2 feb. 2010

Aniversario: Primera Funcación de Buenos Aires.

"te debo las esquinas buenos aires, mirá cuanto te debo, cuanta es mi nada"

Fue llamada Puerto Nuestra Señora Santa María del Buen Aire, un 2 de febrero de 1536 por Pedro de  Mendoza. Y según dicen, los historiadores, la idea no era hacer un ciudad, sino instalar un fuerte de defensa por motivos estratégicos. Y según cuentan, el fuerte estaba construido en forma precaria, rodeado por un muro de tierra, había varios ranchos construidos de barro y paja, utilizados como viviendas. Y hay quienes dicen la fundación no un 2 de ferebro, sino el día 3.
Pero lo cierto, independientemente de la fecha y los motivos de su creación, Buenos Aires se convirtió en mucho mas que un fuerte contruido por motivos estratégicos, y aquí está "tan eterna como el agua y como el aire."

Fundación mítica de Buenos Aires

¿Y fue por este río de sueñera y de barro
que las proas vinieron a fundarme la patria?
Irían a los tumbos los barquitos pintados
entre los camalotes de la corriente zaina.

Pensando bien la cosa, supondremos que el río
era azulejo entonces como oriundo del cielo
con su estrellita roja para marcar el sitio
en que ayunó Juan Díaz y los indios comieron.

Lo cierto es que mil hombres y otros mil arribaron
por un mar que tenía cinco lunas de anchura
y aún estaba poblado de sirenas y endriagos
y de piedras imanes que enloquecen la brújula.

Prendieron unos ranchos trémulos en la costa,
durmieron extrañados. Dicen que en el Riachuelo,
pero son embelecos fraguados en la Boca.
Fue una manzana entera y en mi barrio: en Palermo.

Una manzana entera pero en mitá del campo
expuesta a las auroras y lluvias y suestadas.
La manzana pareja que persiste en mi barrio:
Guatemala, Serrano, Paraguay y Gurruchaga.

Un almacén rosado como revés de naipe
brilló y en la trastienda conversaron un truco;
el almacén rosado floreció en un compadre,
ya patrón de la esquina, ya resentido y duro.

El primer organito salvaba el horizonte
con su achacoso porte, su habanera y su gringo.
El corralón seguro ya opinaba YRIGOYEN,
algún piano mandaba tangos de Saborido.

Una cigarrería sahumó como una rosa
el desierto. La tarde se había ahondado en ayeres,
los hombres compartieron un pasado ilusorio.
Sólo faltó una cosa: la vereda de enfrente.

A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires:
La juzgo tan eterna como el agua y como el aire.

Jorge Luis Borges




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