25 feb. 2010

Dolina hará el programa desde su casa

"Estoy mas o menos bien"
Fueron las palabras del Negro Dolina en una breve aparición telefónica antes de comenzar esta noche la emisión de un nuevo programa grabado. Confirmó lo que se venía diciendo desde la radio estos últimos días, que está padeciendo un pequeño problema de salud que le impide realizar el programa en vivo desde el Auditorio de Radio Nacional.

Pero aprovechó la comunicación telefónica para invitar a todos los oyentes de "La venganza," a escuchar este jueves y viernes el programa, que realizará y se emitirá en vivo desde su propia casa.

Desde la semana pasada, en el horario de La venganza será terrible se emite un programa grabado. En realidad es una mezcla de dos o tres programas, que se repite desde que el problema de salud del Negro comenzó. Entonces, para evitar escuchar siempre un programa grabado, "haremos el programa desde mi casa" dijo Dolina en su breve aparición telefónica de esta noche.

No es la primera vez que Dolina hace el programa desde su casa, ya hace mucho años, también afectado por un pequeño problema de salud, realizó el programa desde su casa. En aquella ocasión, si mal no recuerdo, los hizo solo. Esta vez, según anunció el propio Dolina, el programa lo realizará con los integrantes del programa.

23 feb. 2010

Alejandro el grande: Nota sobre Alejandro Dolina en Página 12

Una larga e interesante nota sobre alejandro Dolina publicada el domingo pasado en la sección Radar del diario Página 12.

Alejandro el grande



Hace casi 20 años que conduce La venganza será terrible, el programa que ya es un mito: el más escuchado de la noche, sin duda iniciático y entrañable para sus oyentes. Acaba de mudarse con su equipo a Radio Nacional, al mismo tiempo que reedita Lo que me costó el amor de Laura, una opereta criolla agotada hacía años, en la que participan artistas como Mercedes Sosa, Sandro, Joan Manuel Serrat, Horacio Ferrer, Les Luthiers y Ernesto Sabato. Además, está escribiendo una extensa novela, y sigue ubicándose en un lugar tan popular como marginal, desde el que observa con lucidez el campo cultural, la coyuntura política y sus múltiples mediaciones. En esta entrevista con Radar Alejandro Dolina habla de Borges, de por qué la presencia del público es fundamental para su programa, por qué le interesan tanto el tiempo y el amor, y qué significa para él vivir intensamente.



Por Natali Schejtman
“La venganza será terrible es menos divertido de lo que era antes, pero también es más complicado, más complejo. Es, a lo mejor, menos gracioso que cuando empezamos con Adolfo, porque era todo nuevo entonces. Ahora el código no es nuevo. Incluso hay que vulnerarlo: antes era un código que vulneraba el código general, ahora es un código que nosotros mismos tenemos que vulnerar.”

No todos tuvieron la suerte de haber sido contemporáneos al momento activo de Borges. Alejandro Dolina tuvo ésa y otra suerte más: no sólo era su joven y asiduo lector sino que también fue el único colado permitido en una serie de selectísimas entrevistas radiofónicas que llevó a cabo Antonio Carrizo, para después recopilarlas en el libro Borges el memorioso. Al joven Dolina lo dejaban entrar, gracias a un organizador que lo tenía en simpatía. El plantel era mínimo: estaban el escritor Roy Bartholomew, amigo de Borges, que lo acompañaba y lo traía de la casa; Carrizo y Carlos Rey, el productor. “Todos encerrados ahí, todos los días durante un mes. Y era una entrevista de Carrizo, no era que preguntaba cuál era su color preferido. El tipo por ahí empezaba a recitar sus propios versos y comentaba cada línea y explicaba por qué era esa línea y no otra y cómo pudo haber sido, y por qué estaba mal y cómo él después la había modificado.” Esas eran las entrevistas. Después venía la tertulia: “Tuve la ocasión de conocer después de cada grabación a un Borges muy simpático, muy decidor, muy gracioso. Siempre muy amable. Le gustaban mucho los versos puercos, siempre citaba alguno. Decía cosas como: ‘Parado en las cinco esquinas / con toda mi complacencia, / por ver si te rompo el culo / voy haciendo diligencia’. Es curioso: creo que había un dejo de demagogia en Borges, es raro advertir eso en Borges. Con nosotros él tenía alguna deferencia, como la de permitirse hablar directamente mal de la obra de algunos escritores, cosa que él solía no hacer públicamente. Nos decía siempre después del reportaje: ‘Bueno, ahora que estamos entre amigos, escuche ese verso’. Y recitaba un poema de alguien que no voy a nombrar –si él tuvo la prudencia de no hacer pública su opinión, yo también la voy a tener–. Entonces recitaba ese verso y decía: ‘No hay derecho’”.

Tic tac del amor

Disparemos una ilusión: de haber estado vivo, seguramente Borges habría participado en Lo que me costó el amor de Laura, aquella opereta criolla editada en el año ’98 y reeditada en estos días, en la que participan afamadas figuras de la cultura castellana, como Mercedes Sosa, Les Luthiers, Baglietto, Serrat, Sandro y Sabato, con Julia Zenko como Laura y Dolina como el desdichado Manuel, un hombre que sucumbe ante el resplandor de una mujer de dudosa franqueza, quien lo obliga a encontrar una llave para acceder al preciado fruto de su amor. Esa llave no se consigue fácilmente: deberá adentrarse en el Barrio del Dolor y seguir las pistas de los enrarecidos habitantes, que lo guiarán en su búsqueda. Ah, un detalle: a cambio de cada información brindada, Manuel pagará con tres años de su vida. Las paradojas del amor, dicen.

La opereta se agotó inmediatamente después de salir, y se reeditó. Volvió a agotarse, para entonces aflorar en su circulación pirata. Eso, en parte, inspira este relanzamiento. El habla sin euforia o quizá sin el entusiasmo de una obra nueva: “A mí es una obra que me gusta, es curioso porque yo escribí estas canciones y estos textos casi motivado por cuestiones sentimentales. Pasado el tiempo, me parece que la musa se va y la obra queda. Estoy despegado de lo que inspiró esta obra, pero estoy contento, eh. De ambas cosas: de haber vivido un episodio amoroso, sí; de que haya terminado también; y de la obra también”.

