25 may. 2008

Alejandro Dolina: entrevista en Revista Gente (23/12/02)

"Tenemos una sensación de venidos a menos, y hoy ese es nuestro rasgo común"


Autodidacto y pensador, Dolina revisa la posibilidad (o no) de
construir una idea acabada de identidad nacional. Escéptico, traza algunos rasgos comunes en los que, dice, podemos identificarnos, como la sensación de derrota y el abandono de algunas cualidades éticas. Finalmente, reflexiona sobre la posibilidad de una forma argentina de amar.

Es posible concebir una identidad nacional?

-Lamento comenzar este reportaje de esta forma, pero tengo que decirle que es casi imposible redondear un concepto tan inaprehensible y mutable como ese.

-Bueno, podemos ir terminando la nota entonces…
-Sí, muchas gracias, fue un placer. (Risas). No, hablando en serio, creo que es muy difícil trazar una identidad nacional porque uno corre el riesgo de construir una frase con virtudes mediáticas y hacer de ella una descripción. En una palabra, si nos molestan los eslóganes porque son signos de pereza mental, no haríamos bien al tratar de cubrir con una frase afortunada una idea tan compleja como es la de una identidad genuina. De lo que sí podemos hablar es de algunos gestos, algunas regularidades, como diría el filósofo austríaco Karl Poper, en las que los argentinos podemos reconocer como iguales.

-¿Como cuáles?
-Por ejemplo, esta sensación de venidos a menos que hoy nos cruza a todos los que vivimos en este suelo. Eso es un rasgo común. Mire, todos los miércoles juego al fútbol en una cancha que antes era una fábrica. Todo un signo. Hace unos años, en Mar del Plata, yo estaba parado frente al Casino, ese edificio opulento y magnífico igual al del Hotel Provincial y que enfrente tiene unos negocios, sucuchos, muy patéticos que les compran a los desesperados que pierden todo. Son unos negocios muy mal puestos, con una edificación achaparrada... Era como ver dos países a ambos lados de la calle: uno con un edificio majestuoso que fue construido por gente que pensaba que nos aguardaba un destino de grandeza. Y otro donde lo importante era embocar a un tipo que hubiera perdido en la ruleta para comprarle el reloj.

-Además de cierto ánimo de derrota, ¿en qué más podemos reconocernos?
-Tal vez nuestra actitud frente al delito. En otros tiempos, la premisa "ser pobre pero honrado" era algo que se decía orgullosamente. De hecho, la honradez crecía conforme crecía la pobreza. Hoy estamos asistiendo a la disolución de ese rasgo.

-¿Cuál sería la causa?
-Porque hemos comprobado a lo largo de los años que la estafa traía mejores créditos que la honradez, y que el delito asegura un éxito y una prosperidad que la honestidad no produce.

-¿Qué hay sobre los tópicos que cierto folclore nos asigna, como la soberbia, la arrogancia, la pedantería típicas…?
-Ese pensamiento no merece la menor consideración, son comodidades que no tienen el menor sustento. Decir que todos los argentinos son soberbios es, antes que nada, una estupidez. Yo les tengo una especial prevención a esos lugares comunes.

-Otros dicen que somos melancólicos y que el tango, por ejemplo, sería una expresión que refleja nuestra personalidad amante del dolor.
-Nietzsche dice que el pueblo más admirado y más admirable, el más evolucionado y hermoso de los pueblos de la historia, el mejor, es decir, el pueblo griego, fue el que inventó la tragedia. Fue el pueblo que se creyó capaz de encontrar algo bueno en el examen de asuntos trágicos. Y, por el contrario, la debilidad consiste en rehuir lo trágico y buscar cuentos que nos consuelen o nos alegren. Quiere decir que a Nietzsche el tango le hubiera parecido la creación de un pueblo fuerte, con resto emocional y espiritual, bien parado. Yo pienso lo mismo.

-¿Cómo se puede articular entonces una idea sobre quiénes somos?
-No desde los estrechos márgenes de una nota periodística. De hecho, uno de los tantos males que nos aquejan es diagnosticar con demasiada liviandad. Y es tal vez por eso que los políticos no alcanzan a dar respuestas, porque en general se tratan de respuestas inmediatas que más tienen que ver con el título de un aviso que con el resultado de un proceso reflexivo. A lo que sí podemos intentar acercarnos, aprovechando la perspectiva histórica que no da el presente, es a una idea de quiénes fuimos.

-¿Y quiénes fuimos?
-Lo primero que aparece es un deseo de no ser lo que somos. Es un mal arranque. Y de ahí Sarmiento, de ahí Echeverría y el sueño de ser lo menos posible nosotros mismos. Es decir, la primera conciencia que los intelectuales tuvieron del país en el que vivían fue traumática.

-¿Cómo le contaría la Argentina a alguien que no tiene ni idea de su existencia?
-Le hablaría de un lugar con un extenso territorio con riquezas difíciles de acreditar, con gravísimos problemas demográficos, con gravísimos problemas de gestión, le contaría que nos cuesta mucho hacer todo. Le diría que somos venidos a menos, que muchos de nosotros fuimos preparados para vivir en un gran país y ese gran país no se realizó. Le contaría también que no siempre hemos ido cuesta abajo. Y les diría que hoy tenemos un serio problema: nuestro pensamiento simbólico.

