11 jun. 2008

Entrevista a Dolina en diario Crítica (11-08-2008)

Alejandro Dolina, en radio 10 y cada vez con más audiencia

“No puedo estar siempre de acuerdo con mis empleadores”

Cada noche, más de la mitad de la gente que escucha radio en la Argentina elige clavar el dial en La venganza será terrible, un clásico que convoca a multitudes con las infrecuentes armas del tango, la literatura y el pensamiento.

El hombre al que cientos de chicos y chicas van a ver de lejos cada noche está ahí, al alcance, del otro lado de la mesa, moviendo las manos, explicando cuestiones, reflexionando.

Al cabo de una hora de reportaje hasta se sentará al piano para explicar por qué eso de que Alberto Castillo nunca desafinaba es un mito. Alejandro Dolina, uno de los hombres más exitosos de la radiofonía argentina (con un lugar asegurado en La Historia, al menos según Héctor Larrea), que desde el año pasado conduce el tradicional La venganza será terrible en la frecuencia de Radio 10 (el 56% del encendido es suyo, medianoche tras medianoche, según las últimas mediciones), recibe a Crítica de la Argentina en su coqueta casa de Belgrano y sus carcajadas disparan recuerdos que cumplen veinte años.

“¿Quién es Dolina? Un verdadero incompetente”, dice cuando bromea sobre las preguntas absurdas que muchas veces le han hecho. Aunque la charla también tiene momentos sinuosos: el conflicto del Gobierno con el agro o la chatura de los medios de comunicación son temas con los que se pone serio, para no hablar de los que juraron no escucharlo nunca más por haberse pasado a la radio de Daniel Hadad.

–¿Le dolió la polémica generada por el cambio de emisora?

–Yo me hago cargo únicamente de los contenidos del programa: no puedo estar de acuerdo con mis empleadores siempre, porque entonces no podría trabajar con nadie, o con casi nadie. Puedo responder por lo que digo y sostengo en el programa, que sigue la evolución propia de un tipo que ha elegido una forma de pensar y ver la realidad con todos los riesgos que ello supone. La radio a mí me hace muy feliz, me gusta mucho encontrarme cada noche con los muchachos, especialmente el grupete que se ha formado ahora.

–Alguna vez dijo que, en la vida, uno hace siempre más o menos lo mismo. ¿Cuánto cree que cambió el programa?

–El programa cambia pero no catastróficamente, no se producen esas crispaciones de renovación que son el peor consejero para un artista; eso de repintar todo para que la gente crea que está cambiando o que ha cambiado súbitamente. Entonces se cambian el título, las cortinas, el orden de las cosas, y el programa siempre es igual. Acá no, lo que se ha ido produciendo es una modificación de nosotros mismos; hemos aprendido una cosa, desaprendido otras, renunciado a otras. El programa no es tan gracioso, es más intenso y más complejo, me parece.

–¿Sigue pensando que lo que usted hace lo hizo antes y mejor Antonio Carrizo?

–Ojalá hubiese podido hacer algo de lo que hizo Antonio (Carrizo), que ha hecho cosas que yo no podría repetir ni lunarmente. Nos parecemos en una vecindad de inquietudes y asuntos preferidos que es propia de los amigos: le gustan los libros, algunos escritores, cierta visión de la historia popular argentina, etcétera. Ahí pisamos los mismos terrenos. Él hizo una radio distinta y le añadió una preocupación por los asuntos culturales de un modo irreversible. Ahora cualquier locutor de la tarde puede referirse al Premio Nobel de Literatura o a un libro que ha salido, son cosas de todos los días ahora, pero antes de él no era así.

–Comparten cierta “atorrantez”.

