Gillespi
Vuelo directo del free jazz al stand up
El trompetista que también hace radio y toca con músicos de rock festeja los 10 años de su primer disco
"Te vas a hundir en el
free-jazz ", le grita Roberto
Pettinato a Gillespi. "Je, je, sí, tenés razón, nos vemos el fin de
semana, chau, sí, chau", contesta Gillespi y cierra su celular. "Parece
que no tuviera corazón, pero es genial", dice de su amigo y ex
compañero de variados proyectos musicales y televisivos. El vaticinio
de Pettinato se debe a que Marcelo Rodríguez, Gillespi, celebra esta
noche diez años de la edición de su primer álbum solista,
Ultradeforme , con un concierto en La Trastienda en el que promete adelantar algunos temas de su próximo trabajo junto a su nueva banda
deluxe
: el guitarrista Baltasar Comotto, el pianista "Patán" Vidal, el
bajista Norberto Córdoba, el baterista Javier Martínez (homónimo del
pionero del rock local) y el cantante Cabra.
El trompetista que se hizo popular con un personaje llamado Aníbal
Hugo -que hace 14 años hacía reir durante las noches de vigilia del
Mundial ´94 de fútbol, desde la pantalla de TyC- lleva editados cinco
discos para las bateas de jazz argentino, al mismo tiempo que sube a
los escenarios y graba junto a sus amigos rockeros (formó parte del
grupo Las Pelotas y acompañó a bandas como Los Piojos, Ratones
Paranoicos, Pedro Aznar, Los Natas, Charly García, Bersuit y participó
de los regresos de Sumo y Soda Stereo). Además despunta el vicio
radial, todos los días, en un programa propio en Rock & Pop (
Falso impostor, de 19 a 21, en la 95.9).
-Desde hace un tiempo existe cierto preconcepto que define al humor y al jazz como incompatibles. ¿Es tan así?
-A veces parece que fuera así, pero si uno se retrotrae al jazz fresco
de los EE.UU., la historia dice lo contrario. De hecho, Dizzy Gillespie
era un tipo muy histriónico, muy payasesco. Amstrong también. En
general había una cosa divertida en el jazz, era una música
desinhibida, en la que Charlie Parker o cualquier músico metía en los
solos motivos, cosas graciosas sacadas de otros temas, había humor.
Creo que es un poco la mano del hombre blanco la que llevó a sacralizar
el jazz. De pronto aparece Gershwin, surge Bill Evans, empieza a
mezclarse con la música clásica, se comienza a escribir en partituras,
se lleva a los teatros, ámbitos más académicos. Después estuvo el
cool jazz
, Chet Baker, y ahí pareciera que empieza a perder el humor y comienza
a ponerse solemne, tristón, intelectual, ¿no? Porque Louis Armstrong no
era un tipo muy intelectual, era algo más cercano a un simio, a un
mono, ¿no? Qué se yo, me permito relativizar ese concepto, ¿por qué
tiene que ser una misa un concierto de jazz?
-¿Vos cómo complementás la faceta de comediante y con la de músico?
-Cuando toco, toco en serio. Al principio no sabía qué hacer, si tocar la música de
Feliz domingo
en swing o cosas así, pero no me sentía bien y directamente decidí que
quería tocar en serio. Si no, me desconcentro mucho. Aunque en algún
momento agarro el micrófono y empiezo a monologar. Son como parates que
hacemos, donde los músicos se van, vuelven, se van al baño, y ahí hay
como un momento
stand up , ahí deliro bastante, hay momentos
en que la gente se ríe. Pero el público entendió el mensaje: cuando
toco música lo hago como un músico más, en serio. Lo único que trato es
de no arruinar la música haciendo bromas todo el tiempo, las dos cosas
a la vez no las puedo hacer, excepto quizás en el primer disco,
Ultradeforme
. Pero en aquella época todavía estaba buscando un rumbo y lo hice
influenciado por gente como Thomas Dolby o Frank Zappa, que habían
hecho cosas con ironía y muy bien. A mí no me salió.
De aquel iniciático álbum, Gillespi sostiene que fue "un disco
colectivo, en el que me di varios gustos. Grabé con Willy Crook y los
Funky Torinos, con Pedro Aznar, con el Mono Fontana, fue como tocar el
cielo con las manos. Era un disco de laboratorio, redeforme, con cosas
que no se pueden tocar en vivo. En ese momento fue una cosa rara para
la escena, algo distinto, un disco inclasificable... qué se yo,
viniendo de un cómico podría haber sido peor. En un momento me habían
propuesto hacer el disco de Anibal Hugo".
Sobre su nuevo álbum, asegura que lo tiene grabado en un 70 por
ciento. "Es una fotografía de este momento, de esa leve evolución que
lleva mi música, canciones que, de repente, se convierten en un disco,
pero no por obligación; si yo dejara de hacer discos nadie se daría
cuenta.
-¿No te gustaría volver a la televisión?
-Mirá, mi relación con la tele no es buena. No me termina de gustar,
no me termino de sentir bien. La tele últimamente está muy cruel, muy
destructiva, nadie sale vivo de la TV. Además, te digo dos cosas que
definen mi relación con la televisión: Por un lado, nunca me
preguntaron qué quería hacer, siempre hice lo que me pidieron. Y por el
otro, las veces que laburé, me maquillaron, me cambiaron el peinado, me
vistieron, me cambiaron la ropa... Evidentemente hay algo mío que no
les gusta, así como soy no va.
Sebastián Ramos
Para agendar
Gillespi, celebra diez años junto al jazz y adelanta temas de su próximo álbum.
La Trastienda, Balcarce 460. Esta noche, a las 21. Entradas desde $25.