30 ago. 2007

Palabras Autológicas y Heterológicas

Porqué "todo junto" se escribe separado y "separado" se escribe todo junto?

Esto se relaciona con la Paradoja de Grelling-Nelson que es una paradoja verbal formulada en 1908 por Kurt Grelling y Leonard Nelson. Es una reformulación de la paradoja del barbero y la paradoja de Russell. La paradoja utiliza las palabras "autológico" y "heterológico". Una palabra es autológica si se describe a sí misma. Por ejemplo "corto" es autológica, ya que la palabra "corto" es corta. "Sofisticado" es autológica. Las palabras que no son autológicas se denominan heterológicas. "Largo" es una palabra heterológica, al igual que "monosilábico". Entonces la expresión "Separado" es Heterológica ya que se escribe todo junto y "todo junto" es una expresión Heterológica ya que se escribe separada.

Pero mejor escuchar al Negro que, como siempre, lo dice mucho mejor.





29 ago. 2007

Dolina en Liberarte

“Siempre pienso en cuestiones relacionadas con el arte y el amor”

Alejandro Dolina publicó sus primeras notas en el año 1974 en la revista Mengano, luego a partir de 1978 colaboró con la revista Humor, también compuso numerosas canciones y e integro distintos grupos musicales como director y arreglador. En el año 1988 publicó su primer libro, “Crónicas del Ángel Gris” después esta edición fue corregida , aumentada y apareció en 1996, además es autor de las comedias musicales “El barrio del Ángel Gris”, que obtuvo el premio Argentores en 1990; y “Teatro de Medianoche”, que protagonizó él mismo como actor y cantante. En 1998 publicó la opereta: “Lo que me costó el amor de Laura”, que fue llevada al teatro en el año 2000 y obtuvo el premio Argentores en 2001, luego en 1999 editó “El libro del fantasma”, más tarde en el 2002, realizo una recopilación de historias musicales escritas para la radio bajo el título de “Radiocine”. Actualmente es conductor de uno de los programas de radio más populares de Buenos Aires, "La venganza será terrible", donde habla, y toca música con el público presente. Son por estas, y otras razones que hoy nos quedan las palabras de este destacado personaje de la cultura porteña.

¿Cuál es la cantera qué tiene para extraer las ideas para cada uno de sus programas radiales?
Diría que es un yacimiento universal, son todos lo libros que hay, particularmente los de historia, y mitos, también sobre alguna forma de antropología; esos son los principales rubros de la biblioteca que son saqueados cada noche, amen de los saqueos de saqueos que hacemos. Esta visita a la biblioteca se verifica todas las noches desde hace quince o veinte años, entonces se fue acumulando un “corpus" de charlas radiales que en sí mismas a veces pueden ser catalogadas, achicadas, extendidas o examinadas de distinto modo. Así que se ha llegado a un punto, en que lo que hemos producido, también sirve si se quiere como disparador, o como inspiración, pero no tenemos límites a la hora de robar programas, en realidad es un robo totalmente permitido. No es que pretendamos autenticidad u originalidad en ese tramo del programa, es un tramo de divulgación más que de creación.

¿Cómo definiría al programa radial “la venganza será terrible”?
Diría que no es un programa radial, sino un pequeño ejercicio entre teatral, humorístico, o simplemente de charlistas que se trasmite por radio. En algunas ocasiones tiene cierta clase de contenido musical, como sucede en las presentaciones en teatros, o en algún foro un poco más exigente, en esos lugares esta un poco más preparado, y tiene visitas de artistas; pero en realidad es un pequeño espectáculo que no tiene mucho que ver con la radio, aunque esta se encarga de transmitir, y de llevárselo a la gente que no está presente. La esencia de “La venganza será terrible” está en lo que sucede con las personas que están presentes, la transmisión por radio es secundaria.

¿Cómo nació la idea de realizar los programas de radio con el público presente?
En realidad no surgió de una idea, sino que fue algo que comenzó a suceder de forma espontánea, ocurrió que el público empezó a presentarse en los estudios de radio “El Mundo”, muy poco después de haber comenzado nosotros a hacer el programa, y a pedir permiso para asistir; espontáneamente se presentaron algunos, y otros que escuchaban en su casa oyeron indicios que había gente allí. Pequeñas exclamaciones, risas, estornudos que no estaban justificadas por el número exiguo de los integrantes del programa, y entonces ellos mismos al notar que había gente extraña al programa quisieron participar, y luego la radio tuvo que habilitar un estudio más grande, y finalmente nunca mas volvimos a hacer el programa en un estudio de radio.

¿Qué es lo que lee habitualmente?
Estoy leyendo menos ficción que antes, ahora leo mucho estructuralismo, semiología, epistemología, estoy estudiando tardíamente unas disciplinas que cuando lo estudie no se analizaban suficientemente. El caso es que sin decisión previa y sin darme cuenta cuando veo los libros que se amontonan como leídos, advierto que hay una gran mayoría de textos sobre esos asuntos, y casi ninguna novela en los últimos años.

¿En que cosas piensa la mayor parte del tiempo?
Pensar no es lo que creen algunos que le vengan a la mente desordenadamente imágenes de locomotoras de ciclistas y de nubes. Pensar es urdir un plan, es planear, y las cosas que planeo tienen que ver casi siempre con las mismas obsesiones que se advierten en el programa, aún cuando no sean expresadas con total claridad, siempre pienso en cuestiones relacionadas con el arte y el amor. Con el arte y el conocimiento desde un punto de vista especulativo, y con el amor desde un punto de vista más personal y relacionado con las vivencias propias. Eso es pensar, después uno divaga y es estimulado exteriormente por una infinidad de cosas.

¿Las cosas en las que se detiene a planear las realiza de forma metódica?
Pensar requiere de un cierto método, no es que tenga un horario pero creo que algunas cosas son pensar y otras no son pensar, saber diferenciar claramente lo que es pensamiento, y lo que es una mera acumulación de sensaciones, es una diferencia. Hay gente que actúa y toma decisiones graves que no están relacionadas con el pensamiento sino con emociones que se suscitan, y que fácilmente son elevadas a la condición de pensamiento. No me hago ilusiones con las cosas que me suceden, en realidad no son verdaderos pensamiento.

¿En la actualidad las leyes del mercado pueden condicionar la actividad de un artista?
Pienso que sí, creo que el mercado influye fuertemente sobre todos nosotros, aún sobre aquellos que tratamos de eludir sus consecuencias, o incluso a aquellos que advertimos el peligro. Vaya uno a saber de que manera, la presión mediática no modifica nuestras ideas, o hábitos de creación y de consumo artístico, por mas que tratemos de evitarla. A mí me parece que las leyes del mercado, y la influencia mediática que es una península de esas leyes, hacen desaparecer muchas de nuestras características personales, y las reemplazan por una forma de conducta que casi nos son exteriores. No se hasta que punto verdaderamente decidimos nuestra conducta, y si en realidad no estamos acorralados por el mercado y por las fuerzas que nos sujetan a un determinismo que no decidimos jamás. Es decir que no es tan sencillo ser capitán del propio barco sometido como en el que está uno a una cantidad tan grande de fuerzas que influyen, acorralan, amenazan, meten miedo, producen a partir de esta energía producen convencimiento. Es muy difícil saber si uno esta enamorado del rock and Roll, o se trata de un movimiento reflejo por cosas que uno escucho decir todo el día, no lo sé. No es tan sencillo saberlo, ni uno puede estar poniendo en tela de juicio cada una de sus acciones, conviene sí, ponerlas en tela de juicio pero no siempre lo hacemos: si vamos a un restaurante no empezamos a meditar acerca de la cosificación del hombre, sino que pedimos algo, y por ahí mismo esta conducta nos exija de verdadera preferencia, elecciones, ni siquiera tradiciones, sino que esta fuertemente marcada por las influencia que acabo de marcar.

Fuente: Liberarte

26 ago. 2007

DOS LADRONES

Letra de Enrique Otero Pizarro.

Del "Tríptico Biblico en Lunfardo " de Otero Pizarro:

Hay tres cruces y tres crucificados.
En la más alta, al diome, el Nazareno.
En la de un güín lloraba el grata bueno,
mangándole el perdón por sus pecados.

Escracho torvo, dientes apretados,
mascaba el otro lunfa el duro freno
del odio y gargajeaba su veneno
con el estrilo de los rejugados. =20

No sos hijo de Dios? Dale, salváte.
Sos el rey de los moishes ? Arranyate.
Porque no te bajás ?. Andá, che guiso.

Jesús ni se mosqueó. Minga de bola.
Y le dijo al buen chorro:- Estáte piola,
que hoy zarparás conmigo al Paraíso...

Nota:

Diome: medio, al revés.
Güín: Lado, costado.
Grata: Ladrón.
Mangándole: Pedirle.
Escracho: En este caso, rostro.
Lunfa: Ladrón.
Estrilo: Rabia, odio.
Rejugado: Sin medio, sin esperanza alguna.
Moishes: De Moisés.
Arranyate: Arreglate, (ironía por lo que no tiene arreglo).
Guiso: Lelo, botarate.
Minga: Nada.
Bola: " no dar bola": no prestar atención.
Chorro: Ladrón.
Piola: Despabilado, astuto.

Gabriel Rolón en la Feria del Libro de Rosario

“Soy psicoanalista, pero en la radio sólo juego”



Gabriel Rolón lanzó “Historias de diván” y ya va por la 6ª edición. Hoy las presenta en la Feria

Laura Vilche / La Capital

que trabaja a la medianoche junto a Alejandro Dolina en el programa radial “La venganza será terrible”. También se enterará que compartió el aire con Petinatto y Karina Mazzoco en “Todos al diván”, que por las tardes escucha los conflictos de los oyentes del programa de la Negra Vernaci en la Rock & Pop y que participa del RSM (Resumen de los Medios) de Mariana Fabbiani en la tele. Y entre otros datos, leerá en alguna página que su segundo nombre es “Atilio”.

“No, eso fue un error que apareció en la web y del que siempre se rió Dolina. Yo soy Gabriel Felipe Rolón”, aclara. “¿Quién lo escribió, algún enemigo?”, le preguntó La Capital.

“Y, tal vez algún sistémico”, contestó con ironía el psicoanalista que acaba de escribir su primer libro con los casos clínicos de algunos de sus pacientes. “Historias de diván. Ocho relatos de vida”, es un verdadero éxito editorial. Su primera edición, que salió en junio de este año, ya se reimprimió seis veces. Hoy, a las 19.30, entre él y la gente se invertirán los roles. El público será quién oficie de escucha cuando Rolón presente su ópera prima en la IX Feria del Libro, en el Patio de la Madera (Cafferata y Santa Fe).

—¿Sos criticado en el ambiente psi por ser mediático?

—Creo que en el imaginario de los colegas hay mucho dogmatismo y dificultades para transmitir cuestiones teóricas en un lenguaje corriente.

—Pero la psicoanalista de niños Françoise Doltó contestaba las preguntas de los padres a través de la radio y nadie dudaba de su absoluto profesionalismo...

—Justamente (Jacques) Lacan rescataba a Doltó, decía sobre ella que había logrado llamar a la encopresis “hacerse caca encima”. Creo que hay que aprender a comunicar, cuando hablo en los medios tengo claro que no estoy dictando una cátedra en la facultad; si me meto en la casa de la gente a través de la radio o de la televisión soy yo el que debe adaptar su lenguaje. No ha sido bueno para el psicoanálisis no poder comunicarse fácilmente con la gente, hemos construido un estereotipo por el cual se desconfía de nosotros los analistas.

—Rescataste a Lacan pero en tu texto no te describís como esos lacanianos que dan la mano y se quedan prácticamente mudos en toda la sesión.