–Yo creo que uno puede tener una visión casi antropológica sobre “lo atorrante” y también una visión afectiva. Pero creer que ello constituye algo que hay que aprender, que con eso se hace escuela, que eso es preferible a la universidad, es una locura. Y lo triste es que esto ha prendido en muchos intelectuales. Si un intelectual confunde lo afectivo con lo científico, está meando fuera del tiesto. Hay una vulgarización de los materiales que genera un consumo de ellos de parte de gente que está a mitad de camino entre el intelectual verdadero y el aficionado; y entonces salen algunas revistas de cultura, por ejemplo, que están hechas por los más periodistas entre los intelectuales y los más intelectuales entre los periodistas, como decía Pierre Bourdieu. Y esto genera una forma de pensamiento que no es ni una cosa ni la otra y que desmerece el tratamiento serio que merecen algunos temas. No siempre esa mezcla es rendidora. Entonces, en vez de discutirse si es mejor el librecambio o el proteccionismo, se termina discutiendo quién de cuatro tipos baila mejor.

–¿Y le parece que se le da mucha importancia a eso?

–Tinelli es estudiado con la perplejidad de pensar por qué se produce un fenómeno como ése. Ahora, hablar de Tinelli como si tuviera algún interés artístico es peligroso. Que lo vea mucha gente es exterior al fenómeno. Pero es un tema para verlo con la lupa de la antropología, no del arte.

–Eso quiere decir que mira tele; ¿también escucha radio?

–Escucho a Antonio, a veces a Larrea, y muchos programas deportivos partidarios. Me causa mucha gracia escuchar cómo la gente llama indignada ante la menor contrariedad del equipo. A veces estoy en el auto y tanteo algunos de esos programas y me río mucho. Había en televisión, usted lo habrá visto, un programa que se llamaba El aguante, que era horrible y sacralizaba el odio entre hinchas, estaba hecho no con ironía sino compartiendo esas barbaridades, ese sentir. Muchos son antes hinchas que periodistas: usan la palabra pasión, repiten eso de que el hincha verdadero sigue a su equipo a todas partes, refrendan eso de que hay que dejar la vida en la cancha. Bueno, paremos, ¿no? Esos mismos tipos, quince minutos después, se paran en la silla para señalar que la culpa es de la sociedad, que es violenta, o que es parte del folclore del fútbol; pero ¿qué es parte del folclore del fútbol? ¿Que los tipos de Deportivo Morón, si les pisás la bandera, te maten? Es una locura. Y se ve mucho en la televisión. Y si hay miles de páginas y horas de televisión dedicadas al fútbol, es muy difícil que no exista un énfasis. Eso conspira contra la verdad.

–¿Siente que se miente mucho en la televisión?

–Hay un canal de noticias que transmite 24 horas, e innecesariamente ocurre que en algún punto llega el énfasis. Si salimos mañana y hacemos notas solamente a kiosqueros asaltados, el pueblo argentino va a creer que estamos ante una epidemia de kiosqueros asaltados, y solamente porque lo hemos enfatizado. ¿Cuántos kiosqueros asaltan por día? ¿Treinta? Si los ponés a los treinta uno atrás del otro y además lo hacés muchas veces por día, que es lo que sucede, al cabo de un tiempo la gente no va a creer que haya otra cosa que kiosqueros asaltados. Y eso es una forma de mentir. La gente ni siquiera escucha lo que le explica el editorialista de TN o C5N, escucha lo que explica el tipo que pasaba por ahí. Editorializa el tipo que estaba parado en la esquina, y cualquiera transmite su pensamiento por la tele; entonces la gente empieza a pensar no como Martínez Estrada o Jauretche, sino como el tipo que estaba parado en la esquina. Los tipos parados en la esquina y los hinchas son los mentores ideológicos del pensamiento mediático actual, es así.

Gobierno-campo: “El punto central es el viejo odio al peronismo”

Después de hablar de la radio y la televisión, de Tinelli y sus danzarines, del aguante futbolero y de los canales de noticias y sus líneas editoriales, lógicamente Dolina llega hasta el persistente conflicto entre el Gobierno y el campo y por ese camino, al peronismo.

