24 ene. 2007

ENTREVISTA DOLINA XI

"EL AMOR Y LA MUERTE SON DOS MUSAS MUY IMPORTANTES"

Desde aquellas páginas de la revista Humor Registrado en las que un joven cronista daba cuenta de los avatares de la identidad porteña de los años ’70, hasta este Bar del Infierno en el que un renombrado escritor relata historias maravillosas entre la filosofía taoísta y el conocimiento sensible y callejero, Alejandro Dolina ha cosechado laureles y seguidores como para reclamar un lugar entre las personalidades más importantes de la cultura nacional.

Seguir Leyendo...




Razones numéricas no le faltan: sus libros han sido todos verdaderos best sellers: la edición de Colihue de Crónicas del Ángel Gris, por ejemplo, lleva vendidos más de 100 mil ejemplares.

La popularidad de su programa de radio, La venganza será terrible, puede medirse, por caso, en la cantidad de modalidades del habla que ha impuesto en el lenguaje cotidiano de los argentinos: si se dice en cualquier reunión social “cosechamos el beso que crece en la penumbra” se estará compartiendo un código inconfundible.

¿Le faltan razones estrictamente literarias? Algunos piensan que sí, que el autor de Crónicas del Ángel Gris es un escritor marginal cuya presencia en las listas de los más vendidos es sólo un correlato inevitable de su popularidad. Daniel Divinsky, dueño de Ediciones de la Flor, sorprendió, en la última Feria del Libro porteña, anotándose en este grupo al incluir a Dolina entre los “escritores mediáticos” que están determinando la agenda de los grandes sellos.

En conversación telefónica con La Voz del Interior, Dolina salió al cruce de estas declaraciones y dijo que “por lo general hay muchos que hablan sin haberlo leído, como es el caso de nuestro amigo Divinsky, que se encargó de decir que yo era un escritor mediático y después en una especie de disculpas dijo que jamás había leído nada que yo hubiera escrito. Argentina está llena de personas cuya mezquindad intelectual los conduce a despreciar lo que no conocen”.

Entonces, ¿centro o periferia?: “Yo no tengo nada que decir sobre lo que escribo –dice el autor–. No me ubico en ningún lugar, dejo que mis libros me ubiquen, y el que lea el libro sabrá, si tiene inteligencia, dónde tiene que ubicarme”.

La condena

–¿Cómo surgió “Bar del Infierno”?

–Y... ¡vaya uno a saber cómo surgen estas cosas! En realidad, los libros no reconocen un momento fundador, son más bien producto de vivencias, de lecturas anteriores, de proyectos fallados. En este caso importó mucho el programa de televisión que se llamaba Bar del Infierno, que se emitía por Canal 7, duraba apenas siete minutos, y contenía la anécdota central del libro, es decir, la de un narrador condenado a contar cada medianoche un cuento en un bar del cual es imposible salir.

–¿Tiene este libro alguna relación con “La venganza será terrible”?

–No. El programa de radio no se relaciona casi en absoluto con las cosas que yo escribo, o que compongo. Yo diría que más bien los procedimientos y hasta mi propia actitud mental son muy diferentes en la radio y en el ejercicio de la narrativa o de la música. La radio es más liviana, más automática, prácticamente me dejo llevar por impulsos. Además, es colectiva, puesto que estamos allí tres personas y nos vamos influyendo los unos a los otros. Y está el público, que influye de algún modo, que condiciona... En cambio, cuando uno escribe está absolutamente solo.

–Sin embargo, hay una analogía entre tu rol en el programa y el personaje narrador de “Bar del Infierno”, condenado a contar una historia todas las medianoches...

–Sí, no se me había ocurrido pero es verdad. Coincide la medianoche y el tipo que está obligado acaso por relaciones contractuales a contar alguna historia.

–¿Es tu libro más triste?

–Creo que sí. Es el más triste de todos. Es un libro aparentemente pesimista, lo que no quiere decir que sea un libro negro. Me parece que hay muchos rencores que son hasta divertidos, en la medida en que una cosa triste puede ser graciosa o cínica. Creo, sí, que es el menos optimista de todos. Casi me atrevería a decir, si no pareciera una petulancia, que este libro ejerce cierto revisionismo sobre los anteriores. Este libro parece no creer en los anteriores.