—Una vez me analizaba con un profesional a quien le dije, “claro usted es lacaniano como yo”; él me detuvo y me dijo: “Yo era lacaniano cuando era estúpido como usted, el problema suyo es que por ser lacaniano no llegará nunca a ser roloniano”. Tenía razón, mi base teórica es lacaniana pero no lo tomo como dogma.

—Al primer capítulo del libro lo introducís con una frase de Jorge Luis Borges que dice: “Ya no es mágico el mundo. Te han dejado”. ¿Hay algo más doloroso de entender que a uno no lo quieran más?

—Es uno de los dolores más grandes para atravesar, es un dolor parecido al de la muerte de un ser querido; pero agravado por la falta de deseo del otro. Porque la muerte justifica de algún modo que alguien ya no esté a tu lado.

—En otra historia, la de Mariano, un hombre casado y con una amante, hablás de él como un paciente aburrido. Los pacientes suelen tener miedo a que ustedes los analistas se duerman mientras ellos están en el diván. ¿Eso hacés cuando te aburrís?

—No, con razón cogotean y nos miran (se ríe). Estuve por abandonar ese caso que relato en el libro porque sentía que él tiraba la plata y yo no tenía por dónde entrar. Pero luego cuento cómo se destrabó la historia y se volvió apasionante. Sucede que algunos pacientes no le tienen miedo al inconsciente y se sumergen más en sus aguas oscuras; otros no son tan valientes y preguntan como si uno fuera un maestro: “¿Qué hago?”.

—¿Por qué si uno va al psicoanalista por problemas laborales, de amor o sexuales termina siempre hablando de los padres?

—Porque en los primeros 5 ó 6 años de vida se constituye la psiquis y es propio de neuróticos que se hable de los padres, los viejos están adentro interiorizados; hay que pelear con ellos desde adentro de uno, no afuera. Cuando la problemática de alguien no pasa por cuestiones edípicas, por ende sexuales o no pasa por angustia de castración, es decir, algo ligado con la muerte y el duelo, yo no trabajo con él. Sencillamente porque soy analista y les explico que es como si yo fuera un otorrinolaringólogo y vinieran a verme por un infarto. Ahora bien, como dice Dolina, después de los 25 años uno es responsable de su cara, si tenés cara de estúpido ya no es culpa de tus padres.

—Decís que enfrentar un análisis es amar la verdad.

—El psicoanálisis es apasionante, más allá de que implique desgarrarse, reír, llorar, frustrarse y enojarse cada semana. Es lo único que me seduce de la psicología porque al analista y analizante los mueve un sentimiento grande y profundo: el amor a la verdad, esa única y personal verdad que trae cada paciente y que no puede terminar de decirse; que aparece disfrazada en un sueño, un chiste o un lapsus. La verdad es el único instrumento para destrabar el dolor. A mí no me gusta tomar tests, hacer psicodiagnósticos, seleccionar personal o trabajar en orientación vocacional. Este es un texto para quienes se interesan en el dolor y buscan la posibilidad de superarlo.

—¿Qué diferencia hay entre un neurótico que va a tu consultorio y uno que es famoso en la televisión?

—Las diferencias están en sus niveles de estrés y exposición, y cómo esto impacta en el narcisismo, no siempre se creen lo más, expresan mucha angustia. Es como analizar a un cirujano que todo el tiempo está operando a gente que se puede morir. En los medios me divierto, tengo una escucha que me permite agarrar a alguien como Tortonese por algún lado que otro no puede y hacerle una devolución ridícula, en la tele y la radio juego. Parece innecesario aclararlo, pero te aseguro que muchos artistas famosos y productores se lo toman en serio.

Fuente: La Capital

23 ago. 2007

El día no restituido - Giovani Papinni

En los últimos días Dolina a hablado de este cuento a pedido de un oyente, tambíen recuerdo que alguna vez lo conto en una de sus charlas, es un cuento corto y muy interesante, para los que no lo leyeron se los dejo para que lo disfruten:



El día no restituido
[Il giorno non restituto] Giovanni Papini

Conozco muchas viejas y hermosas princesas, pero solamente a aquellas que son tan pobres que apenas tienen una pequeña sirvienta vestida de negro y que están reducidas a vivir en alguna degradada villa toscana, una de esas escondidas villas donde dos cipreses polvorientos montan guardia junto a un portal de rejas murado. Si encuentran alguna en el salón de una condesa viuda y fuera de moda llámenla Alteza y háblenle en francés, ese francés internacional, clásico, incoloro que pueden aprender en los Contes Moraux del abate Marmontel; el francés, en fin, de las gens de qualitéi. Mis princesas responderán casi siempre y luego que hayan penetrado en sus pobres almas -pequeñas y llenas de polvo y de quincallería, como oratorios de fines del siglo XVII-, se darán cuenta de que la vida puede ser aceptada y que nuestra madre no ha sido tan necia como parecía poniéndonos en el mundo.

¡Qué secretos extraordinarios me han susurrado mis hermosas y viejas princesas! Ellas adoran los polvos faciales pero quizás todavía más la conversación y, aunque todas sean alemanas -una sola es rusa, pero por azar-, su delicioso francés ancien régime algunas veces me regala emociones de ningún modo ordinarias, y en ciertos momentos mi corazón se conmueve y siento casi ganas -lo confieso- de llorar como un estúpido enamorado.

Una noche, no demasiado tarde, en el salón de una villa toscana, sentado sobre un sillón de estilo Imperio ante la mesa donde me habían ofrecido un té excesivamente aguado, yo callaba junto a la más vieja y la más bella de mis princesas.

Vestida de negro, su rostro estaba rodeado de un velo negro y sus cabellos, que yo sabía blancos y siempre algo rizados, se hallaban cubiertos por un sombrero negro. Parecía que a su alrededor flotase como una aureola de oscuridad. Esto me agradaba y me esforzaba en creer que aquella mujer fuera solamente una aparición provocada por mi voluntad. El hecho no era difícil porque la habitación se hallaba casi en tinieblas y la única vela encendida iluminaba única y débilmente su rostro empolvado. Todo el resto se confundía con la oscuridad de modo que yo podía creer que tenía ante mi solamente a una cabeza pensil, una cabeza separada del cuerpo y suspendida cerca de mí a un metro del pavimento.

Pero la Princesa comenzó a hablar y toda otra fantasía era imposible en ese momento.

-Ecoutez donc, monsieur -me decía- ce qui m’arriva il y a quarante ans, quand j’étais encore assez jeune pour avoir le droit de paraître folle1.

Y continuó con su grácil voz narrándome una de sus innumerables historias de amor: un general francés se había dedicado a ser actor por amor a ella y había sido asesinado de noche por un payaso borracho.

Pero ya conocía yo ese estilo suyo de imaginación y quería otra cosa mucho más extraña, más lejana, más inverosímil. La Princesa quiso ser gentil hasta el final:

-Me obliga usted -dijo- a narrarle el último secreto que me queda y que ha permanecido siempre secreto, justamente porque es más inverosímil que todos los otros. Pero sé que debo morir dentro de algunos meses, antes de que termine el invierno, y no estoy segura de hallar otro hombre que se interese como usted por las cosas absurdas...

“Este secreto mío empezó cuando tenía veintidós años. En esa época yo era la más graciosa princesa de Viena y todavía no había matado a mi primer marido. Esto ocurrió dos años más tarde, cuando me enamoré de... Pero usted ya conoce la historia. Passons! Sucedió, pues, que cuando llegaba al término de mis veintiún años recibí la visita de un viejo señor, condecorado y afeitado, quien me solicitó una breve entrevista secreta. No bien estuvimos solos, me dijo:

‘Tengo una hija que amo inmensamente y que está muy enferma. Tengo necesidad de volverla a la vida y a la salud y para ello estoy buscando años juveniles para comprar o tomar en préstamo. Si usted quisiera darme uno de sus años se lo devolveré poco a poco, día a día, antes de que termine su vida. Cuando haya cumplido los veintidós años, en vez de pasar al vigésimo tercero usted envejecerá un año y entrará en el vigésimo cuarto. Es usted todavía muy joven y casi ni se dará cuenta del salto, pero yo le devolveré hasta el último de los trescientos sesenta y cinco días, de a dos o tres por vez, y cuando sea vieja podrá recuperar a su voluntad las horas de auténtica juventud, con imprevistos retornos de salud y de belleza. No crea usted que habla con un bromista o con un demonio. Soy simplemente un pobre padre que ha rogado tanto al Señor que le ha sido concedido hacer lo que para los demás es imposible. Con gran trabajo he cosechado ya tres años pero tengo necesidad de tener todavía muchos más. ¡Deme uno de los suyos y no se arrepentirá nunca!’

“En esa época estaba habituada ya a las aventuras curiosas y en el mundo en que vivía nada era considerado imposible. Por lo tanto, consentí en realizar el singular préstamo y pocos días después envejecí un año mas. Casi nadie se dio cuenta y hasta los cuarenta años viví alegremente mi vida sin acudir al año que había dado en depósito y que debía serme restituido. “El viejo señor me había dejado su dirección junto con el contrato y me solicitó que le avisara por lo menos un mes antes acerca del día o la semana en que yo deseara disfrutar de la juventud, prometiéndome que recibiría lo que pidiese en el momento fijado.

“Después de cumplir mis cuarenta años, cuando mi belleza estaba por ajarse, me retiré a uno de los pocos castillos que le habían quedado a mi familia y no fui a Viena más que dos o tres veces por año. Escribía con la debida anticipación a mi deudor y luego participaba de los bailes de la Corte, en los salones de la capital, joven y hermosa como debía ser a los veintitrés años, maravillando a todos los que habían conocido mi belleza en decadencia. ¡Qué curiosas eran las vigilias de mis reapariciones! La noche anterior me adormecía cansada y fanée como siempre y por la mañana me levantaba alegre y ligera como un pájaro que hubiese aprendido a volar hacía poco, y corría a mirarme en el espejo. Las arrugas habían desaparecido, mi cuerpo estaba fresco y suave, los cabellos habían vuelto a ser totalmente rubios y los labios eran rojos, tan rojos que yo misma los habría besado con furor. En Viena los galanteadores se apiñaban a mi alrededor, gritaban maravillas, me acusaban de hechicería y, en el fondo, no entendían nada. Poco antes de vencer el período de juventud que había solicitado, subía a mi carroza y volvía furiosa al castillo, en donde rehusaba recibir a nadie. Una vez un joven conde bohemio que se había enamorado terriblemente de mí durante una de mis visitas a Viena logró entrar, no sé cómo, a mi departamento y estuvo a punto de morir del estupor al ver cuánto me parecía a su adorada pero también cuánto más fea y más vieja era que aquella que lo había embriagado en las calles de Viena.

“Nadie, desde entonces, logró forzar mi voluntaria clausura, interrumpida sólo por la extraña alegría y la profunda melancolía de las raras pausas de juventud en el curso lamentable de mi continua decadencia. ¿Puede imaginarse aquella fantástica vida de largos meses de vejez solitaria separados cada tanto por los fuegos fugitivos de unos pocos días de belleza y de pasión?

“Al principio esos trescientos sesenta y cinco días me parecían inagotables y no imaginaba que pudieran terminar alguna vez. Por eso fui demasiado pródiga con mi reserva y escribí muy a menudo al misterioso Deudor de Vida. Pero éste es un hombre terriblemente exacto. Una vez fui a su casa y vi sus libros de cuentas. Yo no soy la única con la que hizo contratos de ese género y sé que contabiliza muy cuidadosamente la disminución de sus entregas. Vi también a su hija: una palidísima mujer sentada sobre una terraza llena de flores.

“Nunca he podido saber de dónde saca la vida que restituye tan puntualmente, en cuotas de días, pero tengo motivos para creerme que recurre a nuevas deudas. ¿Cuáles serán las mujeres que le han dado los días que me restituye a mí? Quisiera conocer a algunas de ellas pero por más que le haya hecho hábiles preguntas muy a menudo, nunca he tenido la suerte de descubrirlas. Mais, peut être, elles ne seraient pas si étranges que je crois...

