24 ene. 2007

ENTREVISTA DOLINA VIII

Alejandro Dolina

Un filósofo errante que aseguró que su vida está encaminada hacia la mujer y hacia el amor. Las mujeres que amé y que he tenido la suerte de que me amaran, o de creer que me amaran, ha sido lo más importante que me ocurrió en la vida. Confesiones de un experimentado seductor que sitúa su pasión por el arte y el conocimiento en un lejano segundo lugar luego de la belleza psicofísica que revelan ciertas muchachas.

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¿Las mujeres guardan secretos o simplemente se hacen las misteriosas?

Yo no creo que exista una homogeneidad en el género femenino. Me imagino a la mujer actuando de manera unívoca. Según Oscar Wilde la mayoría de las mujeres eran esfinges sin secretos. Es decir que adoptaban una actitud misteriosa, pero en realidad todo se reducía a una apariencia. Yo me limito a citar a Wilde, pero en cualquier caso urgido a contestar, diría que he visto otras cualidades con mas frecuencia en la mujer. De hecho, en el amor, este ejercicio de la reserva, se ve rara vez. En general, las personas todas y las mujeres entre ellas tienden a despejar rápidamente cualquier incógnita. El mundo actual no tiene paciencia para la reserva y para el misterio, exige rápidamente respuestas.

¿Estos misterios eran utilizados para seducir?

Podría serlo en otra época, pero hoy, hay una tendencia universal a la publicación de los sentimientos más íntimos. Lo que antes era un secreto y no se confiaba ni siquiera a su diario íntimo, ahora es pasto de los medios de comunicación. La gente no tiene vergüenza de ir a un programa de televisión a confesar sucesos de naturaleza tan íntima. Aquel carácter inexpugnable que tenía el alma de la mujer ha desaparecido. Yo recuerdo que en mis primeras experiencias con la mujer me produjeron una enorme intriga. Eran otros tiempos. Yo tenía mucha curiosidad acerca de lo que pensaba de mí esta o aquella chica, con quién soñaría en su cuarto, a quién nombraría secretamente en las noches. Ahora eso ya no es secreto. Yo no digo que esto sea mejor o peor, digo que ya no está entre nuestras costumbres el ocultar demasiado ciertas cuestiones de naturaleza íntima.

¿En este momento cuáles serían las armas de seducción de las mujeres?

Son armas ostensibles. Ya no son armas de guerra fría sino de batalla frontal. En general, son la belleza y la audacia. Con los años, ciertas armas empiezan a mellarse. La espada de la belleza hace menos daño y se empiezan a buscar nuevas armas que, sin duda, son menos eficaces. Yo creo que en esta época, las batallas de amor son muy frontales, cruentas y terribles. Te dejan herido sin el menor escrúpulo. No queda ni siquiera ese código de honor de la caballería, los muertos ruedan por el suelo, y las huestes bisoñas van desalojando el campo de batalla aquellos veteranos gloriosos.




¿Se muere de amor?

Yo no sé si se muere de amor pero sí se experimentan sensaciones que son parecidas a ella. Lo contrario de la muerte no es la vida sino el amor. No hay momento que uno se sienta más lejos de la muerte que en el momento cúlmine del acto amoroso. Allí uno es inmortal, por ese ratito uno es inmortal.

¿Por qué las mujeres a veces mienten en ese momento?

Porque el fracaso del hombre es más evidente y, además, es contagioso.

¿Qué pasa con la infidelidad femenina?

Ahora es más frecuente la infidelidad femenina simplemente porque... simplemente no, complejamente porque hay una serie de factores concurrentes. El primero es un relativismo moral según el cual nada está del todo bien ni del todo mal. En la década del '30, la esposa infiel era un asunto de muerte. Hoy en día no, son cosas que suceden. Pero también todos nos hemos hecho cargo de que el amor termina, a pesar de que algunas instituciones estén construidas como si el amor fuera eterno. Sucede muy frecuentemente que el amor termina, que es el objeto de nuestro amor y deseo varía, sin embargo, se vive en una sociedad que todavía está estructurada pensando en amores eternos, entonces, veremos mujeres casadas con hombres a los que ya no aman. Considero que está mal la mentira y el daño gratuito, pero no el incumplimiento de promesas porque uno no puede prometer a nadie que lo va a amar al día siguiente. En la naturaleza misma del amor está el no poder ser garantizado.

¿Cómo entendían las mujeres el amor?

Creían que el amor era elegir un hombre para toda la vida. No nos olvidemos que estaba teñida la idea del amor con la idea de bienestar, seguridad, hijos, familia. Hoy en día, la idea del amor es más amplia y la idea del matrimonio es más débil. Entonces, habiendo otras puertas amorosas que no conducen al matrimonio, es natural que el modo de pensar de la mujer al respecto haya variado muchísimo.

¿La mujer busca igualar al hombre?

No, no es así. Yo creo que la mujer tiene su propio mundo a desarrollar, en el que los halgos, gustos y placeres son esencialmente diferentes a los del varón. Para no hablar de las diferencias estrictamente físicas, ante un hijo, la mujer reacciona de una manera y el hombre de otra. Por ese motivo, el pensar que la mujer se va a realizar cuando consiga hacer aquello que hace el hombre me parece una pobre idea de la femineidad. Lo que sí creo es que ciertamente el hombre ha recibido algunos privilegios jurídicos, laborales y económicos que ya sería tiempo que desaparecieran. Quiero señalar que hubo épocas en las que hubiera sido inconcebible la mera descripción de nuestra sociedad patriarcal. La Europa anterior a las invasiones arias era una Europa matriarcal. Las mujeres dominaban, imponían la ley. El papel del hombre estaba reducido a los actos indispensables para la reproducción. Incluso la religión tenía imagen femenina, la adoración de la Luna y de la triple diosa madre-doncella-bruja.

¿Qué lugar ocupan los movimientos feministas?

Son una reacción de rebeldía exagerada porque sólo dicen que la mujer es capaz de ser tan inteligente como el hombre sino que llegan a decir que la mujer es más inteligente que el hombre. Por tanto, ejercen lo mismo que combaten.

¿Se llegará a un momento de equilibrio de poder?

No lo creo. Los maniqueos decían que lo que le daba movimiento a la historia era la lucha, y para que exista la lucha, tiene que haber alguien que permanezca sobre el otro. Así, el equilibrio podría llegar a señalar el fin de los tiempos. La vida es desequilibrio.
Textos: Alejandra Davidziuk.

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