Viajando en la máquina del tiempo (ese que desvela metafísicamente al autor) llegamos a finales de los ’90, y podemos reconstruir cómo un Alejandro que había conocido marginalmente a Borges ya era el gran Dolina, y conseguía para su obra musical firmas de las grandes ligas que le arrancaban la vida al pobre Manuel. En el caso de Joan Manuel Serrat, a quien escuchamos como un dulce guardián del barrio, la grabación de su track se realizó en Barcelona. “Yo lo conocía a Serrat. El tenía algunos amigos acá en Buenos Aires a los que visitaba cuando venía. Y creo que había leído algunas cosas de El Angel Gris, y le dijo a alguno de estos amigos en común que por qué no me invitaban a alguna de estas cenas que ellos hacían, y así fue como nos conocimos. Después nos encontrábamos cada vez que él venía. Entonces le pregunté si no quería grabar una canción.” La historia de cómo llegó Sandro es curiosa: “En la época en que él lo grabó estábamos bastante amigos con Sandro, quiero decir, nos veíamos bastante seguido. El estaba aburrido, yo no sé por qué, nunca supe por qué. Entonces me llamaba todas las tardes. Un día me propuso que escribiéramos un espectáculo para José Angel Trelles, que es un cantante fenómeno, después participó en la puesta en escena de la opereta. Entonces nos reuníamos en la casa de Sandro: Pepe Trelles, Sandro y yo para escribir cosas, un espectáculo que quería hacer Trelles, qué sé yo. Escribíamos tres líneas y después empezábamos a hablar macanas. Y después durante una larga época me llamaba todas las tardes, para charlar un rato, para contarme algún cuento, para hacerse pasar por un tipo que tenía un coche muy viejo, fingiendo que yo era el dueño del taller mecánico donde él lo tenía. Siempre empezaba así la charla: ‘Habla el muchacho del Packard’, decía... Estábamos muy aburridos los dos. Entonces, en esa época, justamente yo empecé a grabar las cosas de la opereta y le pregunté si no quería grabar un tanguito que yo tenía; se lo acerqué grabado por Rolón, un poco imitándolo a él. El no estaba tan bien de salud en esa época, tenía algunas dificultades para cantar y lo hizo igual, en un gesto muy amistoso”, cuenta.

El vengador

Al borde del día, Dolina le habla al país, atornillado en su horario diario de 0 a 2. En La venganza será terrible, ciclo que conduce hace alrededor de 20 años y que acaba de hacer pie en Radio Nacional, las elucubraciones sobre temas varios, las preguntas inexploradas y la improvisación picante y sonante se oyen infinitos. Eso va desde canciones sacadas de oído y alteradas en sus letras hasta situaciones representadas en las que de repente los personajes cambian. Se ve que ésa es otra de sus obsesiones: la famosa astucia de la razón, que te puede llevar a sostener una cosa, y también otra. Yendo más lejos, en Las crónicas del Angel Gris, Dolina proponía esa costumbre diatribalera. Decía en “El arte de la discusión en el barrio de Flores” que el círculo de Discutidores Profesionales había logrado tanta locuacidad, que iba por otros barrios para discutir como visitantes, con hinchadas y todo. Pero, claro, la gracia estaba en que de repente había que cambiar de bando. El que defendía la condición independiente de la mujer, agarraba como bastión su innegable y necesario confinamiento a las tareas domésticas. Es fácil rastrear esta fantasía en la parte improvisada de la reunión masculina de cada noche: “Hay algunos recursos que utilizamos que son muy propios de La venganza... el principal de los cuales es la inconstancia de los sujetos, el que empieza siendo el marido termina siendo la mujer, o de golpe el farmacéutico se convierte en su propio cliente, o en medio del asunto volvemos a ser los que hacemos el programa. Eso lo saben todos, es un recurso y un anclaje al que hay que ir”.

Decir que el programa es un clásico sería una frase tan correcta como trillada. Y de paso minimizaría el lugar dinámico que adquiere en el marco del espectáculo argentino. Es, acaso, un lugar parecido al de su mentor y protagonista. Un multiartista filoso en su pensamiento y amoroso en sus divagaciones. Por algo será que muchos adolescentes curiosos obtienen su rito iniciático en la errancia nocturna gracias a su programa. Hasta se podrían encontrar coincidencias entre la mística dolinesca y la que Cortázar vaporiza desde sus libros más emblemáticos. Quizás ambos propongan un mundo lejano, fantástico, romántico, que se convierte en posible en el momento en que ellos lo relatan, donde las historias y cierta rebeldía (que empieza por andar de noche) tienen el color, el sonido y el aroma que podríamos suponer, y están llenos de detalles que desconocemos.
“Durante una larga época, Sandro me llamaba todas las tardes para charlar, para contarme algún cuento, para hacerse pasar por un tipo que tenía un coche muy viejo, fingiendo que yo era el dueño del taller mecánico donde él lo tenía. Siempre empezaba así la charla: ‘Habla el muchacho del Packard’... Estábamos muy aburridos los dos.”

Dolina acaba de mudar su programa de radio después de una inesperada decisión por parte de Radio 10 de no renovarle el contrato, lejos de sus expectativas y a pesar de la consabida enorme audiencia que lo escucha (a tal punto es así que alguna vez una vieja casa del programa repitió emisiones viejas de La venganza, mientras el Dolina del presente hablaba en su nuevo dial). Ahora, en Radio Nacional, Dolina utiliza su viejo Auditorio para ubicar al público, tan parte del programa como los conductores. La vieja radio era así, con orquesta en vivo, pero los estudios modernos fueron perdiendo ese espacio. Eso podría explicar la curiosidad que despertó cuando comenzó con su programa Demasiado tarde para las lágrimas, a mediados de los ’80, con Adolfo Castelo en radio El Mundo, y también, en parte, por qué una empresa puede llegar a pensar dos veces antes de comprometerse a pagar las comodidades espaciales que el público necesita: “Lo que hacemos nosotros es eso, es una función, casi teatral; o sea que sin el público, no hay lo que hacemos nosotros. Es decir, yo podría prescindir de la radio, pero no de público. Lo que estoy tratando de decir es que a lo mejor no es un programa de radio. A lo mejor es una elemental forma de improvisación teatral, que casualmente se transmite por radio. Pero incluso nosotros cuando hacemos nuestras charlas, nuestras canciones, etcétera, nos dirigimos al público que está presente. Estamos pensando en el que está ahí, y miramos al que está ahí y hacemos todo para el que está ahí. Después viene la radio y, como quien transmite un partido de fútbol –mejor sería todavía pensar un concierto–, lleva eso al oyente, pero lo lleva incompleto, por lo que Dubatti llama el convivio, es decir, ese fenómeno de interacción que se produce entre el público y el artista. El público va a ver al artista en acción, eso es lo que va a ver, y eso se pierde en la radio. Quedan los textos, quedan las canciones y queda la imaginación del oyente que dice: ‘Uy, se estarán riendo de algo, un día de estos voy a ver de qué se trata’”.