“El del campo evidentemente es un problema sobredimensionado –dice–, que ha sido superado por otro asunto, y no es tan complicado de entender. Usted lo escucha a De Angeli y se da cuenta de que es uno de los mentores del pensamiento que hay detrás. Yo no veo mal que él defienda al campo, discrepo absoluta y terminantemente con él, pero no me parece mal. Ahora, que tengamos ocho o diez intervenciones por día de De Angeli me parece peligroso. Pero eso es la noticia.

El punto central es el viejo odio al peronismo. Esto no es más que un episodio cualquiera que desata una cuestión sustantiva que se adjetiva a lo largo de la historia de distinta manera; en este caso se adjetivó con este conflicto: ‘Estoy con el campo’ pone un taxista en la luneta trasera del auto. Uno se imagina que debe ser ingeniero agrónomo, pero no, y no está con el campo.

El cartel, en realidad dice: ‘Soy antiperonista’. Y peor todavía, hay muchos tipos que se suben al reclamo del campo para reclamarle al Gobierno otras cuestiones; el tipo que salió a cacerolear o el que escribió ‘volvé, Videla’ estaban esperando que alguna especie de estallido viniera a justificar su manera de sentir. Nadie opina con inteligencia, y muchas veces la inteligencia, antes que nada atenúa el encono.”


Fuentes:
Crítica Digital
Nota: Marcelo Pavazza

Atención: a partir de las 14:00hs pueden bajar la nota de la versión escrita del diario en versión PDF.

3 comentarios.:

Anónimo dijo...

Las opiniones de D sobre el dilema del campo son previsibles porque el es oficialista. Pero no veo mal que una persona sea antiperonista, y si veo mal que siempre para denostar a un rival se le eche en cara su ateismo respecto a Peron.

Y eso de "... que tengamos ocho o diez intervenciones por día de De Angeli me parece peligroso..." me parece una huevada cosmica. A mi me parece peligroso, como dijo tambien J Lanata, que desde el estado se quiera unificar pensamientos e ideologias en donde si criticas al gobierno sos menemista o golpista. Todavia desde la lejania sigo esperando la revolucion social, las provincias unidas por ferrocarriles; las fabricas que den trabajo; la libertad de que no te violen/maten cuando salis de tu casa; un nivel educativo superior. etc.

Adrianófanes dijo...

Cuántas cosas...Comparto varios puntos de los que menciona. Respecto de su programa, es cierto que ha perido un poco de énfasis en el humor y que ahora pareciera ser un producto más centrado en otras cuestiones. Me parece que ese espacio que va cediendo el humor se da por la pérdida de la sorpresa, algo que de alguna u otra manera yo señalé en otros comentarios. Es difícil poder hallar nuevos recursos en historias que se transmiten todos los días desde hace más de veinte años. Me ha pasado de escuchar programas y saber cuál iba a ser la ironía que surgiría, también que han repetido viejas fórmulas, pero eso no lo aleja de su condición de elegido por la gente.

Dolina instaló la novedad y la sostiene, a veces con más éxitos que otras. Siento que hay días en que se le nota cierto desgano, pero es notorio su cambio de humor y predisposición cuando hace el programa los viernes, más si viaja hacia otras localidades. Como si allí mismo, en esas circunstancias, se hallara la sorpresa y la motivación de encontrar un paraíso que no se pierde pero por momentos se dispersa.

Recuerdo cuando cambió de emisora; a mí me sorprendió mucho. Pero ya la gente no habla más de eso. No creo que se haya traicionado, el programa sigue siendo el mismo, ha ganado en producción, no ha perdido su naturaleza, no se ha vendido. Y esos pocos medios de comunicación lo han señalado, sobre todo aquéllos que lo han castigado ante el cambio de radio. Pero bueno...Son las reglas de juego y es difícil manejarse en los medios, en los mismos medios donde triunfa un tipo como Tinelli que poco y nada aporta a la cultura. Pero...Digo...Son las contradicciones de toda sociedad. Es otro asunto...

Saludos.

Adrianófanes dijo...

Perdón la aclaración...Creo que la nota fue hecha el 11-06, no el 11-8, ¿verdad?

Un abrazo.

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