estoy hablando a alguien. Me gustaría escribir de noche pero no puedo porque tendría que hacerlo solo, así que lo hago al atardecer.

—¿Quién debería ser el próximo Nobel?

—... Mailer, que siempre está peleado con todo el mundo.

—¿Cuáles son sus rituales o supersticiones a la hora de escribir?

—Más que rituales o supersticiones, son temores fundados. Yo escribo aterrorizado, pensando que lo que escribo forma parte de un camino equivocado que habrá de desandarse. A veces llevás cincuenta páginas y te das cuenta de que te has metido en un berenjenal y no hay más remedio que abandonar. Es casi una desgracia. Otra cuestión: Stendhal, creo, leía el código de Napoleón en busca de precisión; yo leo a Borges y Karl Popper por la misma razón. Y tengo la sensación de estar copiando no lo que dicen sino una destreza, un mecanismo, una economía.

—¿Cuál es su comienzo favorito de la literatura universal?

—“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos...”, de Historia de dos ciudades, de Dickens. El del Quijote también está fenómeno, igual que el del Facundo o el del Martín Fierro, que invoca a los santos... Está bien eso de empezar teniendo fe, esa creencia de que al pobre escritor se le dicta algo desde afuera.

Fuente: Diario Perfil.com
16-06-2007

2 comentarios.:

Anónimo dijo...

Ignacio; me dijeron que salió
otro reportaje en la revista
OLE, sabés algo? Este me gustó
mucho. La oferta del monumento
sigue en pie.
Saludos.

Ignacio dijo...

Hola! Si, gracias por el aviso, la busqué y la publiqué, es bastante divertida. Gracias y saludos.

Ignacio

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