La reubicación que hace Dolina, conduciendo al programa de radio a la categoría de experiencia, suma mucho al aura del momento. En todos estos años, el programa, por el que pasaron iluminados Stronatti, Jorge Dorio (ahora de vuelta), Gabriel Rolón, Elizabeth Vernaci, Gabriel Schultz y Patricio Barton (actualmente), entre otros, fue cambiando y a la vez afianzándose. Hoy es una opción única en la radio. “No es que uno dice: ‘Mañana vamos a hacer los siguientes cambios’, creyendo que va a cambiar algo. Entonces lo que iba adelante lo ponemos atrás. Cambian todas las cortinas, cambia el nombre también y es lo mismo de siempre, pero armado de distinto modo. Yo prefiero otra clase de cambio. Prefiero que el programa se llame siempre igual, que empecemos de la misma manera, pero que sin embargo digamos todos los días cosas distintas, de distinta procedencia. A lo largo del tiempo se va notando un avance, un retroceso, un cambio de rumbo. El programa es menos divertido de lo que era antes, pero también es más complicado, más complejo. Fue más actoral cuando estuvo Coco Silly, es más musical ahora que están los chicos: Moreira, con mis hijos, con Gillespi. La música es mucho mejor que antes. Es, a lo mejor, menos gracioso que cuando empezamos con Adolfo, porque era todo nuevo en ese entonces, incluso el código, y ahora no. El código no es nuevo. Incluso hay que vulnerarlo, antes era un código que vulneraba el código general, ahora es un código que nosotros mismos tenemos que vulnerar. Es decir, sucede algo parecido a lo que sucede con la historia misma de la novela policial, donde el público se va haciendo cada vez más astuto, entonces los enigmas propuestos tienen que ser también de una mayor complejidad, de una mayor astucia porque, si no, el público lo sabría, o el lector los advierte demasiado rápidamente y ya no tendría gracia. Y por otro lado hay un deseo nuestro de excelencia; no es que consigamos la excelencia, pero tenemos ese deseo de hacerlo bien, de cantar cada vez mejor, de buscar textos cada vez más complejos. Aunque a lo mejor al principio el público los rechace y pida las antiguas gracias, como suele ocurrir.”

En La venganza será terrible pueden pasar de plasmar la recurrencia aceptada a llamar “teoría” a cualquier pensamiento (“yo tengo una teoría: tu tío es pelado”), discutir y divagar en torno de la mitología nórdica o incluso, alguna vez, si bien es un programa que elige no atarse al noticiero, retrucarle a una oyente escandalizada por las declaraciones de Maradona (y por “lo bien que nos hace quedar” ante la prensa mundial) porque él, Dolina, defiende al jugador ante la indignación burguesa (“patética y asqueante”) de personas como esa oyente: “Cipayos provincianos que quieren quedar bien con sus supuestos amos europeos. Yo no tengo ningún interés en quedar bien ante la prensa mundial, no es ésa la obligación que tenemos nosotros. ¡Qué tenemos que quedar bien ante nadie! ¿Ante quiénes? ¿Ante los gobiernos que aniquilan a sus enemigos? ¿Donde está la fiscalía del Universo? ¿Dónde está el reservorio moral de la Humanidad? ¿En los Estados Unidos? ¿En Europa? Déjeme que me muera de risa (...). ¿Qué es esto de enojarse, indignarse y sorprenderse? Lo dice un senador y es un piola. Lo dice Maradona y aparece todo el racismo, todo el desprecio por los pobres, por los que menos tienen; aparecen los muchachos de siempre a indignarse y dicen: ‘Oh, la cultura, la cultura’, ‘nuestro embajador’. ¿Qué embajador? Es Diego Maradona. Los que tienen que ser cultos son ustedes, no él; él tiene que dirigir la Selección de fútbol. No es, qué sé yo, Pancho Ibáñez’”.

Entremozos

Sabato interpreta a un mozo en la opereta criolla Lo que me costó el amor de Laura. El bar Pampa (“el café más sucio y tenebroso de la ciudad”, dice el locutor Marcos Mundstock) es de vital (y mortal) importancia en el desarrollo de la trama. Un bar paupérrimo, donde las bolas tristes de billar no se tocan y las cartas no tienen ningún as. De la mano de la noche, los bares son, como espacios de reunión, discusión y también perdición, un imaginario constante en la mitología urbana de Dolina. Incluso llegó a dedicarle un ciclo entero de TV que luego se convirtió en libro: nadie podía salir del Bar del Infierno, simplemente porque no existía un afuera. Adentro reposaba un Narrador de Historias, confinado a contar un cuento por noche. Un año después apareció el disco Tangos del Bar del Infierno, que fue un espectáculo, y más luego el libro, independiente del programa, una edición proveniente, en realidad, de la copia de un tal Dimas Santángelo, que se quedó con los libros del Narrador, para corregirlos con fines malversadores. Y continúa: en la extensa novela que anida Dolina por estos días, el bar aparecería como un cabaret muy humilde a cargo de un falso alquimista. De paso, Dolina adelanta algo más de la novela (sospechando, pizpireto el mago de la oratoria, que “la verbalización es siempre insuficiente”). Dice que comienza con una niebla, en su ya explorado barrio de Flores: “Una niebla muy densa que aparece todas las noches y en la que se producen un montón de confusiones de vodevil, pero también unas confusiones más pirandellianas, en el sentido siguiente: Pirandello sostenía que es imposible conocer a nadie. La niebla es como una metáfora de la imposibilidad de comunicación. Peor todavía: de la imposibilidad de conocimiento. Peor todavía: de la confusión de nuestras percepciones. Peor todavía: en esa niebla da lo mismo ser cualquiera”. Habrá muchos personajes más –entre ellos, un mozo asesino serial– en un relato que se oye familiarizado con Marechal y Arlt, pero al que hay que esperar encuadernado para descubrir en su complejidad.


La entrañable relación que une a Dolina con los bares (enfatizada por haber utilizado el Café Tortoni como sublime escenario para su programa durante unos cuantos años) pareciera ser consecuente, en sus reversos cómodo e incómodo, con el aspecto diletante, conversador y discutidor del escritor. Es desde este abanico multicromático de opciones que puede disertar sobre una enorme variedad de temas.