“De todos modos ese hombre es extraordinariamente interesante, lo que no le impide hacer bien sus cuentas. Usted no puede imaginar qué espantosa se volvió mi vida cuando me anunció, con la calma de un banquero, que no quedaban a mi disposición sino once días solamente. Durante todo ese año no le escribí y por un momento tuve la tentación de regalárselos y de no atormentarme más. ¿Comprende usted la razón, no es cierto? Cada vez que yo me volvía joven, el momento del despertar era siempre más doloroso porque la diferencia entre mi estado normal y mis veintitrés años se hacía, con la edad, mucho más grande.

“Por otra parte, era imposible resistir. ¿Cómo puede usted pensar que una pobre vieja solitaria rechace cada tanto una jornada o dos o tres de belleza y de amor, de gracia y de alegría? ¡Ser amada por un día, deseada por una hora, feliz por un momento! Vous êtes trop jeune pour comprendre tout mon ravissement!

“Pero los días están por acabarse; mi crédito va a concluir por la eternidad. Piense: ¡me queda solamente un día para disfrutar! Después, seré definitivamente vieja y estaré consagrada a la muerte. ¡Un día de luz y luego la oscuridad para siempre! Medite bien, se lo ruego, en la imprevista tragedia de mi vida. Antes de solicitar este día...

“¿Pero cuándo lo pediré? ¿Qué haré con él? Hace tres años que no vuelvo a ser joven y en Viena casi nadie me recuerda ya y toda mi belleza parecería espectral. Y sin embargo, siento necesidad de un amante, un amante sin escrúpulos y lleno de fuego. Tengo necesidad de que todo mi cuerpo sea acariciado una vez más. Esta cara rugosa se volverá de nuevo fresca y rosada y mis labios darán, por la vez última, la voluptuosidad. ¡Pobres labios, blancos y agrietados! ¡Todavía quieren ser por un día más rojos y cálidos, por un solo día, para un último amante, para una última boca!

“Pero no llego a decidirme. No tengo el valor para gastar la última monedita de verdadera vida que me queda y no sé cómo hacerlo y tengo un loco deseo de gastarla...”

¡Pobre y querida Princesa! Unos momentos antes había levantado su velo y las lágrimas abrieron surcos sutiles en el polvo del rostro. En ese momento, los sollozos, aunque aristocráticamente contenidos, le impidieron continuar. Experimenté entonces un gran deseo de consolar a todo costo a la deliciosa vieja y caí a sus pies -al pie de una princesa arrugada y vestida de negro-, y le dije que la hubiera amado más que cualquier caballero loco y le rogué, con las más dulces palabras, que me concediera a mí, a mí solo, el último día de su bella juventud.

No recuerdo precisamente todo lo que le dije, pero mi actitud y mis palabras la conmovieron profundamente y me prometió, con algunas frases algo teatrales, que sería su último amante, durante un solo día, dentro de un mes. Me dio una cita para cierta fecha en la misma villa y me despedí muy perturbado, luego de haberle besado las magras y blancas manos.

Mientras regresaba a la ciudad, ya de noche, la luna no totalmente llena me miraba insistentemente con aire piadoso, pero pensaba demasiado en la bella Princesa para tomarla en serio. Ese mes fue muy largo, el mes más largo de mi vida. Había prometido a mi futura amante que no la volvería a ver hasta el día fijado y mantuve mi galante compromiso. A pesar de todo, el día llegó y fue el más largo de aquel larguísimo mes. Pero llegó también la noche y luego de haberme elegantemente vestido fui hacia la villa con el corazón estremecido y el paso inseguro.

Vi desde lejos las ventanas iluminadas como no las había visto nunca y al acercarme hallé la puerta de hierro abierta y el balcón lleno de flores. Entré en la residencia y fui introducido en un salón donde ardían todas las antorchas de dos fantásticas arañas.

Me dijeron que esperara y esperé. Nadie venía. Toda la casa estaba silenciosa. Las luces ardían y las flores perfumaban para la soledad. Después de una hora de agitada expectativa, no pude contenerme y pasé al comedor. Sobre la mesa estaban preparados dos cubiertos y flores y frutas en gran cantidad. Pasé a un pequeño salón, suavemente iluminado y desierto. Finalmente llegué a una puerta que yo sabía era la del dormitorio de la Princesa. Di dos o tres golpes, pero no tuve respuesta. Entonces me hice de coraje pensando que un amante puede olvidar la etiqueta y abrí la puerta, deteniéndome en el umbral.

La habitación estaba llena de suntuosos vestidos tirados por todas partes como en el furor de un saqueo. Cuatro candelabros esparcían alrededor una luz alegre. La Princesa estaba echada en un sillón frente al espejo, ataviada con uno de los más espléndidos vestidos que yo jamás viera.

La llamé y no contestó.

Me acerqué, la toqué y no hizo el menor movimiento. Me di cuenta entonces de que su rostro estaba como siempre lo había visto, pequeño y blanco y algo más triste que de costumbre y un poco asustado. Posé una mano sobre su boca y no sentí respiración alguna; la coloqué sobre su pecho y no sentí ningún latido.

La pobre Princesa estaba muerta; había muerto dulcemente de improviso mientras acechaba ante el espejo el retorno de su belleza. Una carta que hallé en el piso, junto a ella, me explicó el misterio de su inesperado fin. Contenía unas pocas líneas de escritura vertical y marcial, y decía:

“Gentil Princesa:

Me duele sinceramente no poder restituirle el último día de juventud que le debo. No logro ya encontrar mujeres lo suficientemente inteligentes para creer en mi increíble promesa y mi hija se halla en peligro.

Realizaré todavía nuevas tentativas y le comunicaré los resultados, porque es mi más vivo deseo satisfacerla hasta lo último. Considéreme, ilustre Princesa, su devotísimo...”

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1. En francés en el original: “Escuche, pues, señor, lo que me ocurrió hace cuarenta años, cuando yo era todavía demasiado joven para tener el derecho de parecer loca”.

22 ago. 2007

Las Tetas de Devoto


Adelanto de un corto, basado en el cuento de Alejandro Dolina. La verdad que el adelanto me dejó con las ganas, es muy bueno, asi que esperemos pronto ver el corto completo.

Dirigido por Federico Maqueprang.
Actuaciones pricipales: Patricio Famulari, Lisandro Rodriguez, Nicolas Watson, Mariano Villa. Musica original: Julian Mourin









Las tetas de Devoto

Cuento de Alejandro Dolina, El libro del fantasma (1999)



Los Narradores de Historias han inventado muchas mentiras. Por culpa de ellos, la gente ha llegado a dudar de cosas tan evidentes como el Ángel Gris de Flores y - por otro lado - hay quienes creen en leyendas tan fantásticas como la del ferrocarril que corría entre Sáenz Peña y Villa Luro. Sin embargo, los Hombres Sensibles de Flores creían en la palabra de los Narradores e iban todas las noches a la casa en ruinas que está frente a la estación a hacerse referir cuentos por unas monedas.

