6 ene. 2008

Entrevista a Dolina en el Diario La Mañana de Córdoba

“La fiel audiencia es el componente más fecundo del programa”


Contento por volver a Córdoba, donde dice espera encontrar viejos amigos, el escritor y conductor proyectará el viernes en vivo junto a su equipo “La venganza será terrible”.

Quienes seguimos su voz en radio y sus palabras en los libros, sabemos que tiene la apariencia de una personalidad fuerte y modos porteños, que quizá chocan en un principio.

Sin embargo, desde el otro lado del teléfono suena tan humilde que desconcierta, negando a su vez tener un estilo porteño en su humor. Tal vez no hay que dar tantas vueltas para entenderlo, todo eso es lo que lo convierte en Alejandro Dolina.

Culminando un año de cambios (pasó de Continental a Radio 10, con todas las críticas que eso implicó), Alejandro Dolina vuelve después de algunos años a nuestra ciudad para transmitir en vivo “La venganza será terrible”, programa que ya lleva más de dos décadas al aire.

En la oportunidad estará acompañado por Gillespi y Gabriel Rolón, y el evento también será especial porque le da cierre al ciclo “Parlamento y sociedad”, organizado por los SRT.

En diálogo con LA MAÑANA, Dolina comentó que el programa este año fue muy bueno por la incorporación de dos comentaristas (Gillespi y Mactas), y que el cambio de emisora no le hizo perder público. “Yo también lo pensé, pero no sucedió”, comentó sincero.

Además, aseguró que «La venganza» no podría haber sobrevivido de no haber sido a la medianoche, ya que, según piensa, «el sol reduciría la verdadera dimensión del programa». Por último, adelantó dos proyectos: una obra teatral y un próximo libro.

- ¿Qué balance se podría hacer en este año de cambios?
- Fue un año muy bueno, pero no tanto por el cambio de emisora, -que no hizo más que incorporar riqueza técnica en realidad-, además mucha relación con las emisoras no tengo. Pero sí el programa estuvo enriquecido por la presencia de Gillespi y de Mactas que le han dado un entusiasmo nuevo. Nos han contagiado su propio entusiasmo a los que ya estábamos allí. Creo que el programa ha sido en general, y no lo digo yo sino también quienes lo escuchan están también de acuerdo, un año de mucha energía artística y mucha búsqueda de heterodoxia.

- ¿Pensaste que podría haber un cambio en el público?
- Sí, lo pensé, pero en general no sucedió. Desde luego que sí hay un pequeño aporte de cierto público que tienen todas las radios, no muy numeroso, al menos en nuestro caso. De gente que persigue la emisora por hábito, y por merced a seguir esa fidelidad nos pudo conocer a nosotros. Porque mucho en realidad nosotros no tenemos que ver con los tics creativos de la emisora.

- Parece que tu audiencia fiel te sigue a todos lados...

- Así parece ser. Ese sería el componente más fecundo del programa. Después, lo otros son curiosos que se agregan, que van y vienen. Pero hay otros que tiene el hábito, y como hay quienes siguen a Radio 10, también hay quienes siguen el programa.


La magia ocurre de noche

- ¿Creés que el programa no hubiera sido el mismo si no hubiese estado en ese horario?
- Estoy seguro que este programa no hubiera podido sostenerse en sus hábitos más intensos si hubiese cambiado de horario. Por ejemplo: en ciertos temas como ser la ausencia total de lo que se llama actualidad, los párrafos o incisos largos, todas esas no hubieran podido sostenerse en un programa al mediodía.

- Quizás el programa se disfruta de otra manera cuando se está recostado o relajado...

- Yo creo que el programa se disfruta estando presente más que nada, porque hay un componente teatral que el oyente se lo pierde o al menos lo disfruta de un modo anular. Pero también es cierto que a la noche se agrandan nuestras percepciones, a veces sobredimensionamos todo lo que oímos, cualquier relato banal nos parece un cuento fantástico, cualquier encono trivial nos parece un odio para toda la vida y cualquier pequeña atracción se nos espeja un gran amor. De manera que este programa, que no debe ser muy bueno, a la noche parece una gran cosa, y de día el sol lo reduciría a su verdadera dimensión.


Nuevas viejas ideas

- Supiste innovar en el modo de hacer radio, ¿creés que quizás no abundan las nuevas ideas en los medios de comunicación?
- No lo sé, yo no tengo el hábito de la televisión y la radio, pero algunos programas que yo escucho por casualidad me parecen que están bien. Hay un programa que se emite a la misma hora que La venganza, por Radio Mitre, que tiene también algunos ingredientes de datos históricos que, incluso, me parece mejor que el nuestro. Y desde luego están los programas de Larrea y Carrizo que siguen aportando su destreza y calidad. Desde luego que el contenido de las emisoras está dado por lo editorial, por lo que hay un contenido periodístico muy grande, tan grande que termina siendo enfático, en el sentido de que se repiten cosas tantas veces que parecen más importantes de lo que en realidad son. Porque si se transmiten 24 horas las mismas noticias, entonces algunas las vas a tener que repetir, y si a un asalto lo informás 14 veces, parece que hay una ola de asaltos cuando en realidad no es así.

- ¿Y la tele?
- No veo mucho, yo veo canal de cable y cine, pero eso no es televisión.


Porteño... hasta ahí

- Siempre se te calificó como alguien de modo y humor muy porteño, ¿hubo así mismo algún aporte del humor cordobés?
- Me gusta mucho el humor cordobés, pero igual yo no soy porteño y tampoco profeso la estética porteña del humor. Yo creo que tengo un acento y una forma de hablar que se remite a la Pampa Húmeda y no a la Ciudad de Buenos Aires. Creo que ese lugar tiene otra estética que es, en algunos casos, valiosas y en otras no tanto.

- ¿Te molesta que se te lo diga?
- No, al contrario, me parece fantástico. Yo vivo en Buenos Aires, lo elegí, pero simplemente no me veo igual a la entonación de los humoristas de la Ciudad de Buenos Aires.


Proyectos

- ¿Hay proyectos en cuanto a libros u otra cosa?
- En realidad hay dos cosas. La primera es una obra teatral que terminé el año pasado, y que todavía no estrené por problemas de salas. Es una obra que se llama «Smolensko 22», que es una dirección de Moscú, y como subtítulo tiene “Un tango en Moscú”. Es una obra teatral con música que transcurre en un departamento en la ciudad de Moscú en 1932 en medio del régimen stalinista. Aquellos departamentos eran ocupados por muchísimas personas y esto da lugar a que se parezca a un conventillo del sainete. Después de todo, esos departamentos moscovitas eran también conventillos donde se daba lugar a uniones de diversos personajes, y entreveros de historias. Pero debajo de todo eso está el tremendo régimen de Stalin y el tema central de la obra es como un enamorado, -en medio de un régimen tan duro y que tanto incide en los destinos de la gente-, es un enemigo del pueblo, es casi un traidor a la patria. Porque en un régimen tan colectivo este enamorado está preocupado por una situación individual.

Y en cuanto al libro todo está muy verde todavía, pero con suerte se va a convertir en una novela, pero recién estoy empezando a tirar tiros en la noche.


Fuente: M. Florencia Vercellone
Diario La Mañana



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