Sobre la coyuntura nacional, él, a quien le ofrecieron incluso ser secretario de Cultura (no dice quién, no dice cuándo, dice que no fueron los Kirchner), expone con desazón: “En lo personal sí, ocupa mucho mi pensamiento y contribuye mucho a mi infelicidad. Muy buena parte de la tristeza que yo tengo proviene de la coyuntura política actual, me produce una profunda desazón. ¿Por qué? Por razones que ustedes deberían saber mucho mejor que yo. Se ha producido una manipulación tal de la opinión pública que asistimos al desconocimiento y a la negación de toda política popular que se viniere a emprender, al regreso de fantasmones como el neoliberalismo y el autoritarismo. Pensamientos que hasta hace algunos años algunos no se atrevían a exponer públicamente, ahora son expuestos incluso con orgullo y hasta con cierto glamour. Estoy hablando, por ejemplo, de la pena de muerte, por decir algo: es uno solo entre tantos ejemplos. Eso me preocupa mucho. En lo político, además, ya no se discuten políticas, se discuten gestos, situaciones... Se describe, por ejemplo, la situación del país a partir de una noticia policial. Esa forma de pensar que es absurda, que es ridícula, sin embargo es la más utilizada por el periodismo y por la gente que es influida por el periodista. ‘Mirá cómo estaremos que le afanaron al quiosquero.’ Después se habla de la inseguridad. Entonces la inseguridad está compuesta por los delitos interpersonales. Sin embargo, nadie habla de los delitos sociales, los que cometen por ejemplo las empresas, las quiebras fraudulentas, el saqueo de los bancos. Entonces todo, la sumatoria, tiene un costo social mucho más grande que el que pueden tener los delitos interpersonales. Sin embargo, no se habla de eso. Cito esto como ejemplo de una forma de pensar que es no políticamente incorrecta sino lógicamente incorrecta. Así no se piensa, eso es malpensar. El pensamiento crítico, el pensamiento científico, sigue otros caminos. Entonces cuando yo veo razonar de esa manera a la gente, decir ‘me han robado, lo mejor sería eliminar a todos los ladrones matándolos’, me parece que asisto al renacimiento de la crueldad, del autoritarismo. Pero también veo que ni siquiera esas desagradables ideologías van de la mano de ninguna inteligencia”.

También, entre sus temas favoritos montados a grandes preocupaciones de todas las épocas, aparece el tiempo: “Tengo una preocupación por el tiempo metafísica, no nostálgica. Es la preocupación que según Heidegger tenían los que enfrentaban ese hecho terrible que es que uno se va a morir, ése es el asunto. Pero es una preocupación que es existencial, si vos querés filosófica, pero no nostálgica. Si vos me preguntás cuál es la época más feliz de mi vida, te diría que este momento, el hoy, porque no puede ser de otra manera: cuando uno empieza a ver que el momento más feliz ya pasó, algo malo está sucediendo. Eso es una cosa que uno debe hacer ocurrir naturalmente. ¿De qué manera? Luchando por conseguir lo que uno desea, es el asunto del deseo, si todavía tenés fuerzas para luchar por tu deseo y hacer que cada tanto consigas lo que quieras; estoy pensando en el amor, nada más, no estoy pensando en camionetas. Entonces, el momento de felicidad es el presente. Claro, está el deterioro, y ésa es la preocupación: ¿hasta cuándo podré decir esto que digo hoy? Una amiga me decía, sin embargo, para continuar con la objeción, es decir que en algún momento uno decae, ya no tiene la posibilidad de ser deseado y entonces ya no puede decir esto que digo, acerca de que soy feliz hoy. Me decía esta amiga que después de cierta edad uno ya no puede funcionar como objeto de deseo con la misma intensidad. Un señor se queda pelado, una señora engorda, cosas banales, pero evidentemente el deseo nace, como asegura Octavio Paz, como ya aseguraba Platón, nace con la visión de un cuerpo hermoso, con la visión de algo grato, de un tipo que se mueve y que produce una atracción. Bueno, en algún momento uno deja de producir esa atracción y sobreviene, me decía mi amiga, una especie de sexualidad de segundo orden, erotismo de Primera B, cuando uno no hace sino un ejercicio de resignación. Sin embargo, siempre en la sexualidad y en el erotismo hay un grado de resignación, en todas las edades: si no hubiera esa resignación cósmica, la raza hubiera desaparecido hace mucho. Y funciona así la resignación, funciona casi como un autoengaño. Estaba por citar a Heidegger otra vez, que él decía que había una forma de vivir que no era auténtica y que consistía en estar engañándose todo el día para olvidarse de que uno es mortal. Algo así hay con el que se resigna a estar no con la mujer que más le gusta sino con la que le da bolilla. Y después hace una operación sobre su propio convencimiento para decir ‘no, ésta es la que yo quiero’; ‘éste es el tipo que me gusta’, dice la mujer que ya ha perdido sus encantos, que no tiene más remedio que conformarse con el hombre que no es el que ella soñó. Entonces se acomoda, se resigna, y la estirpe se prolonga. Pero mientras uno pueda evitar la llegada de ese día, uno debe de luchar. Creo que ésa es la lucha: tratar de que la intensidad de nuestra vida –no digo la felicidad: la intensidad, estoy hablando de luchas, también de intensidad política– esté hoy. Tratar de que sea éste el momento más intenso”.

El bar entero aplaude. Y vuelve a perderse en sus copas rotas.

Nota publicad en el diario Página 12 en la sección Radar el Domingo 14 de febrero de 2010.


21 feb. 2010

Alejandro Dolina habla de Lawrence de Arabia - Audio 1994.

Una muy interesante charla sobre la vida de Lawrence de Arabia, con una muy buena reflexión final. Lo acompañan a Dolina, Jorge Dorio, Guillermo Stronatti y Gabriel Rolón. El adudio es de diciembre de 1994.



Thomas Edward Lawrence
, más conocido como Lawrence de Arabia (Tremadoc, Gales, Reino Unido, 15 de agosto de 1888 – Clouds Hill, Inglaterra, Reino Unido, 19 de mayo de 1935), fue un militar, arqueólogo y escritor británico.

Hijo ilegítimo de un aristócrata, creció bajo la influencia de una madre dominante. Estudió lenguas clásicas y arqueología en Oxford y viajó por Francia, donde las fortalezas medievales despertaron su interés por las Cruzadas y las culturas del Próximo Oriente; con este destino partió en 1910 en una expedición arqueológica con el equipo del Museo Británico. Recorrió en bicicleta Siria, Líbano, Palestina y otros puntos de Mesopotamia, lo cual le permitió conocer los pueblos y la lengua árabes. En el yacimiento de Carchemish conoció a Sheik Ahmed, un muchacho de quince años con quien se quedó a vivir, para escándalo de los nativos que trabajaban en la excavación. En 1914, poco antes del estallido de la Primera Guerra Mundial, entró en la Sinai Survey, compañía topográfica dirigida por lord Kitchener, que era en realidad una tapadera del espionaje militar británico, a cuya oficina de El Cairo fue trasladado al cabo de unos meses. Trabajaba en ella cuando dos años más tarde se le encomendó la misión que le abriría las puertas de la leyenda. Fue enviado a la ciudad de Jidda para que convenciera al rey Hussein de que generalizara la revuelta árabe que tímidamente habían comenzado sus hijos Abdullah y Feisal contra los turcos. La corriente de simpatía mutua que se estableció entre él y el emir Feisal fue decisiva para el éxito de su cometido, el cual implicó la ardua tarea de coordinar a las ariscas tribus beduinas. Ascendido a coronel, participó en las operaciones militares árabes, durante las cuales resultó herido varias veces e incluso fue apresado, torturado y vejado por un bey otomano, sin que en la ocasión llegara a revelar su identidad.