Allí oyeron hablar de Isabel, la tetona de Devoto. La primera vez que escucharon la historia no se sorprendieron demásiado: al parecer, en Villa Devoto había una muchacha un poco rara que tenía una nube en el pecho. Pero los Narradores se complacían repitiendo sus relatos y cada vez agregaban detalles nuevos. En una segunda versión se supo que quien veía a Isabel no podía dejar de pensar en sus tetas. Más adelante se indicó que la mujer se escapaba de los hombres y que nadie había conseguido enamorarla jamás. Algunos meses más tarde, ya eran varios los hombres de Flores que juraban haberla visto. Bernardo Salzman, el jugador de dados, creyó reconocerla desde la ventanilla del tranvía Lacroze, en una visión fugaz pero imborrable. Jorge Allen, el poeta, pretendía haber visto su sombra en la calle Simbrón. Manuel Mandeb la había sospechado a sus espaldas en el subterráneo pero no se había animado a darse vuelta. En ese entonces, para los muchachos del Ángel Gris aquello era apenas un asunto picaresco. Pero una noche de noviembre, el más codicioso de los narradores, un individuo maloliente al que llamaban Letrina, contó la historia de Isabel sin ocultar nada. Y allí estaba oyendo - para su desgracia - Manuel Mandeb. - Las tetas de Isabel son las más portentosas de la Tierra. Pero eso no es todo: el hombre que alcance a contemplarla conocerá el Gran Secreto. Entrará en posesión de las terribles verdades de la vida, el arte y el amor. Pero las tetas de Devoto no están hechas para cualquiera. Hay un sólo hombre señalado por el destino para asomarse a todos los misterios del Universo. Si otro caballero se atreviera a espiar lo que no debe, moriría en el acto. Nadie sabe quién es el hombre indicado. Isabel. sin embargo, lo espera y está segura de reconocerlo. Se dice que el hombre le dejará como regalo una herradura. Manuel Mandeb preguntó enseguida dónde vivía semejante hembra. Pero el Narrador exigió un nuevo aporte de dinero para continuar. Ante la insolvencia general, decidió retirarse. Para el pensador, el caso se transformó en una obsesión. Anduvo inspeccionando pechugas por todos los barrios y siguiendo los pasos de cuanta tetona se le atravesaba. Amigos desocupados lo ayudaban en su búsqueda: Ives Castagnino, el músico de Palermo; el ruso Salzman; Allen, el poeta, y Jaime Gorriti, el quinielero de Caseros. Una tarde de diciembre, Mandeb dio con una muchacha que conocía la leyenda. Ella no pudo aportarle datos nuevos pero le dejó una pregunra inquietante: - ¿Qué pasaría si usted no fuera el Hombre Elegido? - No vale la pena vivir si uno no es el Hombre Elegido - contestó Mandeb -, y le arrancó la blusa. Desde otros barrios comenzaron a llegar rumores. Alguien sabía algo sobre una gitana de la calle Sanabria. Otros hablaban de una morocha de Villa Crespo. Pero lo más interesante fue la noticia de la extraña muerte de Lorenzo Lugo, un reonmbrado picaflor de José Ingenieros. Lo encontraron tirado bajo un puente de la General Paz, agonizante. Antes de morir en el hospital Pirovano, dijo cosas incomprensibles acerca de unas tetas. Algunas semanas depués, el Narrador Sucio lo aclaró todo. Lugo había pasado casualmente frente a la casa de Isabel y alcanzó a verla baldeando el patio. De pronto, en un movimiento brusco, uno de los Colosos de Devoto saltó fuera del batón y desató la tragedia. Varias muertes y desapariciones fueron atribuidas al pecho fatal, pero era casi seguro que los Narradores exageraban. Durante todo el verano, los Hombres Sensibles buscaron indicios y esperaron señales. El seis de marzo, Manuel Mandeb encontró una herradura de plata. Entonces perdió toda compostura. Andaba todo el día por Villa Devoto y tocaba los timbres de las casas haciéndose pasar por vendedor de rifas. Cada noche soñaba con Tetas Ciclópeas que nunca alcanzaban a descubrírsele totalmente: velos, sábanas y breteles le negaban la sabiduría. Hasta que una tarde, durmiendo la siesta, tuvo un sueño diferente: vio una casa con una verja muy alta y un yuyal selvático en el frente. Era una casa espantosa y el miedo lo despertó. Dando por suficiente el dato soñado, Mandeb hizo un anuncio solemnte en la esquina de Artigas y Aranguren. - Llegó la hora - recitó - la noche es fresca, el viento sopla desde Liniers, la luna es brillante. Y yo ya sé dónde encontrar a Isabel. Eran cinco: Manuel Mandeb, Jorge Allen, Bernardo Salzman, Ives castagnino y Jaime Gorriti. - Esta noche, si tenemos suerte, vamos a ver las tetas más hermosas del mundo y sabremos el secreto del amor y de la vida. Salzman, el hombre de los dados, se atrevió a una objeción: - Si no entendí mal el cuento, aquí venimos sobrando cuatro. - Es cierto - admitió Mandeb - solamente un hombre ha sido señalado para este asunto. pero si entre nosotros está el elegido, ya habrá tiempo de conversar. Y tal vez la visión de uno será la visión de todos. Los muchachos de Flores partieron rumbo a Devoto. Atravesaron todo Villa del Parque. Cruzaron las vías del Pacífico. Manuel Mandeb olisqueaba el aire y trataba de orientarse. Anduvieron dando vueltas cerca de una hora más. A veces interrogaban a los caminantes, pero nadie supo decirles nada. Finalmente, el olfato de Mandeb - o la casualidad - los condujo hasta una calle que iba agonizando hacia la General paz. En el rincón más oscuro de la cuadra, Manuel Mandeb pegó un salto. - Es aquí... es aquí. Esta es la casa que soñé. Aquí vive Isabel. Tocaron el timbre y esperaron. Pasaron como cinco minutos. - No hay nadie... - Tal vez no funcione el timbre... - Ives Castagnino empezó a golpear las manos. Gorriti se lució con un silbido agudísimo. A lo lejos se abrió una puerta. Un momento después, una figura lamentable se fue acercando entre los yuyos. El espectro llegó a la puerta. Era una vieja flaca y desencajada. El batón le llegaba hasta los pies. En la cabeza llevaba un pañuelo negro. - ¿Qué buscan aquí? - Buscamos a Isabel. - Aquí no hay nadie. Váyanse... - No mienta, señora... Sabemos que Isabel vive aquí. - No. Aquí no hay nadie... - La vieja dio media vuelta y se fue alejando hacia la casa. Una lechuza cantó en lo alto. Jorge Allen se santiguó. - Es aquí - insistió Mandeb -. Esa vieja no nos quiere dejar entrar, pero es aquí. Desde la casa llegó el sonido de un piano que tocaba el vals "Lágrimás y sonrisas". Allen volvió a tocar el timbre. El piano calló. Manuel Mandeb tomó una decisión. - Por una vieja loca no me voy a preder la ocasión de conocer el Gran Secreto... Vamos a saltar la verja. Ayudándose unos a otros, los hombres de Flores salvaron los fierros oxidados y saltaron al yuyal. Caminaron despacio, sin hablar. Cada tanto, alguno se reía de puro miedo. En algún lugar se abrió una puerta. Enseguida aparecieron ocho perros, como sombras negras y aullantes. Mandeb trataba de razonar con los animales mediantes silbidos y palabas tranquilizadoras. - Chiquito, chiquito... bueno, bueno... Un perro le tiró un terrible tarascón. El ruso Salzman consiguió un palo y empezó a repartir golpes a ciegas. Jorge Allen pegaba patadas con sus enormes zapatones y recibía mordiscos en los tobillos. Los hombres estaban aterrorizados. Ya casi no podían defenderse. Desde la casa se oyó un silbido. Los perros se pararon en seco y un momento después corrieron hacia el lugar de donde habían salido. Los muchachos de Flores quedaron tendidos en el yuyal, sucios, exhaustos, mordidos y con olor a perro. Una sombra se acercó al grupo. -¿Qué quieren aquí? Era un sujeto inmenso. Un gigante. Estaba armado con un viejo trabuco naranjero. El ruso Salzman tuvo ánimo para contestar. - Quédese tranquilo, maestro. Venimos a ver a Isabel. - Aquí no hay nadie - dijo el gigante -. Y váyanse, a ver si no les meto un perdigón en el balero. Mandeb metió la mano en el bolsillo y sacó trabajosamente la herradura de plata. - Tome, tome. Esto le va a interesar. El gigante tomó la herradura y la examinó con cuidado. - Usted puede pasar - dijo mirando a Mandeb -. Los otros se rajan. - Los señores vienen conmigo. Yo me hago responsable. - Está bien. Vamos. Guiados desde atrás por el trabuco, entraron en un pasillo con olor a humedad. Después pasaron a una sala grande y oscura. El gigante los hizo sentar en unos sillones mugrientos. Volvieron a escuchar el piano. - Esperen aquí quietitos. El gigante se esfumó. Al rato apareció una figura que ocultaba su cara con una gorra de enorme visera. SIn decir nada los guió por un sinnúmero de pasillos. En uno de los corredores vieron a un perro atado. Gorriti creyó reconocer a uno de los monstruos del yuyal y le acomodó un zapatazo brutal. El animal lanzó un horrible aullido. El hombre de la gorra no dijo nada. Durante todo el trayecto los incomodaba un hedor pestilente. - Qué olor a podrido... - A mí me resulta familiar. Salzman tuvo una revelación. Con la mayor rapidez arrancó la gorra del guía. - Miren a quién tenemos aquí... Era el Narrador sucio, el llamado Letrina. -¿Qué hace usted en este lugar? - Ya lo ve. Estoy terminando de contar una historia. Al final del último pasillo había una puerta roja. El roñoso la abrió con una llave enorme. - Adelante. Entraron en una habitación llena de tapices y cortinados. En el centro había una cama inmensa. Los hombres de Flores se acomodaron en unas banquetas forradas en terciopelo. El Narrador los dejó solos. Gorriti convidó cigarrillos. Esperaron un rato en silencio, concentrados en sus heridas y en sus dolores. Ya habían dejado de fumar, cuando apareció una mujer espléndida. -¡Isabel! - gritó el ruso Salzman -. Miren... miren qué mina. Era en realidad una hembra notable. - No soy Isabel - confesó -. Apenas soy Ivette. -¿Dónde está Isabel? - preguntó Mandeb. - Ya vendrá, ya vendrá. Depende de ustedes. Presten atención. La mujer adelantó sus manos y con elegancia recitó: Miren mis manos. Dicen que una de ellas es la salud y cura las heridas. Quien la roce tendrá valor y fuerza en todos los momentos de su vida. La otra mano es la peste y quien la toque padecerá tormentos y dolores. Ahora hay que elegir: no se equivoquen. ¿Quién se atreve a arriesgar? Jueguen, señores. Castagnino se levantó y besó la mano derecha. Los hombres de Flores sintieron un extraño bienestar y las mordeduras desaparecieron en ese mismo instante. La mujer tiró de una cinta y su vestido se abrió. Miren mis pechos: son como dos lunas que de otras brindan pálida noticia. Uno es la buena suerte y da fortuna por siete años al que lo acaricia. El otro es la desgracia, ya lo saben. Tocarlo es desacierto y es derrota. Vamos, señores, que en sus manos caben la sombra y la ventura. ¿Quién se anota? Jorge Allen se adelantó temblando. Dudó un instante y luego acarició suavemente el pecho izquierdo de Ivette. - Acertó también el poeta. Hubo una pequeña ovación. Los amigos se abrazaron. Ivette volvió a recitar. Ahora les digo: miren mis mejillas - Y aquí es donde se empieza a jugar fuerte - Se puede besar una, que es la vida... se puede besar otra, que es la muerte. Manuel Mandeb se levantó rápidamente. Se acercó a Ivette y le puso las manos sobre las mejillas. Entonces recitó. Nadie vaya a copar. A mí me toca. Yo soy el que ha venido para eso. El jugador que apostará en tu boca a la vida y la muerte con un beso. Y la besó. - Vamos, Ivette - dijo Manuel tiernamente -, Isabel espera. Ivette lo miró con cierta melancolía. Se cerró el vestido y se fue para siempre. Los Hombres del Ángel Gris quedaron solos de nuevo. Otra vez volvió a escucharse el piano. Una cortina se descorrió y apareció Isabel. Todos temblaron. Todos supieron que era ella. Manuel Mandeb lloró de emoción o tal vez de alarma: los ojos de aquella mujer conocían - lo supo enseguida - toda su vida. Ahora no tenía ninguna duda: el elegido era él. Isabel fue directamente hacia el pensador de Flores. - Será un momento nada más - anunció. - No importa. - Tus amigos deben irse. - Mis amigos se quedan. Han sufrido mucho para llegar aquí. - Está bien... todos merecen el don. Pero no sé si enseñando mis pechos no los haré más desgraciados. - Más vale ser sabrio que dichoso... ¡A ver esas tetas!... La mujer caminó hacia el centro de la habitación. Mandeb miraba ansioso. Isabel lo llamó. Lo besó en la frente y observándolo con aquellos ojos que lo sabían todo, le acarició la cabeza. - Pobrecito... Después, lentamente fue desabotonándose la camisa. Los hombres de Flores temblaban. Los pechos fueron apareciendo de a poco, como lunas de verano, como soles en el mar. En un amanecer de tetas saltó el último botón. En ese momento, Mandeb comprendió que algo terrible iba a ocurrir y trató de detenerla. Pero ya era tarde: las Tetas de Devoto estaban desnudas y brillantes como estrellas. Pero fueron estrellas fugaces. Por un instante los hombres sintierons un dolor dulce, como una puñalada de felicidad. Pero enseguida, un segundo después, como palomás heridas, las Tetas se marchitaron y cayeron. La hembra fantástica envejeció de golpe y se convirtió en la vieja que habían visto antes. Las arugas brotaron en la piel y las piernas se arquearon. La sonrisa piadosa fue una risotada de burla. Pero peor fue lo que ocurrió con los ojos. Aquellos ojos lo sabían todo, pero ya no les importaba nada. La habitación se llenó de un vapor oloroso. Por una puerta aparecieron unos sujetos atléticos con la piel untada de aceite y armados con enormes cuchillos. Gritaban o quizá cantaban en una lengua desconocida. La vieja empezó una danza repugnante, moviéndose con lujuria y agitando las piernas surcadas de venas moradas. Los hombres armados, sin dejar de gritar, se fueron acercando a los hombres de Flores. Uno de ellos desgarró la camisa de Mandeb y trató de besarlo en el hombro. El pensador retrocedió rápidamente y soltó una voz de mando firme y decidida. - Rajemos. Castagnino apenas pudo esquivar a la vieja que le mostraba una lengua de color violeta. Los amigos huyeron por los corredores. El Narrador de Historias trató de cerrarles el paso, pero no lo consiguió. Por suerte, el gigante no apareció. Cuando llegaron al yuyal, los cinco muchachos vieron que ya nadie los perseguía. De todas maneras, siguieron a la gran carrera mientras saltaban los fierros, oyeron el piano que seguía tocando "Lágrimás y sonrisas". Siempre corriendo cruzaron Villa Devoto y llegaron medio muertos a Floresta. Con los ojos llenos de lágrimás siguieron caminando en silencio hasta Flores. Sin hablar, se fueron separando. Castagnino tomó un taxi hasta Palermo. Gorriti se subió al 53 para ir a Caseros. Salzman se despidió en la puerta de su casa. En la esquina de Artigas y Aranguren, Jorge Allen le dijo al pensador: - Por un momento creí que de verdad íbamos a conocer el Gran Secreto... y me aterroricé. - Quién sabe - contestó Manuel Mandeb -. Yo tengo miedo de que realmente lo hayamos conocido.

21 ago. 2007

Alejandro Dolina en Canal a

La opinión de un especialista
Alejandro Dolina: “La literatura argentina es importante…el cine, no tanto”

Siempre vigente, Alejandro Dolina.
Así lo expresó el reconocido periodista y escritor en el programa “El espía”, que conduce Claudio Zeiger y emite la señal de cable Canal (á) los miércoles a las 21.30.

CAPITAL FEDERAL, Agosto 16 (Agencia NOVA) El conocimiento, la trayectoria y la experiencia brindan cierta autoridad para argumentar sobre temas específicos sin caer en la soberbia, o al menos intentarlo.