Filosofía y barrio

–Un punto en común entre tus libros es el movimiento entre lo sublime y lo cotidiano…

–Es verdad. Están muchachos de Villa Urquiza codeándose con asuntos del antiguo taoísmo. Es un punto en común con los libros anteriores, que sirve en algún punto para pedir disculpas por las demasiadas solemnidades. Me parece que es como un gesto de exorcismo: cuando uno se está poniendo demasiado académico, demasiado pretencioso, ahí sale el asunto cotidiano, las cosas de la casa, las preocupaciones mínimas de la vida diaria, para que el filósofo en pantuflas descienda un poco del tejado.

–Y esta vez el filósofo en pantuflas se ha casi obsesionado con la mitología china. ¿Por qué?

–El libro tiene un propósito: el de efectuar una ponencia conforme a la cual no vale mucho la pena hacer nada y todos los destinos son más o menos parecidos. Se parece a las enseñanzas de los maestros de la escuela de Loyang, que aparecen en uno de los cuentos del libro. Allí se dice que por mucho que uno haga, desde arriba, desde muy arriba, desde el mundo de los dioses, los destinos humanos se ven todos iguales. Así, lo que juzgamos como nuestros enormes dramas no son en el concierto del teatro de las estrellas y del cosmos, sino pequeñas casualidades. Para decir eso, para mejor vehiculizar esas ideas, tan amargas, después de todo, porque son casi la liquidación de la personalidad, empecé a leer algunas cosas del Tao y algunas cosas de la historia china. Sumadas a entusiasmos anteriores y que siempre existieron en mí, estas cosas dieron como resultado casi una invasión china en el libro. Hay tantos chinos como porteños.

El método y todo lo demás

–¿Tenés alguna técnica para escribir?

–Sí, hay muchos procedimientos que uno va perfilando a través de los años, que más que nada tienen que ver con la búsqueda de un libro. Cuando uno comienza a escribir no sabe si va a encontrar un libro. Es muy raro que se tengan las cosas tan claras como para comenzar sabiendo exactamente el libro que se propone, salvo que uno escriba un panfleto. Todos hemos desarrollado algunas técnicas para ir buscando el libro que queremos, que yo creo que no sabemos cuál es realmente.

–¿Cómo es esa búsqueda?

–Podría resumirse así: debe uno empezar a trabajar, incluso con elementos mediocres, para ver hacia dónde nos lleva la propia fantasía. Si nosotros esperamos una idea genial que nos venga a golpear la puerta en medio de la noche podríamos pasar años esperando. Podemos trabajar con temas en los que no creemos mucho, ir desarrollando una prosa, una inventiva, casi dejando que la fantasía supere al profesionalismo y en una de esas vamos a encontrar algo. Todo ese desarrollo, meditar, fantasear y también leer, lleva una buena parte del libro, y es nada menos que el período anterior a la certeza de que el libro es viable. Porque antes de que aparezca verdaderamente un motorcito, un empujón, algo que tire de nuestros esfuerzos, ni siquiera sabemos si el libro va a ser posible.

–Como dijo Pablo Picasso, “las musas existen, pero deben encontrarte trabajando”…

–Exactamente. Y yo creo que sí, que las musas existen. Existe desde luego el trabajo propio, pero algunas cosas las recibe el artista desde afuera. Desde luego, recibe lo que copia, lo que lee, recibe la influencia de otros escritores y de otros pensadores, pero también recibe impulsos extraños que no vienen de adentro, voces extrañas que le soplan en el oído cosas que tienen que ver incluso con el amor y con la muerte. El amor y la muerte son dos musas muy potentes. Si no estuviéramos obsesionados por el amor, y si no fuéramos mortales, difícilmente escribiríamos.

Fuente: La voz del interior, 14 de agosto de 2005

0 comentarios.:

Publicar un comentario

Gracias por dejar tu comentario!!!
Lo responderé a la mayor brevedad posible!!!!!

ir arriba