Transmitió a los árabes la idea de unidad nacional, al mismo tiempo que apoyaba las acciones del general Allenby: ataque a la línea férrea Damasco-Medina y toma, en julio de 1917, del estratégico puerto de Akaba. Durante el invierno siguiente, Lawrence y los árabes mantuvieron las acciones de apoyo del flanco derecho del ejército de Allenby en Palestina hasta que, el 1 de octubre de 1918, entraron con el general británico en Damasco. Poco después, comprobó que su idea de crear una federación árabe ligada al Reino Unido había quedado abortada dos años antes, merced al tratado Sykes-Picot, por el cual su país cedía a Francia un mandato sobre Siria, reparto que se confirmó en el tratado de paz de Versalles de 1919. Aunque profundamente decepcionado, en 1921 aceptó un cargo en la Oficina de Colonias como consejero de Churchill, a quien asesoró en asuntos árabes y acompañó a Egipto y Palestina. En este cometido, medió entre árabes y judíos y al mismo tiempo contribuyó a consolidar políticamente a Abdullah, hermano de su amigo Feisal, como rey de Transjordania. Poco más tarde decidió retirarse y, rechazando las condecoraciones que quiso concederle Jorge V, se alistó en la RAF bajo el nombre de John Hume Ross. Descubierta su nueva identidad, en 1923 se enroló, también con nombre falso, en una unidad acorazada. Durante dos años sirvió como soldado raso en la India, antes de reingresar en la RAF como mecánico.

Sus vivencias en el desierto las recogió en Los siete pilares de la sabiduría (The Seven Pillars of Wisdom, 1926). Póstumamente se editaron La mina (The mint, 1936) y una recopilación de sus Cartas. El 19 de mayo de 1935 falleció en un accidente de motocicleta al intentar esquivar a dos ciclistas. Sólo Churchill y unas pocas personas más, aparte de sus parientes próximos, supieron que el Thomas Shaw que había muerto en el hospital militar de Wool era el legendario Lawrence de Arabia. (escolar.com)

 
Escudo de armas del Reino Unido con la leyenda "Dieu et mon droit" (Dios y mi derecho)

18 feb. 2010

Entrevista a Gillespi en la revista Rolling Stone - Febrero 2010

Entrevista a Gillespi

El multifacético Marcelo Rodríguez habla de sus virtudes, del jazz al blog.



Con su particular carisma, Marcelo Rodríguez, Gillespi, repasa anécdotas de los 80 con la autoridad del hombre que estuvo allí, compartiendo trompeta con Luca en los camarines de Cemento ("Rodrigo Espina lo tenía filmado y me pasó como outtake, porque quedó fuera de Luca, que está alucinante"), pululando por los antros jazzeros y experimentales ("Tocaba en Jazz & Pop, zapaba con Quique Quinesi en La Alfombra Mágica e hice la música de obras de Omar Viola, el fundador del Parakultural"), y recuerda su primera trompeta, que le compró a un pastor evangélico: "No se puede tocar más, está destruida. La soldó con estaño el Titi, que era el plomo de Sumo, como si fuera un cable. Se cayó de escenarios... ¡Pobrecita! Dio lo máximo que podía dar. Salió de las manos de un pastor y a los dos meses..., a las manos del diablo. No te digo que mi vida era como la de Charlie Parker, pero la dejaba en algún lugar, la iba a buscar a los dos días y la trompeta estaba ahí, como esperando".

Gillespi acaba de publicar Blow (El Cuenco del Plata), su primer libro, dedicado a la trompeta. Un libro que incluye (más) memorias de los 80 y que recopila conversaciones con los principales trompetistas de la Argentina (Fats Fernández, Gustavo Bergalli, Américo Belloto) y con figuras del exterior, como Enrico Rava y Allen Vizzutti. Y al mismo tiempo, celebra la salida de Gillerama, su primer disco para Sony Music. Costhanzo, encargado del arte de tapa, eligió montar a Gillespi sobre un elefante, acaso para graficar la potencia que le impuso a su grupo la llegada del guitarrista Baltasar Comotto. "Igual que Javier Malosetti, siempre tuve una pata en el jazz y otra en el rock. Y, realmente, creo que ahora podemos salir a tocar en los festivales de rock", se entusiasma. Prolífico, también mantiene su blog desde hace cuatro años y lanza sus palabras al éter al frente de Falso impostor (Rock & Pop) y, junto con Alejandro Dolina, en La venganza será terrible.

¿Qué representa la trompeta para vos?
Ese objeto es mi vida. Incluso mi vida mediática, como personaje de la radio y de la tele. La trompeta me dejó servida en bandeja mi vinculación con el mundo del rock, a partir de Roberto Pettinato. Fue la llave que me abrió ese universo, y quizás otro instrumento no me lo hubiera dado. Con una guitarra, difícilmente hubiese estado al lado de Mollo, compartiendo el proyecto.

¿Por qué pensás que muchas bandas te llaman a vos en vez de a un sesionista?
Porque soy yo, porque quieren que grabe yo... Yo me comprometo con las bandas de rock de una forma que los músicos cesionistas no se comprometen. Entiendo perfectamente lo que están tocando las bandas. Y muchas veces, mi sencillez es la más apropiada para Las Pelotas o para un montón de conjuntos. Por ahí, traés a un virtuoso, un "Berklee-boy", y le da una cosa etérea a una banda que precisa algo potente, preciso, concreto y a la cabeza. Muchas veces, los caños están en un camarín aparte y el "artista" no quiere saber nada. En cambio, cuando toqué con Soda Stereo, compartí el camarín con Gustavo Cerati. Hablábamos el mismo idioma. Y lo mismo me pasa con todas las bandas.