En ese sentido, Alejandro Dolina fue entrevistado en el programa “El espía”, conducido por Claudio Zeiger y emitido por la señal de cable Canal (á) los miércoles a las 21.30, donde habló sobre la calidad de la cultura argentina y explicó cómo cambiaron sus costumbres con el paso de los años.

El conductor de “La venganza será terrible” manifestó que “la literatura argentina es importante, aunque el cine no tanto”, si bien “actualmente se están haciendo cosas muy dignas”, haciendo alusión a un supuesto desprecio que existe hacia la cultura nacional, y agregó que el mismo “puede parecer propio de espíritus exigentes que no se conforman con nada”.

Además, el ex escritor de las revistas “Satiricón”, y “Humor” reconoció que “ya no tengo ese asombro que me hacía leer por diez horas seguidas”, si bien “no es una explicación seria decir que ya no se escribe como antes, porque siempre va a haber novelas que uno no ha leído”.

Por otro lado, Dolina señaló que “el acto de leer se ha convertido en los últimos tiempos en algo relacionado con el trabajo más que con el placer”, por eso explica que “leo con un lápiz en la mano por si me doy con algún asunto que me venga bien para el programa, lo cual me perturba un poco”. También, aclaró que “estoy leyendo menos ficción. Antes era casi lo único que leía, pero ahora leo más ensayo, historia o filosofía”. Entre los escritores que consulta con asiduidad, están el filósofo francés Voltaire, y el estadounidense Isaac Asimov.

Finalmente, el autor de varios libros, entre ellos “Bar del infierno”, su más reciente lanzamiento, dijo que a veces le cuesta encontrar un libro en su biblioteca porque ésta “es un amontonamiento, y van variando de posición conforme uno los saca de un lugar y los pone en otro”, y puntualizó que “cada tanto ordeno pero el mismo tráfico los desordena”.

Fuente: (Agencia NOVA)

20 ago. 2007

Nota de Rolón en Clarin


Al licenciado Rolón se lo conoce por su presencia mediática: en radio, los jueves de 17 a 19, acompaña a Elizabeth Vernaci en Tarde negra (Rock&Pop). Allí hace de lo que es: psicoanalista. La gente llama, cuenta sus problemas, y él da consejos y ayuda a desenmarañar algunas cuestiones que le plantean. Siempre con el contrapeso delirante y humorístico de la conductora y de Humberto Tortonese. En las trasnoches, Gabriel Rolón cambia de traje y hace la segunda voz (a veces también canta o toca la guitarra) de Alejandro Dolina en La venganza será terrible (Radio 10). Y últimamente se incorporó como columnista a RSM, el programa que conduce Mariana Fabbiani por América.

Esa presencia (y sus anteriores "actuaciones", como en Todos al diván, con Roberto Pettinato y Karina Mazzoco) explica, en parte, que su libro Historias de diván. Ocho relatos de vida esté primero en las listas de best sellers desde hace un mes.

Ahora está en su consultorio, en pleno barrio de Once. El diván del libro (no el de la tapa, el real) es un Le Corbusier de cuero negro, como el resto de los sillones del consultorio. También negra, la mesa ratona donde se abre una laptop. Detrás, el licenciado Rolón responde preguntas.


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¿La radio cura?

No. No creo que la radio cure. Me da la impresión de que acompaña, puede de alguna manera contrarrestar ciertos dolores del síntoma de una persona que está sola, o encuentra algún pensa miento inteligente que la ayuda a reflexionar. La cura impone unos rigores y una cotidianeidad de este pensamiento, y la posibilidad de equivocarse pensando. La radio no te da esa posibilidad.


Tenés dos papeles diferentes en radio. ¿Cómo los definirías?

En el caso de La venganza será terrible yo trato de acompañar la genialidad de Alejandro lo mejor que puedo, en temas que pasan por la filosofía, la mitología, la historia, el pensamiento, mucho humor, cuestiones musicales. Y cuando algo se dice de mi profesión, por lo general se dice en broma. Alejandro juega un rol de negador de la psicología. Lo utilizamos como arcilla para tratar de construir algo en el programa, pero ahí no soy psicólogo.


¿Y en "Tarde negra"?

Sí. Trato de responder, dentro de las características del programa, sumándome al humor, preguntas muy serias, con Elizabeth y Tortonese. Me resulta muy divertido ver cómo hilvano un discurso siguiendo los callejones que ellos proponen. Y muchas veces me ha servido este lugar, no para curar, pero sí para dar respuestas a preguntas del tipo: "tengo un chico de 9 meses que duerme en la cama con mi marido y conmigo". "Sáquelo, no está bien, no es bueno para el chico". Y explico el porqué, y creo que de esa manera ayudo a la gente a pensar. A veces uno así moviliza a la gente para que después pida una ayuda profesional.


¿Te pasa seguido que gente que haya llamado al programa termine convirtiéndose en paciente?

Casi todos mis pacientes vinieron de la participación en Tarde negra.


Son todos oyentes de Vernaci.

Muchísimos, sí. Justamente por mi rol ahí.


¿Te sentís como el Felipe Pigna del psicoanálisis?

A ver, a mí me gusta mucho Felipe Pigna, es como un gran piropo. Me voy a remitir a una analista francesa, Fran»coise Dolto, que hablaba por radio en pleno psicoanálisis lacaniano, francés, duro. Lacan mismo la rescata. Era una gran analista y se animó a hablar de otro lugar para que la gente la entendiera. Me gustaría ser alguien que le explica a la gente los avatares del Edipo en un niño sin poner palabras difíciles. Me gusta transmitir las ideas del modo más claro posible.


Fuente: Clarín



17 ago. 2007

Cuando el Águila desaparece - texto de Abel Posse.

CUANDO EL ÁGUILA DESAPARECE

El señor anciano, el señor argentino, vivía en el piso alto de la casa que le alquilaba al doctor Gerard, en Boulogne-Sur-Mer.

Promediaba un agosto fuerte, de calores húmedos. Sólo refrescaba en la alta noche cuando la brisa del mar traía los olores salinos del puerto. La brisa entraba como una amiga y él la respiraba profundamente. Ya no dormía. Permanecía sentado contra las almohadas en la penumbra. Pensando. Recordando. Estaba a solas con su larga muerte. A veces se preguntaba desde cuando empezó a morir. ¿Desde el fin de aquella tarde en Guayaquil? ¿Desde 1829, cuando decidió no desembarcar e irse para siempre de esa patria que empezaba a preferir la anarquía a la grandeza? Ningún hombre sabe con certeza desde qué momento pertenece más bien a la muerte. O cuando está ya muerto, aunque siga por la vida.
Hacía mucho que no recibía visitantes. Esa ingratitud lo eximía de tener que fingir preocupación por las cosas reales. La fiesta, las angustias, la gloria, le parecía que no las había protagonizado él sino otro. Eran como de la vida de otro.

Tenía 72 años y estaba casi ciego y ya doblegado por los terribles dolores intestinales. Sabía que los dolores no venían de las cabalgatas terribles a cuatro mil metros de altura ni de las vigilias antes del ataque (cuando el jefe necesita eso que Napoleón llamaba “el coraje de las dos de la mañana”). La enfermedad venía del universo de chismes y calumnias, de la inesperada pequeñez de hombres de los que no se había dudado.

Se quedaba sentado todo el día, esperando los embates del dolor. Cuando ya no los aguantaba llenaba el vaso con agua y volcaba el láudano ya sin contar las gotas. Juntaba fuerzas hasta el momento en que llegaría Mercedes, la hija, y entonces se pararía y fingiría tener energías como para ordenar los libros del estante o pedir agua para las flores. Pero sospechaba que ya no la convencía, por eso ella hizo venir, con el permiso de Rosas, a su marido, Mariano Balcarce, desde Londres.

Lo invaden imágenes perdidas: el resplandor verde y caliente de las selvas de Yapeyú con el portal de piedra de la iglesia jesuítica devorado por las lianas de la irreductible América. Ese aldeón de tejas, Buenos Aires, y ve al niño que fue, escapándose en el solazo de la siesta de verano (las gallinas picoteando maíz en los bordes de la Catedral). Se ve en uniforme de teniente coronel, escucha un piano en casa de los Escalada. Las risas de Remedios, Mercedes, Mariquita, quebrándose como cristales en el silencio del atardecer.

Ellas, las mujeres, son las que más retornan. Siguen pareciéndole un misterio. Son las dadoras de gracia y de vida. Extraños seres: su madre, la melancólica Remedios, Rosa Campusano -de las noches triunfales de Lima-, María Gramajo y hasta aquellas gitanas de sus primeras experiencias en sus tiempos de cadete en Murcia.

Le general

Hasta hace poco podía ir erguido, con su bastón y su chalina, por la calle de la iglesia a la plaza del municipio. Todavía podía comprarse algún cigarro bueno si había llegado desde Perú su demorado giro de su devaluada pensión. El librero, el almacenero, el notario, lo saludaban con respeto. El intendente alguna vez les había hecho saber que era un gran general, que había vencido a regimientos de España que no había podido derrotar el mismo Napoleón. Le decían le général.

Antes, cuando todavía podía hacerlo, él mismo iba a encargar carne de vaca que hacía cortar de una forma extraña. Una vez, el señor Brunet, dueño de la Bucherie Chevaline, contó que le général había señalado con el bastón la cabeza de caballo dorada, insignia del negocio, y le había dicho: “No se deben comer los caballos, señor Brunet”.

Sería porque en algunas noches sus entresueños se llenan de caballos. A veces son las mulas firmes y astutas, en el terrible frío y en los roquedales andinos, otras son los caballos cargando por el llano, con los ojos enrojecidos, la crin al viento, echando espuma. Le parece oler el noble sudor cuando su asistente retiraba la silla y el mandil y los acariciaba.

A veces tiene la suerte de ser visitado por lo que es para él la más noble de las músicas: el retumbar increcente de los cascos cuando su regimiento azul iba tomando carrera y ya se ordenaba desenvainar sables y bajar lanzas. Si fuera poeta, si no fuera tan reservado, trataría de escribir para retener eso que se siente. Trataría de decir que es algo grande, una exaltación suprema de la vida, como la culminación del amor. Centauros. Los caballos criollos y los granaderos con sus chaquetas que él quiso que fueran las más elegantes, pese a la poca plata que pudo mandarle el abnegado Pueyrredón.

Son amigos inolvidables. Los caballos del combate, los de las infinitas marchas por los despeñaderos, los del triunfo (cuando entró en Lima y encontró la sonrisa de Rosa) o los callados compañeros de la derrota que lo trajeron desde Guayaquil enfermo hasta su chacra en Mendoza. “Fue más o menos cuando murió Remedios. Y seguramente cuando yo empecé a morir.”

“¿Cómo puede haber gente que coma caballos?”


Bolívar

Si la muerte le duele es por la tristeza en la mirada de Mercedes. Sabe que no es posible, que llamarán al doctor Jackson. Si fuera por él mantendría escondida su muerte. Es cosa de mero pudor: dicen que el cóndor y el tigre se esconden para morir.

Por si viene Mercedes se esfuerza para sentarse ante el escritorio. Creé adivinar el rectángulo con el retrato de Bolívar, del que nunca se separó en sus viajes. Hace no mucho, cuando todavía podía hacerlo, escribió a un amigo: “Es el genio más asombroso que tuvo América”.

Yo estoy de este lado, pero él ya no. Hace veinte años que está muerto. Desde 1830, en que expiró miserablemente corroído por la tuberculosis contraída en las heladas alturas de los Andes. Sin embargo lo siente siempre vivo. Lo ve llegar con su fasto, su huracán de vida, sus impecables oficiales, rodeado de las mujeres más espléndidas. “César tuvo que haber sido así.” Lo escucha citando poetas ingleses o filósofos clásicos. Lo ve junto a Manuela Sanz, la maravillosa amazona, vestida con su casaca de húsar con alamares dorados y su cabellera negra cubriendo las charreteras del rango de oficial que ella misma se había dado.

