24 ene. 2007

ENTREVISTA DOLINA VII

"Las mejores mujeres me rechazan olímpicamente"

¿Qué cosas modifica el éxito?

A mi me ha cambiado muchísimo la vida. Hay circunstancias artísticas que pierden eficacia si uno no las sostiene con una conducta fuera del micrófono. A veces, lo ético y lo estético marchan parejos. Algunos artistas pueden hacer lo que quieren cuando terminan con su trabajo. Otros no. Lamentablemente, yo estoy encuadrado en el segundo caso. Si fuera un vendedor de autos, lo que digo frente al micrófono perdería eficacia. No es que yo salga a la calle y sea como Maradona, pero por ahí algún tipo me saluda. La reacción con la gente modifica la vida de uno.


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Y vos, ¿disfrutás del reconocimiento?

El reconocimiento se disfruta mientras no aparezca ninguna morbosidad

¿Y qué sería una morbosidad?

Que te venga a tocar el timbre alguna señorita.

¿Te pasó?

Alguna vez. Si la señorita es fea, es una morbosidad (risas). Si es linda, es una gran noticia. La belleza de la protagonista modifica el carácter de la historia.

Un artista que es reconocido, ¿tiene la obligación de ser cariñoso con la gente que se le acerca?

No sé si cariñoso, pero sí amable. Yo he visto muchas personas que tienen una hermosa sonrisa hasta que la cámara deja de enfocarlas y después rechazan al público. Me parece que es obligatorio saludar a la gente porque uno vive de eso, ¡dejáme de embromar!

Pero algunos personajes populares se quejan cuando tienen que trabajar de figuras públicas.

Yo desconfío de los que buscan privacidad y que, cuando se levantan una mina, se la llevan a la fiesta de una revista. Si uno busca privacidad, hay maneras de hallarla, hay circuitos donde el periodismo no circula.

¿Y qué hace cuando viene una señorita y le toca el timbre?

No es fácil. Me han pasado cosas muy raras. En un hotel de Mar del Plata, se me instaló una señorita. Dijo que era mi mujer y los tipos del hotel la dejaron entrar. Afortunadamente, la descubrió primero el productor. Cuando yo llegué ya la habían desalojado. En este caso no se trataba de una hermosa señorita. Las señoritas hermosas no tienen necesidad (risas).



¿Ninguna necesidad?

No sé. Además proseguir con esta conversación me situaría en la condición de "postulante a tipo que tiene arrastre con las mujeres". Y no hay cosa que le guste menos a las mujeres que el tipo que alardea. No conviene. Me jugaría en contra. Además, para qué ponerme en vivo si de estúpido estoy fenómeno. Yo lo único que puedo decirte es que siempre me han rechazado las mujeres más hermosas del país.

¿Jugar de perdedor da más réditos?

No sé. En cualquier caso es preferible perder con las mejores mujeres que anotarse pequeños triunfos. Eso de conformarse con los triunfos pequeños es para hacerse una extensa carrera de picaflor a las cuatro de la mañana en el bar llamado "Rueda de perdedores". Yo me anoto con las mejores, las cuales me rechazan olímpicamente.

¿Siempre?

Bueno, por algún rato las mejores mujeres del país me han querido. Cuando mirás para atrás, ¿con qué clase de mujer te encontrás? Descubro el gusto por cierto tipo de mujer. Descubro que me gustan las morochas pechugonas...

¿Y qué más?

Que nunca me tomo vacaciones. Yo me aburro durante las vacaciones.

¿Por qué?

Porque me gusta tanto hacer el programa y trabajar que su falta me produce más tristeza que la alegría que pueden depararme las playas de arena blanca y el clima. Siempre estoy inclinado hacia el futuro como un arquero que vuela en busca de penales que ya están en la red. Tal vez vaya de vacaciones cuando termine mi próximo libro, arregle mi vida o no tenga que ir solo.

Pero en los últimos años no estuviste solo.

Es cierto. Pero no han sido amores tan mansos como para pensar en las vacaciones o en tener hijos, por ejemplo.

¿Tienen que ser mansos los amores para pensar en hijos?

Yo creo que sí. Pero no he conocido uno. Para mi, los amores son más profundos cuanto más tumultosos. El amor está siempre detenido sobre una inseguridad. Cuando el amor es seguro, previsible y garantizable, es quizá menos amor. Y a mí me gustan los hijos del amor, los que suceden. "Quedé embarazada, vamos a tener un hijo, celebremos". No me gusta planificar un hijo como si fuera un edificio.



Pero uno supone que la consecuencia de un amor fuerte y movilizante es un hijo.

Puede ser que yo haya sido demasiado grande. Y la otra persona demasiado joven. Uno estaba en primavera, el otro en otoño, y a lo mejor los hijos florecen en verano... Pero la verdad de la milanesa es que, cuando un amor es demasiado apasionado, uno no está pensando en el hijo que vendrá. ¿Qué querés que te diga en el momento cúlmine del amor? ¿lo llamaremos Pirulo y seremos felices para siempre? No. Yo te digo otras cosas (risas). Entre el ápice del sufrimiento y el ápice del goce, no hay tiempo para pensar en que colegio lo vamos a anotar.

Para vos, ¿cuánto dura el amor?

Los grandes amores duran una semana o algunos años, pero nunca ocho meses. Ocho meses es la duración de un amor estúpido. Un amor que no tiene ni el encanto de la fugacidad: "Te conocí pasando por Niza, vivimos un romance de tres días y nunca te olvidé". Ni el encanto de la pertinacia. "Fueron tres maravillosos años o una vida". El amor de ocho meses es una porquería.

¿Y no será una gran pasión?

Si. Pero no tan grande porque a los ocho meses ya se te pasó. Es una calentura burguesa. Una calentura de tipos que no son capaces de encender grandes fuegos. Es un fueguito de pequeñas personas. Cuando me echan a los ocho meses yo digo: "Caramba, ¡debo ser una porquería!" Te lo digo hoy que cumplimos ocho meses (risas).

Pero las relaciones siempre tienen un tiempo de impasse, incluso las fuertes.

Un tiempo suplementario. Hay amores que no se deciden a terminar y no son otra cosa que un largo tiempo suplementario. Viven años de idas, venidas, dudas, acomodamientos, esperanzas, reconciliaciones... Pero, en todo caso, lo peor que puede suceder a un gran amor es que no termine al mismo tiempo para las dos personas. Sería fabuloso, pero no sucede así. Siempre hay alguien que sufre y otro que juega el papel de malo. Las dos cosas son espantosas. Pero peor todavía es vivir las dos situaciones al mismo tiempo. Imaginá este escenario: un hombre abandona a una dama que lo sigue amando porque se ha enamorado de otra dama que lo abandona. Este hombre está sometido a las dos peores tragedias del amor.

¿Por qué suceden estos amores?

No sé porque suceden. Hay incendios que se apagan demasiado pronto. A veces no hay que apurarse a terminar con un amor, porque uno corre el riesgo de prolongar el tiempo suplementario. Cuando uno termina con un amor antes de tiempo, después siente ganas de volver, y vuelve quinientas veces. Pero aquí no se agota el panorama. También hay gente que jamás siente que los que han pasado por su vida se han ido del todo. En mi vida ha habido mujeres tan extraordinarias que, aún desaparecido el amor, uno siente que no tiene derecho a perder un ser querido. Después de todo no puede ser que el miércoles te estés revolcando con una persona, jurando amor eterno, y que el viernes sea un extraño en tu vida.
Reportaje de Clarín - Martes 20 de Abril de 1999 - Suplemento Mujer

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