¿Cómo fue grabar con Catupecu?
Fue una de las mejores experiencias que tuve en los últimos tiempos. Siempre me había gustado... hasta ahí. En un evento, zapamos "Mañana en el Abasto", de Sumo, y fue una cosa mágica. Ellos son increíbles, distintos a todo: no los puedo comparar con ninguna banda existente de la Argentina. No le han robado nada a nadie, y eso me parece algo muy groso. Y del último asistente al manager, es una especie de familia futurista, rara. Están con la tecnología y tienen la cabeza abierta. Componen como artistas del impresionismo. Los temas no tienen acordes: tienen fórmulas, situaciones sonoras.Y cuando me invitaron al estudio, fue para un tema complicadísimo, denso... No tenía de dónde agarrarme... Fue un desafío musical muy groso. Mirá que yo toqué con tipos grosos, pero Fernando es como Dalí. Del error, captura cómo hacer un arreglo. Yo creo que es un genio.

¿Adherís al error como recurso estético?
Yo estoy revalorizando eso. Sumo era la impronta de ese momento. Un día, descubrí que en "Pinini Reggae", Germán (Daffunchio) tocaba en un acorde menor y Ricardo (Mollo) tocaba en uno mayor. Nunca se habían dado cuenta, y lo que suena entre las dos guitarras es genial, pero había un error. Un teórico de la música se agarraría la cabeza. Una vez, Diego me contó que grabó "Divididos por la felicidad" con el bajo desafinado, y es genial. Por eso, el error hay que tomarlo como una manifestación de tu inconsciente y hay que tenerle respeto, porque por ahí está la clave.

¿Cómo se combinan tus otras facetas con la del músico?
Yo no soy el mejor trompetista, okey. No soy el mejor compositor, okey. No soy el mejor humorista de la tele, okey. Mi libro no es mejor que el de un literato, okey. Pero si los sumás, mi promedio no es tan bajo. Hay otros que han hecho todo eso, pero mal. Yo puedo subir a tocar con Cerati y unos pibes que tocan fenómeno, y no desentono tanto. Puedo hacer humor con Dolina o Castelo, y no desentono tanto. Tal vez el ancho de lo que abarco me haya quitado profundidad, pero yo elegí ser así. Así es mi vida. Tengo una creatividad, puedo ir para un lado o para el otro... Punto.

Por Humphrey Inzillo Revista Rolling Stone

16 feb. 2010

Entrevista a Alejandro Dolina en Diario Crítica - Domingo 14 de febrero de 2010

Alejandro dolina pasó a radio Nacional y ya no transmite en vivo desde el Paseo La plaza
“Nuestro libreto no es el diario sino la biblioteca”

La nueva temporada de La venganza será terrible encuentra al conductor, escritor y músico en un nuevo auditorio. Dice que se quedó “sin trabajo” en Radio 10 y aceptó la oferta de la radio estatal, “humilde en sus recursos”.
Leni González


Preferiría ser joven y no viejo. “Los años tampoco ayudan ni dan sabiduría per se: hay muchos viejos que siguen siendo idiotas. El paso del tiempo siempre es una cagada”.
En la escenografía de su casa en Belgrano, el elemento central es el piano de cola, rodeado de estantes repletos de libros. En la otra pared, un hogar de ladrillos a la vista, sobre el que descansan estatuillas, placas y otros premios broncíneos, escoltados de un lado por cientos de cajitas de CD y del otro por la computadora, enfrentada en un duelo inútil con la máquina de escribir Corona, resignada a adornar una mesita ratona custodiada por los sombreros del perchero. La sala se encuadra con sillones de pana gris sobre los que sólo parece arrojarse la luz penumbrosa que entra por las ventanas a la calle.

Antes de entrar a escena, se escucha su voz potente e inconfundible al teléfono desde otra habitación que se funde por un pasillo. No alcanzan esos minutos largos y calurosos para repasar la biblioteca, pero sí para el hallazgo de una única foto en la que, de impecable traje negro, se saluda con un anciano Bioy Casares. Entonces, aparece, saluda, sonríe, nos sentamos piernas cruzadas junto al piano, reflejados en el parquet lustroso, como en un café concert.

“La presencia del auditorio modifica enteramente al programa, al punto de que no creo que sea radio sino una experiencia teatral, un convivio –como diría el crítico Jorge Dubatti–, una relación entre el artista y los que van a verlo en acción. A mí me parece que eso es La venganza será terrible, donde se cumplen más códigos teatrales y musicales que radiales; aún más, y no lo digo con jactancia sino como alguien que ha cometido algún desliz, debo admitir que el programa lo hacemos para los que están presentes; y los oyentes lo reciben como si fuera la transmisión de un recital”, dice Alejandro Dolina, explicando químicas esenciales del ciclo que conduce desde hace más de dos décadas y que esta temporada cambió de emisora: pasó de Radio 10 a Nacional (AM 870), por lo que ya no va desde el Paseo La Plaza, sino desde el auditorio ubicado en Maipú 555, de martes a sábados de 0 a 2 de la madrugada y, como siempre, con entrada libre y gratuita.

“No significa mucho este cambio, ya que ocurrió por razones administrativas: nos quedamos sin trabajo y surgió esta oferta de una radio estatal, humilde en sus recursos pero con una programación con gente que admiro, como Larrea, Dubatti, Halperín y Apo, profesionales que quiero mucho. De todos modos, uno no triunfa en la radio por metonimia, aunque uno tenga un buen vecino si lo de uno no sirve, da lo mismo”, dice Dolina con su arrulladora capacidad para narrar cosas simples. Pero el tono se impregna de sequedad si el camino no le complace. “No me molesta dar explicaciones. No estoy incurriendo en ninguna falta de ética ni en esta oportunidad ni en la otra, cuando me fui de Continental a la 10”, responde.

Además de los cambios de dial, el programa ha pasado por diferentes combinaciones de elenco, desde Adolfo Castelo hasta Guillermo Stronatti, Gabriel Rolón, el Pollo Mactas, Coco Sily, Gillespi y los actuales Patricio Barton, Gabriel Schultz y Jorge Dorio. “Extraño a todos los que pasaron por el programa. El equipo actual es muy bueno y lamento que no haya podido continuar Coco Sily, que le daba un componente actoral y de improvisación que no todos tienen”, afirma sobre el actor que acompaña cada noche por América a Alejandro Fantino en Animales sueltos.

–A veces parece que el disenso entre ustedes es acotado. Los demás tiran centros pero usted siempre define.

–Eso sucede por un respeto natural que mucho agradezco pero no por una convención previa, cada uno dice lo que quiere. No hay permisos, depende del universo de cada uno y las habilidades que maneje. El programa es mío porque el que lo prepara soy yo y ellos llegan doce menos uno y se van dos y uno. No armamos nada previo, tratamos de ayudar el fluir del discurso. Hay programas en que se compite a ver quién sabe más o se desautoriza al otro. Acá no hay competencias, es un diálogo sin pautas establecidas, es pura improvisación de una pequeña obrita de teatro que tiene que quedar lo más redondita posible.