Le contaron que Bolívar murió escupiendo sangre en santa Marta, traicionado y calumniado por los que habían crecido bajo sus alas. Y le dijeron que la espléndida Manuela fue desterrada y vive casi como mendiga, en Paita, vendiendo pasteles y tabaco a los marineros que salen de los burdeles del puerto.

Seguramente fue Alberdi, cuando vino a visitarlo, quien le contó que Bolívar dijo que había “arado en el mar”. ¿Sí? ¿Hemos arado en el mar? ¿Nunca serán naciones civilizadas? Después de la muerte de Bolívar se desbandaron como chicos malcriados…. ¿Será la Argentina para siempre una frustración, el eterno retorno del caos y de la incapacidad?


El fin

Escucha voces desde abajo. Parece que el doctor Gerard dice que es el 17 (él ya no le encuentra significado a los números del calendario).

Sabe que han llamado al doctor Jackson y hace un esfuerzo por llenar la caja de rapé, que le agrada al médico. Entonces siente el zarpazo que sabe final. El tigre que acecha desde las fiebres de Huaura esta vez lo venció. Se derrumba en el lecho.

Trató de calmar a Mercedes murmurando que “es la tempestad que lleva al puerto”. Se adormece. A veces surgen ráfagas de su filosofía íntima o atisbos del consuelo religioso. Pero nada agregan a su largo silencio ante la muerte. Nada puede rozar su misterio. Tiene la majestad de ese Aconcagua que está viendo ahora nítidamente recortado sobre el azul helado.

A las tres de la tarde siente la paz de entrar en ese calmo lugar donde intuye que no encontrará ni a su madre, ni a Remedios, ni a Sucre, ni al gran Bolívar.

“¿Hemos arado en el mar? No, general Bolívar. Tal vez sea poco lo que hemos hecho, algunas cabalgatas heroicas….tal vez pudimos hacer más. Pero ellos harán el resto y mucho más, estoy seguro. Le digo que América será. Argentina será.”

Abel Posse

Texto escrito por Abel Posse, aparecido en el diario La Nación el 17/08/1989 con motivo del 139 aniversario del fallecimiento de Don José de San Martin.


13 ago. 2007

Alejandro Dolina y Luciana Salazar en Paparazzi.


Foto Revista Paparazzi
"Dolina/ Salazar ¡¡Choque de planetas!! No hay photoshop. Tampoco fotomontaje. Son Alejandro Dolina y Luciana Salazar. Juntos. Muy juntos. Unidos por Paparazzi hablaron de todo. Amor, infidelidad, fama, seducción y mucho más. Y aunque usted no lo crea, hubo más coincidencias que diferencias. ¿Se ha formado una pareja?"


La revista Paparazzi reunió al escritor y conductor radial Alejandro Dolina y a la vedette Luciana Salazar, para que hablaran de tópicos como la pareja, los celos, el amor y el sexo. Las personalidades mostraron más acuerdos que discrepancias, y cerraron con una foto y un jugoso diálogo.

"Estas fotos serán motivo de orgullo con los muchachos del barrio", dijo Dolina, a lo que la Salazar retrucó "El orgullo va a ser mío".

"Soy feminista", dijo Dolina como para romper el hielo, y la vedette respondió que ella también lo es, aunque reconoció tener su lado machista.

El popular "Negro" Dolina opinó que la forma que tienen los hombres de relacionarse con las mujeres es "abominable", ya que toman a la pareja como una posesión. "Tanto es así que cuando los dejan, el dolor que tienen los hombres es el de alguien que ha perdido una propiedad, que fue usurpado. No duele tanto la ausencia de la persona amada como la posibilidad de que esa persona pase a otras manos , y Salazar afirmó que sus amigos dicen que tiene mentalidad de hombre " porque soy la que no llama, la que no pregunta ´¿a dónde vas?´ o ´¿con quién estuviste?".


Dolina dijo que a veces la indiferencia es una virtud, porque uno no está pendiente de lo que hace su pareja, y Salazar contó que "le divierte". Dijo que le gusta que no todo sea fácil en la relación, y que esas cosas le "ponen pimienta." El conductor aportó el dato más serio sobre la precisión de la vedette, diciendo que el sufrimiento es el precio del goce. El tipo que tiene la piel tan gruesa como para no sufrir, la tiene también para no gozar. Si gozas mucho, también sufrís mucho .

Ambos coincidieron en que el sexo es lo más importante de la pareja, "porque si no uno elige estar con los amigos", y que la razón que más mueve a las personas es el sexo, "porque somos mortales. La muerte es el precio que pagamos para amar , concluyó el conductor radial.
Aquí la entrevista:


Una mesa. Dos cafés. De un lado Alejandro Dolina (62), un fiel representante del hombre porteño, intelectual y seductor. Frente a él, Luciana Salazar (26), la mujer más deseada por los argentinos. Y un grabador para registrar una charla sin precedentes. Rec.

La fama. Dolina: –¿Cómo juega tu fama al estar con un tipo?

Luciana: –Mal. A la hora de querer formalizar una relación, te juega en contra.

Yo creo que al principio juega en contra. Porque uno nunca sabe si se han acercado por legítimo interés o por mera curiosidad mediática.

–Sí, es verdad. Ese prejuicio existe cuando se te acercan.

Hay un primer instante en que parece, que a uno le estuvieran haciendo un reportaje. Es horroroso.

–Yo por suerte capto enseguida al hombre que es cholulo y se acerca por la fama. A mí el tema de la fama me juega muy en contra para las relaciones formales.

¿Te gustan las relaciones formales?

–Sí. Estuve mucho tiempo de novia, pero desde que entré al ambiente me costó formalizar una relación. Los hombres se ponen muy celosos de la imagen que una vende.

A mí me parece que debería pensarse de otra manera. Yo conozco gente que se entusiasma con el deseo de los demás sobre su pareja. Son hombres a los que les gusta que a su mujer la miren y la deseen.

–Sí, pero en mi caso, como me inventan romances todo el tiempo, es difícil que un hombre se lo banque.

¿Pero por qué son tan formales los hombres en ese aspecto?

–No sé… Les dan miedo las mujeres así, muy expuestas y con un perfil muy alto como yo. Y que además no son tontas.


Las parejas.Antes que todo, aclaro que yo soy feminista.

–Yo también soy feminista, pero tengo mi lado machista para algunas cosas.

A lo que voy es que siento que los hombres, especialmente en la Argentina, tienen una forma de relacionarse con las mujeres que es abominable. La toman como una posesión. Tanto es así que cuando los dejan, el dolor que tienen los hombres es el de alguien que ha perdido una propiedad, que fue usurpado. No le duele tanto la ausencia de la persona amada como la posibilidad de que esa persona pase a otras manos.

–Mis amigos me cargan. Me dicen que tengo mentalidad de hombre, porque yo soy la que no llama, la que no pregunta “¿adónde vas?” o “¿con quién estuviste?” Y eso al hombre le carcome la cabeza.

Es una gran virtud la indiferencia. Pero creo que nadie opina como yo. Y las personas indiferentes no son muy frecuentes en estos tiempos. Hoy es muy común estar encima del otro indagando, averiguando, sospechando… He llegado a pensar que algunos lo hacen por aburrimiento.

–A mí me divierte eso, eh. Que no sea todo tan fácil. Que la relación sea novelística, rebuscada, le pone pimienta.

¿Los celos juegan a favor de la pasión? Yo creo que es muy sabio convertirlos en algo positivo. Que los celos provoquen un mayor deseo.

–Ese es el tipo de celo que a mí me gusta.

Es más, yo necesito ese celo. El otro no, es un control policial.


La infidelidad. –Yo soy muy abierta en ese sentido, porque de los cuernos y de la muerte no se salva nadie. Por eso prefiero tener un código con mi pareja, y que si algún día uno de los dos quiere algo más, que sea por un acuerdo, y no tener que enterarme por atrás. Que sea con respeto, sin que nadie se entere.

Lo innegable de la infidelidad es que sucede. Y me parece inteligente asumirlo. Pero en estos tiempos hay un evidente conflicto entre lo que sucede respecto de la fidelidad, y lo que la sociedad piensa. Es como el matrimonio, tendemos a seguir tradiciones que no se cumplen. Hablamos del amor y del matrimonio como si fueran cosas para siempre, y la verdad es que nunca son para siempre.

–Yo no creo en el casamiento . Creo en amar a una persona y formar una familia con él.

¡Pero claro que sí! Yo tengo dos hijos, que son lo más grande que me ha pasado en mi vida, y no forman parte de un matrimonio. No creo que haya que certificar ante un abogado aquello que nos pasa en el corazón. Ahora, quiero llamar la atención sobre otra cosa que a mí me parece más peligrosa que la infidelidad. ¿Qué pasa cuando se

muere el deseo?


–No, ahí ya está. Porque puede quedar un cariño, pero si en una pareja no hay deseo…

Hacer durar el deseo es propio de la inteligencia y de la belleza, es un arte. Un juego de inteligencia y belleza juntos, si es que no son la misma cosa, para que el deseo no se extinga.


El desamor. –Me encanta sufrir por amor. Es lo que me da el condimento para que el amor sea fuerte, le dé vitalidad, porque si no sufrís…

El sufrimiento es el precio del goce. El tipo que tiene la piel tan gruesa como para no sufrir, la tiene también para no gozar. Si gozás mucho, también sufrís mucho.

–¡Claro! Son opuestos que van juntos. Como el odio y el amor.

Y vos seguramente habrás padecido a esos tipos que siguen insistiendo, que llaman a las 3 de la mañana, que se cuelgan del árbol de enfrente de tu casa…

–Sí… Igual me divierte que me hagan eso. Pero en mi caso, cuando se terminó, se terminó, y ahí pienso para adelante.

Hay que hacer eso, sí.

–En mi caso, todo lo manejo con la cabeza. Mi cabeza domina mi corazón. Aunque tal vez no esté bien.

Yo he sufrido muchas veces. Pero me comí el sufrimiento para mí. Me quedé llorando en mi casa. Hay que pensar en el próximo amor, el regreso de un amor que se fue, es el que viene.


La seducción.No hay cartas para seducir a una mujer. El que tiene cartas, el que tiene recetas, no sabe nada. Vos, Luciana, no sos un acertijo ni un crucigrama. Nadie lo es. El tipo que tiene una receta, y que la aplica con vos hoy y mañana con fulana, es un imbécil. La seducción sucede cuando sucede.

–Sí, totalmente. Vas o no vas conmigo. O me gustás así como sos, o no me gustás, porque te desnudo al toque. Soy una mujer que tiene la suerte de conocer muy fácilmente a las personas. Y sí, creo en el amor a primera vista, partiendo de que siempre es físico.

Claro. Después, a los 10 minutos, aparece otra aduana que también hay que pasar.

Pero al principio, vos mirás un cuerpo bello, una cara.


–Después, hay amores que me han pasado, que son los que más rescato porque son los que más me engancharon, que no fueron a primera vista. Por ahí la persona no me cerraba del todo físicamente, pero me cerró mucho su personalidad. Los famosos touch and go son con hombres que te gustan mucho físicamente, pero la personalidad no te gusta.

Fijate qué curioso. Estamos diciendo que los consejos que se pueden dar en el amor son que no hagas nada: si te dejaron no tenés que hacer nada, y si quieren seducirte tampoco tenés que hacer nada, sucede o no sucede.


El sexo. –El sexo es el ochenta por ciento de la pareja.

Y tal vez un poco más, Luciana. Si no, ¿para qué se pone uno en pareja? Para eso están los amigos.

–El otro día escuché en el noticiero que unos psicólogos encontraron más de 270 razones por las cuales el hombre tiene sexo. Y muchas tenían que ver con todo esto que estamos hablando.