-¿Qué significa eso exactamente?
-Tenemos una tendencia a confundir el símbolo con la cosa y esto se ve en la realidad actual como una característica patológica de la sociedad. Por ejemplo, una manifestación tiene, debe tener, un carácter extorsivo, si no, no es posible concebirla, no vamos a manifestar en una playa oficial para no molestar a los automovilistas porque entonces no es una manifestación ni sirve para nada. Bien, esos procedimientos se pierden en actitudes simbólicas. O sea: vamos a darle un abrazo al edificio de Obras Sanitarias para oponernos al aumento del agua. No extorsionamos a nadie con eso, no es un procedimiento político adecuado ni inteligente, y sin embargo nos enamoramos a tal punto que nos importa más el abrazo que lo que pasa con el agua.

-Ese es un rasgo adolescente...
-Sin ninguna duda. Irresponsable, diría.

-¿Podemos pensar que este enamoramiento simbolista es un rasgo típicamente argentino?
-No. Es un rasgo vulgar. No tenemos ni siquiera esa originalidad.

-Acaba de publicar un libro con sus radiocines, diversas operetas cuyo tema es el amor. ¿Hay una forma argentina de amar?
-Si me pusiera en refutador de leyendas, le diría inmediatamente que no, pero con un poco de fe poética sí podemos encontrar algunas regularidades que suceden aquí y no, digamos, en Londres.

-¿Por ejemplo…?
-Hasta no hace mucho, y en algunos casos hasta ayer, la actitud burguesa ante la infidelidad de la mujer era, más que la actitud de un hombre triste porque ya no lo aman, la actitud de un hombre que ha sido robado en su propiedad. Es decir, que los hombres de la clase media argentina (y de otras partes también, pero especialmente aquí) consideran a su mujer como su propiedad. Cuando alguien anda con su mujer es que le han usurpado un derecho real. Esta es una desagradable característica argentina que, le juro, no sucede tanto en otros países.

-¿Alguna otra?
-Esto se ha dicho, pero lo repito: las mujeres argentinas son de una belleza media que, le juro, supera la belleza del resto de las mujeres del mundo. Lo digo con total convicción, no es una simple compadrada fácil de enunciar.

-¿Cuánto de lo que somos tiene que ver con lo que nos pasa?
-A veces es lo que somos y otra nos acorralan. No todas son nuestra culpa: que el precio internacional de la carne se haya desplomado con respecto al año 1900 no es culpa nuestra, tenemos la culpa de no haber desarrollado fuentes alternativas de riqueza.

-¿Dormimos?
-Es probable.

-¿El país que íbamos a ser era posible y no lo fue, o nuestro sueño era pura fantasía?
-La respuesta honesta es que no lo sé, pero en cualquier caso sí hubo una cierta participación de la clase trabajadora en el ingreso, un funcionamiento de la educación y de la salud... Todo eso parecía posible y todo eso fue posible.

-Supongo que las preguntas "¿quiénes hemos sido hasta ahora? y ¿quiénes podemos ser a partir de hoy?" también le parecen imposibles de responder.
-Al menos en los estrechos márgenes de una nota periodística, pero no en otros ámbitos. Es una cuestión que necesita mucho examen, mucha inteligencia y que merece ser respondida por el bien de todos.

Alejandro Seselovsky
fotos: Gustavo Sancricca
Fuente: GENTE ONLINE

6 comentarios.:

ale dijo...

Hasta no hace mucho, y en algunos casos hasta ayer, la actitud burguesa ante la infidelidad de la mujer era, más que la actitud de un hombre triste porque ya no lo aman, la actitud de un hombre que ha sido robado en su propiedad.

Brillante. La visión propietaria y machista de las relaciones es una constante bastante mediocre en todos nosotros.

Espectacular don Dolina, como siempre.

Ignacio dijo...

Gracias por tu comentarios, es muy cierto lo que decís,y recuerdo que esta semana que pasó una oyente acusó a Dolina de machista, la verdad parece que lo escucha y lee poco.
Saludos Ale

Ignacio

Adrianófanes dijo...

Me encantan las notas que se le hacen a Dolina, ya lo he dicho...Está bueno llevarlos por otros territorios para que no redunde siempre en sus máximas preocupaciones: el amor y la muerte. De cualquier manera, el tipo se reinventa a sí mismo y hace introducir esas inquietudes en cada línea de su pensamiento sin que se pierda algo novedoso en lo que dice.

Saludos.

Náufrago Nocturno dijo...

Te felicito por el trabajo que te tomás con lo que tenga que ver con Dolina.
Te cuento que tengo un blog con Radiocines de los viejos, los que hacia el negro los viernes en vivo. Te invito a visitarlo:

http://radiocinesdelangelgris.blogspot.com/
Saludos, Osvaldo.

Nadius dijo...

Aún no lo he leído, pero por las fotos, promete mucho...
En la última parece un modelo... XDDD

-~º Nadius º~-

Anónimo dijo...

Me sorprendió el disgusto de Dolina por no aparecer en la tapa de los 50 años de la Revista Gente, ya que fue invitado y su productora "OLVIDO" ponerlo en conocimiento de la invitación. Recomiendo la pagina de Venganzas del Pasado para escuchar las razones del enojo, de su propia voz.

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