–¿La venganza será terrible admite modificaciones?

–El programa se modifica siempre. No creo que haya otro programa con un campo de pensamiento tan amplio, pero no por nosotros sino porque nuestro libreto no es el diario sino la biblioteca. Y robamos, se nos puede acusar de ladrones, pero no de repetirnos. No soy tan vasto sino que la humanidad lo es y es imposible repetirse. Usamos el talento de los otros y eso es inagotable. No nos tomamos el trabajo de repintar cada año el programa, se llama igual, siempre tiene la misma cortina. Si uno no sabe escuchar, todos los programas son iguales.

–¿En qué medida la presencia del público modifica la emisión?

–El público es decisivo y los lugares también influyen. Donde mejor me siento es cuando hacemos giras, y a su vez, donde mejor me sentí fue en Córdoba: hicimos el programa durante una semana en el teatro Real y me parece que era el tamaño justo. También nos pasó en Rosario, en el anfiteatro Humberto de Nito, cuando estuvimos ante una multitud, unas 12 mil personas al aire libre en una noche de verano; por momentos, alcanzamos cierta profundidad que necesitaba del silencio de la muchedumbre y esa tensión fue una de las mayores alegrías artísticas de mi vida.

Después de Crónicas del Ángel Gris (1988), El libro del fantasma (1999) y Bar del Infierno (2005), Dolina está escribiendo su primera novela, aún sin título, y que Planeta espera publicar este año. “No me siento un autor subvalorado. Creo que los que me subvaloran son los que dicen que la Academia me subvalora. Lo único que pido es que lean lo que escribo, sin prejuicios. Así no siguen creyendo que soy un tipo divertido, melancólico, tanguero, no creo ser eso ni que mis libros digan eso. Yo no soy un tipo de radio que escribe libros aprovechando que tiene aire. Yo escribía mucho antes de la radio. Podrá estar bien o mal pero tiene que ver con la literatura y no con impresiones de un periodista que trabaja en la radio”, aclara.

–Pero, a juzgar por la persistencia de esa creencia sobre usted, ¿no hay, al menos desde la radio, un aliento en la construcción de ese personaje?

–En absoluto. Por lo menos, dos veces por semana nos burlamos de eso, de esos tipos que se encuentran a recordar cuando recordaban. Pensar eso tiene que ver con la comodidad de las personas que no te leen y se quedaron con mis inicios de aficionado y cuando hacía algo que podía parecerse a eso. Yo no soy un muchacho reo, no quiero engañar a nadie, no vengo de los potreros a traer la voz del Gran Buenos Aires. Escribo porque aprendí y no en Caseros sino leyendo, como cualquiera, en las casas de estudio que el Estado banca. La universidad de la calle no existe.

–Sin embargo, y esto no es una crítica sino una observación, a usted se lo asocia con cierto anacronismo de códigos de otra época.

–No siento que mis códigos o mis maneras tengan algo de anacrónico. Lo único que admito es que no me gusta la música que se escribe ahora. No creo hacer nada anacrónico, ni me visto anacrónicamente, ni voy al Tortoni ni a Las Violetas ni me importan un belín los homenajes y aniversarios.

–En la novela que escribe y en el diálogo nocturno con la almohada, ¿cuáles son hoy sus temas recurrentes?

–Tanto en la almohada como en la novela figuran dos o tres ideas que se recitan rápidamente: nadie sabe quién es, al universo le da lo mismo cualquier cosa, y la percepción es tan borrosa que es difícil conocer a alguien. En la novela aparece mucha niebla y, por lo tanto, mucha equivocación. El amor tampoco garantiza el conocimiento. Pirandello es el autor de esta idea, el de la imposibilidad de conocerse. Los años tampoco ayudan ni dan sabiduría per se. Hay muchos viejos que siguen siendo idiotas. Los años traen aprendizaje si hubo persistencia en un ejercicio, como tocar el piano. Pero el paso del tiempo siempre es una cagada; yo preferiría ser joven y no viejo. Pero además, el tema es que uno se va a morir sin saber mucho, sin saber quién es quién ni para qué, ni siquiera lo que recordamos es muy preciso.

–¿Escribir es encontrar un sentido?

–Claro, ¿para qué otra cosa escribimos? Aunque sea un sentido artístico. El único sentido que tiene la vida es el amor, que es la razón de nuestra supervivencia, y el conocimiento. Ésas son las buenas noticias: a lo mejor existimos para cantar una milonga, para contar un cuento, para dar un beso, para aprender algo.


De Sandro, Mercedes y Suma Paz

Sobre las razones acerca de por qué algunas figuras mutan su estatus de valoración social con el tiempo o la muerte, Dolina dice que “habría que diferenciar entre el interés antropológico y el artístico”. Pero, concretamente en referencia a Sandro, opina de manera favorable: “Soy de los poquitos que decían que cantaba mejor de lo que antes se decía, cuando se burlaban, porque creo que afinaba muy bien, tenía recursos expresivos muy eficaces y era un compositor bastante aceptable. Y pensaba eso cuando estaba vivo y saludable. Participó en mi disco Lo que me costó el amor de Laura y le estoy muy agradecido. Claro que la muerte siempre sobredimensiona. Pasó con Sandro y hasta con Mercedes Sosa, una artista importantísima desde siempre. Pero debo decir que el año pasado también se murió Suma Paz, una cantante y poeta con méritos por lo menos iguales a los de estas dos figuras que mencionamos, y en el velorio estábamos su familia y yo. Así que también depende del camino que ha elegido cada uno para morirse”.

Una miniserie con Campanella

Recordando el show de Alejandro Molina es el título del falso documental que Dolina, sus dos hijos (Ale y Martín) y el cineasta Juan José Campanella preparan para el canal Encuentro, en trece capítulos de 25 minutos cada uno. “Estamos escribiendo esta especie de miniserie en la que recordaremos a un artista y un show que no existieron nunca, en el que habrá charlas, canciones, todo fragmentado, en parte con lo que se supone era aquel programa y, por otra, una falsa historia con testimonios y pedazos de falsas películas. Tendrá un final, con su triunfo, con alguien que lo traiciona, con una mujer que lo abandona y la desaparición de este tipo que se fue y no se sabe adónde”, cuenta Dolina, que será el actor protagonista y a quien acompañarán probablemente Gillespi como el presentador y Sily como el mánager traidor, además de muchos músicos y figuras invitadas.

Además de la radio, la novela y la tele, otro de sus proyectos para este año es montar un espectáculo teatral y musical: “Algo parecido al programa de radio, pero con un desarrollo más completo para que se pueda dar en otras salas y cobrar entradas”.