La primera razón es porque somos mortales. La muerte es el precio que pagamos por amar. Una raza de inmortales no tendría que reproducirse y no existiría el sexo. Y la recompensa de ser mortales es que conocemos el amor.



mano a mano




No se conocían. Ni siquiera se habían visto. Pero desde el saludo inicial hubo química entre ellos. Durante la sesión fotográfica, Dolina lanzó: “Estas fotos serán motivo de orgullo con los muchachos del barrio”. Luciana sonrió y le devolvió el piropo: “El orgullo va a ser mío”.


12 ago. 2007

Fragmento de una Charla de Dolina

Dolina: "'El verdadero milagro de la vida no es encontrarse con uno mismo, que después de todo no es más que una paradoja de quinta... Lo importante es encontrarse con alguien. Esos efímeros puentes que dentro de este mundo de islas algunos suelen tender; efímeros porque duran muy poco y hechos quizas de la misma materia de la que están hechos los sueños. Por ahí, cada tanto, en esa horrenda soledad que es la vida, uno liga un puente. Un puente que se puede tejer con un cariño o con un amor; quiere decir que en este mundo donde todas las citas son fallidas, o casi todas las citas son fallidas, en donde casi todo consiste en ir a esquinas donde nadie acude, en donde casi todos los encuentros fallan. Mi vida es ir a buscar y no encontrar, y es así... Salvo alguna que otra vez, como flechas luminosas en la noche, en que uno va a una esquina y hay alguien, bueno... yo creo que eso merece festejarse y festejarlo con dignidad, y hacer digno ese pequeño puentecito que se ha tendido. Solo una vez en la vida de un hombre pasa un centímetro cúbico de suerte y solo la pescará el que este todo el tiempo atento. Nos toca solo un cachito de suerte en la vida y el peor de los pecados es dejarla"

El día que Dolina defendió a Maradona


Un giorno tristisimo!!!!

Programa del 30/6 al 1 de Julio de 1994

Día en que se da a conocer el doping positivo de Maradona en el mundial de EE. UU.



[...]

[Alejandro Dolina]

Hoy estamos muy de indignaciones -¿No?- Es una jornada triste. Y yo hace unos minutos tuve ocasión de hacer un pequeño comentario por Canal 13 acerca de ésta desgracia de Diego Maradona; y quiero decir que si fuera solamente una desgracia futbolística, seguramente no la traería yo a colación en este programa y si fuera nada más que el comentario de un partido perdido, o de un jugador en infracción que ha quedado fuera del campeonato, bueno tampoco, porque aquí hay un equipo muy idóneo para esto -Creo que el mejor, ustedes saben la admiración que tengo yo por Víctor Hugo Morales-. De manera que no es un comentario deportivo éste.

Pero el sueño del regreso del Diego era -para éste que habla- un sueño mucho más grande que un sueño futbolístico. Creía yo ver en el regreso de éste chico al quien he admirado tanto y he querido tanto como jugador de fútbol y también como persona. Creía yo ver en ese regreso uno de los contadísimos éxitos que el hombre tiene frente al tiempo, frente a la muerte, frente a la maldad y frente a la mezquindad.

En general el tiempo siempre vence, la muerte prevalece, la mezquindad triunfa y las sencillas virtudes más tarde o más temprano, suelen quedar sepultadas. Recuerdo a Rubén Darío en esa línea, vencedor de la muerte.Vencedor del tiempo, vencedor de la maledicencia, vencedor de su propia equivocación: Volvía Diego Maradona.Y al margen de que a uno lo ponga contento que un tipo con la 10 celeste y blanca juegue bien... había más... había más... Había ese deportista que había sido vapuleado por una sociedad hipócrita que lo señaló como un delincuente, siendo que en ese mismo círculo que lo señalaba a él como delincuente, se verificaban las mismas costumbres que le enrostraban a Diego, con una hipocresía impresionante. Ciertos periodistas, pensadores y mediocres en general, atacaron a Diego. Se pusieron paternalistas con Diego. Empezaron a darle consejos a Diego. Empezaron a negar o a lamentarse de que Diego fuera ejemplo para muchos jóvenes. Al respecto debería decir yo lo siguiente, lo he dicho otra veces pero vale decirlo ahora: Yo creo que sí es ejemplo. Es ejemplo en un país, en un mundo, pero particularmente en un país donde la aspiración de las personas es obtener un 4 para poder seguir adelante, es decir, entregar lo menos posible para recibir lo más posible. Negar la excelencia como si fuera obsesiva y demencial, para conformarse con la mediocridad que permite zafar - Como suele decirse-. En un mundo que aspira un 4, Diego era el 10. Y en ese sentido es, sigue siendo un ejemplo para los chicos. Paradigma, porque les muestra que a veces es deseable ser el mejor de todos. Y aunque no se consiga serlo, que vale la pena la lucha para ver si uno lo logra.

Ningún deportista del mundo, ningún deportista del mundo fue tan perseguido.
Jugador de fútbol suspendido por un año en el ápice mismo de su carrera.
Siendo el mejor de todos. Una carrera que como todos sabemos -lugar común mediante, tópico mediante: es breve-

[Jorge Dorio]

Hubo otro gesto, Alejandro -si me permite ahí en el medio- también en ese ápice y en el medio de esa caída, que es el haberse permitido cuando la comodidad a su vez le permitía circular tranquilo en medio del ruido y de la gloria, alzarse frente a los poderosos -equivocado o no, tampoco importa- sino tener una opinión personal, funcionar como un hombre en medio de ésta circulación de ídolos habitualmente vacíos de discursos, de opiniones y de pasiones.

[Alejandro Dolina]

Así es. Tomó la posición más incómoda. Se situó en el centro mismo de la incomodidad. Muy fácil hubiera sido para él, hacer como digamos como Pelé.
Hacerse amigo de los poderosos, hacerse patrocinar, marchar por las avenidas centrales de los "mangiaorejas" y no lo hizo así.

No le perdonaron muchos su origen. Yo he escuchado muchas veces, durante el año de su suspensión: "¿Y qué querés con ese negrito villero?". No le perdonaron su origen. Tampoco se lo perdonaron a José María Gatica, a otros que desde muy, muy abajo llegaron muy arriba por su talento y sin ser alcahuetes de nadie. Ningún deportista padeció trauma semejante.
Alcanzó a volver. Fue atacado. Fue empujado hacia la equivocación incluso.
¿Pero por qué?. Los medios de comunicación, el mundo éste en que vivimos, suele obligar a los luchadores quijotescos y solitarios a jugar el juego que todos juegan. Y entonces... ¿Cuál es el juego que todos juegan?. El juego de los medios de comunicación, el juego del retruque, el juego de saber que Sócrates no escribió ningún libro, el juego de no comerse las 'eses'. El juego de una cierta elegancia, y a ese juego, juegan muy bien quienes el mundo manejan. Y Diego jugó a ese juego, claro, al otro, al juego de él era muy difícil ganarle.

No he visto ningún periodista que lo desafiara a hacer "jueguito", pero sí he visto periodistas que lo desafiaban a hablar, a una polémica. -Ah! -Gran cosa!... Pedirle a Diego que sea polemista, que sea culto. Bueno, por Dios...

[Jorge Dorio]

Si me permite Alejandro, también perdieron en ese juego justamente porque no esperaron -he insisto, esto no tiene que ver con las opiniones vertidas en cada ocasión por Diego Maradona, más allá de su posible acierto o error como si uno pudiera juzgar esto- también perdieron el punto en que no encontraron lo previsible: No encontraron la anuencia para el juego de los poderosos, no encontraron aquello que se debe esperar de un número uno.

[Alejandro Dolina]

No. No encontraron eso. No encontraron la complacencia, el beneplácito y la complicidad que suelen tener a veces los que llegan desde muy abajo y que encuentran cómoda, la alianza con los poderosos. No la hallaron en Diego.
Bueno, a todo esto se sobrepuso Diego. -Y casi este regreso, era un milagro!
Era un milagro. El milagro del héroe que vuelve del infierno. Teseo rescatado de los infiernos. El novio que espera a la princesa que está triste, de Rubén... pero bueno, y entonces sucede este episodio absurdo. Por eso mi tristeza y por eso el desengaño.
No la tristeza del hincha de fútbol que dice: -Uh! -Nos sacaron el mejor!
Esa sería una tristeza chiquita. No. La tristeza de un criollo que vió como un chico de Fiorito -El mejor jugador que yo haya visto nunca- pudo sobreponerse a los miserables y ver como -para alegría de tales miserables que seguramente ahora estarán llenandose la boca con reconvenciones legalistas y cosas por el estilo- como para alegría de ellos, ese sueño se frustró.
Yo estoy muy triste. He llorado, no por el fútbol -yo hace desde los 11 años que no lloro por el fútbol- lloro por una estética y por una ética que vuelve a ser pisoteada por los mediocres. Decía yo en canal 13 -quizá exagerando mis sentimientos- pero algo que es verdadero: Más deseo tenía yo de ver campeón a Diego que de ver campeón a Argentina. Y otra cosa dije también: A la hora de poner las manos sobre el fuego, el buen amigo habrá de ponerlas aun cuando sepa que es posible quemarse. Porque las manos en el fuego con la seguridad de no sufrir quemaduras las pone cualquiera. El verdadero amigo es el que pone las manos en el fuego aun cuando sabe que se va a quemar. Y si Dieguito Maradona que tantas alegrías nos ha dado, no merece que hoy nosotros pongamos las manos en el fuego aun cuando las saquemos quemadas, pues entonces yo no entiendo nada, ni de fobal, ni tampoco -lo que es peor- de la vida.

[Jorge Dorio]

Hay algo más Alejandro que usted pensó y lo hablamos, después en una entrevista a veces las cosas se diluyen, no aparecen, se le escapan a uno.
Hay una especie de cita patria -diríamos- Hay algo que quizás se parezca -porque las dimensiones son diferentes- digo, pensaba en algún acontecimiento político hace un par de décadas -¿No?- Alguien que vuelve también, que reencuentra a la gente reunida en torno de sí, y eso se pierde, se diluye como ilusión, como emoción de todo un país.
Pero usted pensó en un ejemplo, en una historia que es precedente a eso y que funda a este país. Digamos, la necesidad de alguien que haga un gesto accesorio al gesto del héroe, un gesto más. Usted se acuerda perfectamente de quién estoy hablando.

[Alejandro Dolina]

Claro. No hubo en este caso -lástima que no lo haya habido- un Tadeo Isidoro Cruz para este Fierro. Tadeo Isidoro Cruz, aquel sargento de la partida, que va a prender a Martín Fierro que cuando lo ve batirse en inferioridad, pero con tanto coraje, dice: Yo no voy a permitir que se mate así a un valiente y toma su partido, el partido de los perdedores. Sabía Cruz, que tomar ese partido lo conducía a la marginalidad y al aniquilamiento pero lo tomó y dijo: Yo no voy a dejar que se mate así a un valiente. No hubo ningún Cruz para este Fierro.
Iba yo a hablar de algunas paradojas, de algunas aphorias, de Bertrand Russell, de Zenon de Elea, de Timénedes, pero las paradojas son jueguitos de manos de la razón, y pudo más por suerte esta vez, la potencia de la pasión.
Vamos a escuchar un tango, no importa cual, dedicado a Dieguito Maradona que canta un amigo nuestro.

Escuchá el audio de la charla:




9 ago. 2007

Rolón habla de su libro en una radio de Rió Cuarto


"Historias de Diván: Lo nuevo de Gabriel Rolón

En diálogo con Radio Río Cuarto, el psicoanalista y hombre de radio y televisión, habló de su primer libro recientemente publicado. Una entrevista para compartir en la cálida voz de Mabel Sánchez.