Nota publicada en Crítica de la Argentina el 14 de febrero de 2010


Dos negros se encuentran en las tablas: Dolina vs Fontanarrosa

Gustavo Delgado y Pablo Latapié protagonizan en el teatro, textos de los dos grandes autores argentinos.


El grupo teatral “Los Narigones” vuelve a subir a escena con el segundo volumen de la obra “Dolina Vs. Fontanarrosa” los sábados a las 22 en la Sala Ross, ubicada en Laprida 135.

La presentación está compuesta por cuatro cuentos de estos escritores argentinos: “Psicoanálisis en Flores” y “Teatro” de Alejandro Dolina y “Una Lección de Vida” y “Asignatura Pendiente” de Roberto Fontanarrosa. En la obra actúan Gustavo Delgado y Pablo Latapié, mezclando el teatro con un particular empleo de recursos audiovisuales.

Según Delgado, los autores de los cuentos no enfrentan sus estilos humorísticos en un duelo, sino en un contrapunto cargado de humor y de cotidianeidad. “Un día, leyendo los cuentos de Fontanarrosa, me pareció que había historias muy parecidas a las de algún otro autor, con muchos puntos en común. Busqué, y encontré a Dolina. Manejan los mismos temas, con diferentes lenguajes, y me pareció interesante marcar esas diferencias desde el teatro", concluyó el actor.

"Los puntos en común saltan a la vista del lector con tanta naturalidad como sus diferencias. Por eso, no es raro que a alguien se le haya ocurrido enfrentarlos, pero no en un duelo, sino en un contrapunto cargado de humor y de cotidianeidad. Manejan los mismos temas, con diferentes lenguajes, y nos pareció interesante marcar esas diferencias desde el teatro", señaló Delgado. "Los cuentos los teatralizamos e interpretamos desde lo actoral, y no como cuentacuentos", aclaró Latapié.

Fuente: El Diario 24 y  La Gaceta


11 feb. 2010

Entrevista a Alejandro Dolina por Gerardo Rozín

Entrevista a Alejandro Dolina por Gerardo Rozín, en su programa "La pregunta animal" que va por America TV. La entrevista se emitió el día de ayer,  miércoles 10 de febrero de 2010, pero fue grabada hace unas semnas.



Dolina con Rozín: Parte 1



Dolina con Rozín: Parte 2



Dolina con Rozín: Parte 3



Los créditos para lacrimoso89, que subió la entrevista.

8 feb. 2010

Entrevista: Alejandro Dolina con Eduardo Aliverti en “Dos Gardenias”

Interesante y reveladora entrevista a Alejandro Dolina en el programa de Eduardo Aliverti “Dos Gardenias,” que va por Radio Nacional AM870 los días lunes de 23:00 a 24:00 horas, antes del programa del Negro. El tema de la charla "El amor."



Dolina en Marca de Radio

Audios


Audio Parte 1

Audio Parte 2

Audio Parte 3


“Dos Gardenias” es un programa de boleros. Un recorrido histórico y musical por los autores e intérpretes que hicieron este género maravilloso. Con biografías, entrevistas, literatura y sobre todo mucha música.

Durante estos tres años de Dos Gardenias pasaron por nuestros estudios: Sandro, Armando Manzanero, Chico Novarro, María Volonté, Estela Raval, Dany Martin, Hugo Romani y muchos más. Fue nominado dos veces al premio Martín Fierro como “mejor programa musical”.

Conducción: Eduardo Aliverti
Radio Nacional AM870

3 feb. 2010

Entrevista: Alejandro Apo y Alejandro Dolina en Radio Nacional

Alejandro Apo charló con Alejandro Dolina durante el primer ciclo de su programa “Donde quiera que estés” que va de lunes a viernes de 15:00 a 17:00 por Radio Nacional AM870. Un interesante charla entre dos grandes de la Radio.









Donde quiera que estés


Conducido por Alejandro Apo - Lunes a viernes de 15:00 a 17:00 por Radio Nacional AM870


Gracias a Mariano que me avisó de la entrevista!!

Foto: Alejandro Dolina y Tomás Eloy Martinez,


http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1228671

2 feb. 2010

Aniversario: Primera Funcación de Buenos Aires.

"te debo las esquinas buenos aires, mirá cuanto te debo, cuanta es mi nada"

Fue llamada Puerto Nuestra Señora Santa María del Buen Aire, un 2 de febrero de 1536 por Pedro de  Mendoza. Y según dicen, los historiadores, la idea no era hacer un ciudad, sino instalar un fuerte de defensa por motivos estratégicos. Y según cuentan, el fuerte estaba construido en forma precaria, rodeado por un muro de tierra, había varios ranchos construidos de barro y paja, utilizados como viviendas. Y hay quienes dicen la fundación no un 2 de ferebro, sino el día 3.
Pero lo cierto, independientemente de la fecha y los motivos de su creación, Buenos Aires se convirtió en mucho mas que un fuerte contruido por motivos estratégicos, y aquí está "tan eterna como el agua y como el aire."

Fundación mítica de Buenos Aires

¿Y fue por este río de sueñera y de barro
que las proas vinieron a fundarme la patria?
Irían a los tumbos los barquitos pintados
entre los camalotes de la corriente zaina.

Pensando bien la cosa, supondremos que el río
era azulejo entonces como oriundo del cielo
con su estrellita roja para marcar el sitio
en que ayunó Juan Díaz y los indios comieron.

Lo cierto es que mil hombres y otros mil arribaron
por un mar que tenía cinco lunas de anchura
y aún estaba poblado de sirenas y endriagos
y de piedras imanes que enloquecen la brújula.

Prendieron unos ranchos trémulos en la costa,
durmieron extrañados. Dicen que en el Riachuelo,
pero son embelecos fraguados en la Boca.
Fue una manzana entera y en mi barrio: en Palermo.

Una manzana entera pero en mitá del campo
expuesta a las auroras y lluvias y suestadas.
La manzana pareja que persiste en mi barrio:
Guatemala, Serrano, Paraguay y Gurruchaga.

Un almacén rosado como revés de naipe
brilló y en la trastienda conversaron un truco;
el almacén rosado floreció en un compadre,
ya patrón de la esquina, ya resentido y duro.

El primer organito salvaba el horizonte
con su achacoso porte, su habanera y su gringo.
El corralón seguro ya opinaba YRIGOYEN,
algún piano mandaba tangos de Saborido.

Una cigarrería sahumó como una rosa
el desierto. La tarde se había ahondado en ayeres,
los hombres compartieron un pasado ilusorio.
Sólo faltó una cosa: la vereda de enfrente.

A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires:
La juzgo tan eterna como el agua y como el aire.

Jorge Luis Borges




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