Historias de diván registra el tratamiento de ocho casos en su consultorio. Los 'ocho relatos de vida' están basados en casos reales. En sesiones en las que analista y paciente llegan a un acuerdo para encarar juntos uno de los caminos más duros: el que lleva a la verdad como único instrumento para destrabar el dolor.

Historias de diván se ha convertido en uno de los libros más recomendados. En sólo diez días agotó la primera edición y con la segunda se instaló entre los best-sellers de la temporada. Y todo gracias al amor y la fe en el análisis…



Fuente:Producción periodístico 'La otra mirada'
LV16.com | Radio Río Cuarto AM 1010 | Fm Ranquel Fm 93.9:


Además, Rolón hablo con Victor Hugo, en "La mañana con Victor Hugo"( programa altamente recomendable de Lunes a viernes de 9 a 1 de la tarde por Radio continental). La charla fue muy interesante, para los amanates de la psicología creo que el libro de Rolón es una buena noticia. Y para Gabriel también ya que en pocos días se convirtió en un Best Seller. Parece que la psicología le sienta mejor que la ficción.


6 ago. 2007

Alejandro Dolina, un artista del humor

Hace quince años, desde "Demasiado tarde para lágrimas", que el conductor se adueñó de las trasnoches

Sus ciclos se caracterizan porque el público quiere verlo en vivo Actualmente se transmite desde el Tortoni La estrella de cada velada, como siempre, es el maestro "el sordo" Gancé.

Todo en el ciclo "La venganza será terrible", que conduce Alejandro Dolina en radio Continental (AM 590), de lunes a viernes, de 0 a 2 de la madrugada, es atípico. El programa (prácticamente siempre líder en audiencia) se emite desde un ámbito por demás pintoresco: La Bodega, en el subsuelo del café Tortoni (ubicado justo enfrente de la emisora) y genera un fenómeno que lo distingue.

Noche tras noche, casi una hora antes del inicio, ya se forman colas en la entrada, sobre Avenida de Mayo al 800. Cuando Dolina saluda, cuenta con una platea fervorosa de 300 personas, que asiste a la puesta en el aire del programa, en una actitud casi de ritual, donde se divierten, emocionan, cantan y, esencialmente, reflexionan junto al conductor.

Dolina, en el rol de auténtico bastonero, está aquí acompañado por dos formidables coequipers : el licenciado (psicólogo) Gabriel Rolón y el locutor Guillermo Stronati, quienes a esta altura de la exitosa aventura radial, ejecutan el slogan de los mosqueteros: "Todos para uno, y uno para todos". Porque tras la presentación inicial, la "reflexión" de cada día, llegarán los segmentos humorísticos. Pero antes, el conductor pondrá de relieve sus conocimientos sobre los temas más calidoscópicos e interesantes: mitos griegos, ritos de coronación, filibusteros, pontífices burlados, ancianos hebreos, tesoros, inventos, vejez de algunos escritores y artistas por sólo citar los últimos.

Estos surgen de mensajes de oyentes -o de la lectura de viejas revistas femeninas- que plantean consejos ridículos o encrucijadas, como por ejemplo: ¿cómo lograr que la señora haga un buen guiso?; ¿cómo peinar al gato?; ¿cómo despegar un chicle de la alfombra?, y otros temas tan delirantes o surrealistas, pero siempre eficaces y celebrados en su resolución.

En cada uno de estos espacios, logran activa y lúcida participación sus compañeros Rolón y Stronati. Y como frutilla de la torta, en el final, la incorporación de una las de las más celebradas creaciones de Dolina, el maestro: Arnaldo Carlos, "el sordo" Gancé, una figura legendaria de la radio. El es quien interpreta en los teclados los temas que pide la audiencia y los que surgen de la iniciativa del propio conductor. Y, como es de esperar, este trámite suscita desquicios, sobre todo cuando, además de clásicos (de los más variados ritmos), el público pide "La vaca cubana" y el hombre improvisa una canción de texto desopilante.

"Ver" el programa

-¿Cómo surgió la impronta para encarar este tipo de programa?

-Quizá de mi preparación, fundamentalmente la literaria, y porque traté de poner en práctica algunas habilidades musicales, narrativas y ejercer de paso un poco el surrealismo. Porque si bien crecí escuchando radio y admiré a Carrizo, Larrea, Pesoa, no los seguí. Mi vocación es la de los libros. Lo mío se nutre más en la actuación y desemboca en la radio donde todo lo sucedido es venturoso, pero no previsto y hoy al parecer es una expresión radial distinta, en la que llevo tan sólo 18 años en esta labor en el micrófono. Trabajé en la radio antes, pero en otras tareas. En la década del 70 elaboraba textos, en la mayoría de corte comercial, relatando pequeñas historias; allí conocí al "Cholo" Gómez Castañón, que también realizaba este trabajo creativo. En los 80 volví a Rivadavia como gerente de Promociones y presenté un piloto de "Demasiado tarde para lágrimas", pero no resultó factible.

-¿Y cuándo se concretó el programa en un horario nocturno?

-Tras diferentes experiencias, como "Mañanitas nocturnas", junto a Mario Mactas y Carlos Ulanovsky, en el 87 surgió "Demasiado tarde para lágrimas", y nos dieron ese horario absolutamente marginal, porque en verdad la propuesta no interesaba. Y descubrí que en la noche se escucha radio de una manera diferente, con menos premura y más paciencia. Y eso favorece a nuestra audiencia que era y sigue siendo muy joven, que no tiene problemas por acostarse tarde... Tuvimos momentos francamente memorables: jugábamos a los dados por radio, aparecía el mago oriental Washington Tacuarembó con sus sombras chinescas y el "sordo" Gancé, que se equivocaba siempre y lo echaban a patadas.

-¿Luego se incorporaron los oyentes en vivo?

-Esto fue absolutamente casual. Primero llegó uno, después otro y así se fueron sumando hasta que los directivos prohibieron su ingreso. Nosotros los escondíamos en alguna oficina, hasta que por fin pudimos institucionalizar esta situación y hoy siento que no podría hacer un programa sin público. Porque es ese público el que me fue dando permisos -nunca quise parecer presuntuoso- para animarme a concretar innovaciones: el canto, el piano...

Dolina aclara que se siente mejor compositor que intérprete pero, por modestia, no señala que en esos años el ciclo para los jóvenes era de culto, grababan los programas en cassettes y se los pasaban, unos a otros con total fanatismo.

-¿Cuántas personas se llegó a convocar como público presente?

-Tuvimos ámbitos diferentes. En el Sindicato del Seguro se ubicaban alrededor de mil personas; luego estuvimos en una sala del Paseo La Plaza y después en el teatro Alvear. En esos años hicimos un cálculo y comprobamos que reuníamos unas cien mil personas por año. Ahora, asentados en La Bodega, la ecuación es similar. Y este fenómeno se da en la misma forma en Córdoba (estuvimos en el teatro Real) y en Montevideo, Uruguay, en la sala Zitarrosa, que es desde donde transmitimos en dúplex por El Espectador y Continental. A esta altura creo que a la gente le gusta más ver el programa que escucharlo. Por eso cuando me preguntan sobre la fórmula, digo que no tengo ninguna; me gusta creer que me mantengo activo y sin contradicciones. "La venganza será terrible" es la más absoluta continuación de "Demasiado tarde para lágrimas". Ya ni recuerdo cuándo terminó uno y comenzó el otro. Y en su desarrollo no quiero dejar de mencionar a gente como Adolfo Castelo, Jorge Dorio y Elizabeth Vernaci y, por supuesto, a quienes ahora están conmigo. Como contrapartida puedo señalar con orgullo que muchos de mis grandes amigos, los conocí en la radio y no me refiero a los del medio ni a famosos. La radio establece relaciones muy especiales. Fue inolvidable lo que ocurrió con figuras como Jairo, Serrat, Mercedes Sosa, Jaime Torres, Julia Zenko, Cecilia Milone, muchos de los cuales participaron en la sección "Radiocine".

-¿Prefiere alternar, como ahora, la TV con la radio?

-Mis experiencias del 90 y 91 en TV, por ejemplo,admitieron un costado exitoso, pero no las repetiría. El formato actual ("Bar del infierno" , en la medianoche de Canal 7 ) se parece al Dolina que escribe y al que hace música más que al de la radio. La radio es un medio más barato, más noble, que permite más audacias.

Colegas y dificultades

-¿Y a quién escucha usted por radio?

-Por razones horarias no puedo escuchar mucha radio. Sólo cuando viajo. Me gusta el programa de Jorge Dubatti los domingos en Nacional, "El refugio", de Osvaldo Quiroga en Del Plata, el fútbol de Víctor Hugo Morales, Larrea, Carrizo, FM Clásica, Pepe Eliaschev en Nacional y Marcelo Arce con "El paraíso". En verdad yo extraño lo que eran, hace algunos años, Radio Nacional y Municipal, por lo que enseñaban figuras como Emilio Stevanovich, Miguel Grinberg, Kurt Phalent. Será porque siempre sentí un gran respeto por la cultura. Además la radio ha dado innovaciones que no se generaron en la TV: basta citar como ejemplo a Pergolini, Lalo Mir, Fernando Peña, entre muchos otros.

-¿Cómo sobrellevó este ciclo de características tan especiales, la crisis de los últimos años?

-No fue nada fácil. Para comenzar debo indicar que, en 2001, trabajaba en Del Plata (hacía el programa en vivo) y Continental pasaba las grabaciones, es decir competía conmigo. Estaba primero y segundo en las mediciones. Lo digo con sarcasmo, pero en ese momento fue patético. Durante todo 2002, cuando regresé a Continental, el programa lo pagué yo, con sacrificios y tratando de no dar de baja a nadie. Y en cuanto al contexto del país, debo decir que no fue sencillo. Hacíamos el programa en el mismo horario de los cacerolazos, a veces el Tortoni no abría sus puertas por temor... Pero la vida no es sólo recuperar un depósito bancario y creo que a pesar de las circunstancias, nos sentimos más unidos, con más coraje para enfrentar las mayores dificultades.

Quizá la mejor manera de comprender el universo de Dolina sea recordar las palabras de su apertura: "Atención: este programa utiliza lenguaje metafórico y melindres quevedianos. Por los tanto, se ruega a los froilanes relinchar en otros potreros. "La venganza será terrible": un ciclo admirado por los insensatos, despreciado por los mercaderes y premiado por los que nunca lo escucharon. Plagios fieles, sabiduría diminuta, ripios serviciales, sobresaltos proféticos y lustrabotismo progresista".

Alicia Petti

Por adentro
  • La producción : el equipo que trabaja con mucho espíritu de grupo está integrado por Daniel Narezo, Nicolás Tolcachier (se ocupa además de las investigaciones y las glosas del momento de reflexión), Fabiana Segovia (a cargo de todo el operativo desde la emisora), Ianina Trigo, Maica Iglesias, Maria Gabriela Romero (Soraya). La coordinación general pertenece a María Laura Franco.
  • Operación técnica : Edgardo Miravalle y Daniel Añón, dos notables profesionales, uno trabaja desde el Tortoni y el otro desde los estudios de la emisora.
  • Llamados y mails : más de 50 por día, algunos van al aire; y alrededor de 400 mails diarios.
  • Música : clásicos del folklore y del tango como Gardel, Charlo, Suma Paz, Jairo, Alfredo Zitarrosa e Imperio Argentina.
  • Informativo : a cargo de José María Squinoca.
  • Target : fundamentalmente jóvenes, pero también de todas las edades y absolutamente participativos.
  • La competencia, de 0 a 2

    Rating

  • Continental: 1,75
  • Radio Diez: 1,12
  • La Red: 0,56
  • Mitre: 0,36
  • América: 0,16
  • Fuente: IBOPE


    http://www.lanacion.com.ar/03/07/13/ds_507386.asp
    LA NACION | 13.07.2003 | Página 10 | Espectáculos

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